• Director: José Manuel Vidal
España
Cuadro de la pasión de Cristo
Las procesiones y demás eventos 'semanasanteros' constituyen una plataforma de visibilización religiosa y de acercamiento de la institución al pueblo

(José M. Vidal).- Mientras los templos españoles se vacían o solo se pueblan de cabezas blancas, unos tres millones de cofrades engrosan las filas de las 10.000 cofradías y hermandades de toda España. La Semana Santa se ha convertido en el último vivero religioso de un país cada vez más secularizado e indiferente a la fe. La religión resiste entre cofrades, hermanos, penitentes y encapuchados. Un universo que atrae incluso a los más jóvenes.

Además, en un país donde la Iglesia jerárquica sigue gozando de escasa credibilidad social y mala imagen pública, las procesiones y demás eventos 'semanasanteros' constituyen una plataforma de visibilización religiosa y de acercamiento de la institución al pueblo. La última reserva católica que, en estas fechas, exhibe su fe en público, con el orgullo del creyente y sin avergonzarse de sus creencias.

Cada año cuando llega la Semana Santa aparece el mismo debate: ¿Es España todavía un país católico? Dejando de lado la aconfesionalidad del Estado, los españoles son creyentes. Así lo demuestran los diversos estudios del Instituto Nacional de Estadística, según los cuáles, el 70% de la población se sigue considerando creyente.

El catolicismo es, sin lugar a duda, la religión predominante, pero otra cosa muy diferente es la práctica religiosa. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas, los católicos practicantes llevan años descendiendo en nuestro país. En el año 2000, el 63% de la población española aseguraba ser católico no practicante y un 21% practicante. Según su último estudio, que data de 2017, sólo un 12% de los españoles asegura ser practicante, aunque ni siquiera el 10% de ellos va a la iglesia semanalmente, como obliga el precepto de "oír misa entera los domingos y fiestas de guardar".

La edad, el sexo y, sobre todo, el nivel educativo son factores que guardan una relción directa con la religiosidad. Si entre los mayores de 65 años el porcentaje de creyentes es del 52,8%, esta cifra desciende a solo uno de cada cuatro en la franja que va de los 16 a los 25 años, y al 27,6% entre los que tienen 26 y 35 años. Por sexo, la religiosidad también es ocho puntos mayor entre las mujeres que entre los hombres (40,9% frente a 32,9%). Atendiendo al nivel educativo, el porcentaje de creyentes es prácticamente el doble entre las personas sin estudios que entre las que tienen estudios superiores.

Con muchos católicos culturales y cada vez menos católicos practicantes, ¿ha perdido la Semana Santa su sentido religioso? No parece. En estas fechas, las calles de pueblos y ciudades de todo el país se llenan de cientos de miles de personas, que se conmueven ante la representación de los distintos pasos de la pasión de Cristo.

Una cuarta parte de los españoles, según estimaciones sociológicas, participan o asisten a los desfiles procesionales de Semana Santa, expresión popular de fervor religioso en un país que, paradójicamente, dice ser cada día menos devoto y más laico.

A ese 25,9% de españoles fieles a las procesiones se suma el 31,8% que lo hace sólo en alguna ocasión. El 42% restante nunca, según el estudio 'La situación de la religión en España a principios del siglo XXI', de los sociólogos Alfonso Pérez-Agote y José A. Santiago García, editado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Es evidente que la Iglesia católica ha perdido muchas de sus ínfulas de antaño, pero también lo es que nadie tiene en España ese poder de convocatoria. Las calles de ciudades y pueblos de España celebran la Semana Santa con una mezcla de tradición y religiosidad que atrae al turismo nacional e internacional con sus emotivas y espectaculares procesiones, Vía Crucis, tamborradas y "pasiones vivientes". Y nada menos que 25 semanas santas están declaradas de interés turístico internacional. La Semana Santa florece de nuevo. Y la Iglesia católica, si se sube definitivamente al carro de Francisco y recupera la religiosidad popular, puede florecer también con ella.