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España
Los padres de Gabriel acompañan al féretro a su entrada a la catedral de Almería Agencias
El pequeño Gabriel no necesita nuestra plegaria. Dios ya lo habrá acogido en sus brazos, como acogía a los niños que se acercaban a él, pero sus padres sí lo necesitan, y todos necesitamos orar, unos por los otros

(Jesús Bastante).- Mucho dolor, muchas lágrimas. Y, en mitad de todo, un pueblo unido, y una esperanza. Que la muerte de Gabriel no haya sido en vano. Durante los últimos 12 días, toda España ha estado volcada en la búsqueda del pequeño 'pescadito'. Toda Almería, también, ha querido acompañar a la familia en su último adiós, en un funeral celebrado en la catedral.

La plaza de la Encarnación, abarrotada. Tanto es así, que el Ayuntamiento tuvo que habilitar varias pantallas gigantes para que se pudiera seguir la ceremonia, presidida por el obispo, Adolfo González Montes, y a la que han asistido, entre otras autoridades, la vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría; el ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido; o la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. También, otros 'padres coraje', como Juan José Cortés, quien hace unos años perdió a la pequeña MariLuz y que, como ahora Patricia y Ángel, han dado una lección de humanidad y ciudadanía.

Nadie, nunca, debería enterrar a sus hijos. No es la ley natural. Y, sin embargo, sucede. Demasiado a menudo. Comenzó la ceremonia con la acogida del pequeño féretro blanco, que se colocó frente al altar, junto a una imagen del pequeño, que dio la vuelta al mundo. En sus primeras palabras, González Montes reconoció la "angustia indecible" que ha vivido toda la familia, y la sociedad almeriense. "Por ello debemos recurrir a la oración".

 

 

"El pequeño Gabriel no necesita nuestra plegaria. Dios ya lo habrá acogido en sus brazos, como acogía a los niños que se acercaban a él, pero sus padres sí lo necesitan, y todos necesitamos orar, unos por los otros". Los padres, junto al féretro, abrazados, lloraban desconsolados.

Ya en la homilía, y tras escuchar el Evangelio en el que Jesús pide a los apóstoles que dejen que los niños se acerquen a él, el prelado denunció "esta muerte sin sentido", que "pone al descubierto la situación enferma del corazón humano, la miseria de nuestra condición pecadora". "El pecado habita en el corazón del hombre, aunque nos resistimos a aceptarlo con humildad", recalcó González Montes, quien advirtió que "el pecado puede vencernos en cualquier momento".

"En la desolación y la importancia de esta muerte cruel, debe reafirmarse nuestra condición de creyentes", clamó el obispo de Almería, quien añadió que, pese al dolor, "Dios nos acompaña siempre".

 

 

"Es Dios quien nos elige a nosotros, y Jesús elige a los niños, porque están llamados a acoger con fe lo que les transmite", añadió el prelado, quien incidió en que "Gabriel no tuvo tiempo de que su corazón se pervirtiera de la maldad que alcanza el corazón de los adultos, y la muerte violenta que ha padecido le acerca a Jesús de manera muy especial, pues lo identifica con la muerte que sufrió Jesús".

"Gabriel llevaba el nombre del ángel que anunció el nacimiento de Jesús, amó a Jesús", explicó el obispo, quien se mostró convencido de que "este niño alegre y bonito, sonriente, que a todos nos ha cautivado, ha emprendido el camino hacia Jesús resucitado", y allí "participará del amor definitivo y la felicidad que nunca acaba, de aquellos que bien la vida de Dios, los ángeles y los santos. Y con ellos acompañará a sus padres".

"Que la sociedades se tornen más humanas y capaces de recibir el mensaje del Evangelio, a salvo de una violencia injusta ejercida contra los niños en todo el mundo, expresión de tantos corazones enfermos en nuestro mundo", culminó González Montes.