• Director: José Manuel Vidal
España
José Manuel Vidal
Ni una sola alusión a la corrupción o al tema catalán o a los inmigrantes que se siguen ahogando en el Mediterráneo. Ni una sola mención de apoyo a Open Arms, cuyo barco está detenido en Italia por salvar vidas de emigrantes

(José Manuel Vidal).- Discurso romo, chato y autorreferencial, centrado en temas eclesiales internos y sin la más mínima mención a las penas y las alegrías de la gente de hoy. Así fue de desencarnado y fuera de la realidad el discurso inaugural de la Plenaria de los obispos, que pronunció su presidente, el siempre amable Ricardo Blázquez. Un discurso para ahondar el abismo que separa a la jerarquía católica de la sociedad.

Los mensajes eclesiásticos apenas tiene repercusión en los medios. Pero sigue habiendo un actor eclesial, la CEE, que siempre que convoca reúne en torno a 30 profesionales de la prensa, radio y televisión. Un caudal de eventual repercusión muy desaprovechado.

Desde Añastro, se convoca poco y, cuando se hace, parece que los obispos no tienen nada que decir a la sociedad. Quizás olvidan, porque saberlo lo saben, que lo que no sale en los medios no existe.

Ejemplo práctico, el de hoy mismo. Los obispos se reúnen dos veces al año en sesión Plenaria. Los periodistas estamos invitados a la inauguración de la asamblea con el discurso inaugural del presidente de turno del organismo.

Hoy estábamos en Añastro unos 30 periodistas de medios no solo especializados sino también generalistas. Todos deseosos de poder contar a nuestros lectores lo que la Iglesia tiene que decirles. Pues no nos hemos comido un colín. Ni una sola mención y ni un solo titular en un discurso centrado exclusivamente en temas intraeclesiales.

 

 

Vean si no: Recuerdo al recién fallecido ex presidente de la CEE, Elias Yanes; agradecimiento al Papa por su nueva exhortación; el tema de los jóvenes y su alejamiento de la Iglesia; el próximo Sínodo de los obispos y, por último, la renovación de las Conferencias episcopales promovida por Roma.

Ni una sola alusión a la corrupción o al tema catalán o a los inmigrantes que se siguen ahogando en el Mediterráneo. Ni una sola mención de apoyo a Open Arms, cuyo barco está detenido en Italia por salvar vidas de emigrantes en el cementerio del Mare Nostrum. Nada sobre las pensiones. Ni una palabra sobre la sanidad o educación. Ni una sílaba pidiendo la paz para Siria.

¿Quien decide la política mediática del discurso de la Plenaria? El presidente de turno. Por eso, Rouco siempre aprovechaba para lanzar mensajes a la sociedad y, aunque muchas veces eran de confrontación y cosechaban rechazo, salían y rompían el techo de cristal de los medios.

Blázquez tiene su propio estilo, mucho más suave y dialogante y, por lo tanto, mucho menos presidencialista y mucho más colegial.

Al menos en teoría, porque en la práctica, él se lo sigue guisando y comiendo solo. Y quizás por no molestar o por no llamar la atención, no aprovecha para dirigirse a la sociedad sino a la propia Iglesia. Con mensajes de puro consumo interno, que interesan algo a los católicos pero muy poco a la sociedad en general.

Y lo peor es que todo esto se hace sin pensarlo, porque siempre se hizo así, sin estrategia comunicativa alguna.

La consecuencia es evidente: La Iglesia solo sale en los medios para lo malo, no marca agenda y ni siquiera intenta predicar su mensaje a la gente. Y eso que hoy todavía puede. Como siga así, dentro de poco los medios le darán la espalda y la institución se dedicará a pescar en pecera y será cada vez más irrelevante.

Eso es poner la luz debajo del celemín. Algo contrario al Evangelio y a la misión. ¿Alguien pedirá cuentas? ¿Alguien hará entender a los obispos que la Iglesia ha nacido para comunicar-evangelizar? Y si ellos callan, hablarán las piedras.

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