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España
José María Gil Tamayo
. Su presencia, durante el cónclave, como uno de los miembros de la 'Santísima Trinidad', junto a Federico Lombardi y Thomas Rosika, lo catapultó como uno de los 'gatekeepers' de la comunicación religiosa

(Jesús Bastante).- Hasta la llegada de Francisco, era un perfecto desconocido en la sociedad española. Su presencia, durante el cónclave, como uno de los miembros de la 'Santísima Trinidad', junto a Federico Lombardi y Thomas Rosika, lo catapultó como uno de los 'gatekeepers' de la comunicación religiosa. Poco después, fue nombrado secretario general y portavoz de la CEE. Ahora, José María Gil Tamayo está a punto de ser nombrado obispo de Ávila.

Según ha podido confirmar RD, en los próximos días -seguramente antes de San Isidro-, la Nunciatura Apostólica hará oficial el nombramiento de Gil Tamayo como obispo de la sede de Santa Teresa, sustituyendo a Jesús García Burillo. La cercanía de Ávila a Madrid permitiría que el nuevo prelado pudiera ser reelegido, el próximo mes de noviembre, como portavoz de los obispos españoles.

Nacido en Zalamea de la Serena (Badajoz) en 1957, José María Gil Tamayo se ordenó sacerdote en 1980. Miembro de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, es periodista, y durante 13 años fue director del Secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación, y hasta 2016 consultor del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales.

Su llegada a la Secretaría General, el 20 de noviembre de 2013, fue el primer 'gesto' de los obispos españoles a la 'primavera' del Papa Francisco. A lo largo de estos cinco años, la labor de Gil Tamayo no ha estado exenta de complicaciones. En la Casa de la Iglesia, es un hombre apreciado y no son pocos los que piensan que "ya tocaba" que Gil Tamayo accediera a la mitra.

Incluso, aseguran, que su nombramiento le servirá para poder "tomar tierra" en una diócesis, después de cinco años de trabajo intenso en el interior de una institución "muy complicada", como es la Conferencia Episcopal, aseguran algunos 'fontaneros' de Añastro, en la que no ha existido un mando firme, como en tiempos de Rouco Varela, sino una presidencia colegiada (Blázquez, Cañizares, Osoro y Omella, los cuatro cardenales), con algunas diferencias de tono.