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Los obispos apelan a los mandamientos para rechazar la eutanasia
Los obispos apelan a los mandamientos para rechazar la eutanasia
Vives apela al «mandamiento 'no matarás', que se encuentra en el fundamento de toda ética verdaderamente humana y en la tradición cristiana»

El arzobispo de Urgell y copríncipe de Andorra, Joan-Enric Vives, y los obispos de Terrassa, José Ángel Saiz, y de Vic, Romà Casanova, apelan en sus glosas dominicales de hoy al mandamiento del 'no matarás' para rechazar el proyecto de ley para despenalizar la eutanasia y el suicidio asistido en España.

Tras recordar que todos los obispos de Cataluña han expresado su "preocupación" por la iniciativa legislativa para debatir en el Congreso esta despenalización, Vives subraya que la Iglesia defiende la mitigación del dolor y el sufrimiento mediante cuidados paliativos y el acompañamiento a los enfermos.

Vives denuncia "la distorsión con que son tratados a menudo estos temas de la enfermedad grave, la finalización de la vida y el acompañamiento de la muerte, que son tan importantes para las personas, las familias y toda la sociedad" y apela al "mandamiento 'no matarás', que se encuentra en el fundamento de toda ética verdaderamente humana y en la tradición cristiana".

Para el arzobispo, "la eutanasia y el suicidio asistido son presentados hoy por algunos como respuestas viables y aceptables al problema del dolor y del sufrimiento" porque "no queremos sufrir".

"La eutanasia en sentido verdadero y propio se debe entender como una acción u omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor, y la Iglesia siempre ha considerado la eutanasia como un mal moral y un atentado a la dignidad de la persona, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana", aboga Vives.

Según el arzobispo, "nadie es dueño absoluto de la vida. No existe un derecho a disponer arbitrariamente de la propia vida. Las decisiones terapéuticas tienen su raíz en los conocimientos de la medicina basada en la evidencia y buscan curar".

Vives también recuerda que "el juramento hipocrático afirma: 'no daré ninguna droga letal a nadie, aunque me la pidan, ni sugeriré un uso como este'".

Bajo el título de "Id mar adentro", en alusión a la película sobre el caso de Ramon Sampedro, el obispo de Terrassa resalta "el valor incomparable de la vida humana" y denuncia "la existencia de una cultura de la muerte".

"El derecho a la vida y el respeto a la persona son valores que la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 propone como fundamento para la convivencia", argumenta Saiz, que cree que "sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término. Nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente".

Saiz afirma que "se va produciendo en nuestras sociedades más avanzadas un eclipse del valor de la vida, se difunde una cultura de la muerte".

"Se trata de una mentalidad, de una manera de ver el ser humano y el mundo que, desde unos criterios pragmáticos y utilitaristas, termina fomentando la destrucción de la vida humana más débil e inocente", aduce el obispo egarense.

Saiz califica los abortos y la eutanasia como "atentados contra la vida del no nacido y contra la vida del enfermo terminal".

"En relación con los enfermos incurables o terminales, nuestra sociedad no puede resolver el problema del sufrimiento anticipando la muerte y provocándola en el momento que se considera más oportuno", opina.

Según Saiz, las causas que originan esta "cultura de la muerte" son "la crisis cultural; una interpretación puramente subjetiva de la libertad; y el eclipse del sentido del hombre y de Dios".

Por su parte, el obispo de Vic, en una glosa titulada "Hoy toca escoger entre la vida y la muerte", opina que la iniciativa legislativa surgida del Parlament de Catalunya para despenalizar la eutanasia "va claramente contra el mandamiento de no matarás" y argumenta que "la eutanasia es ajena al ejercicio propio de la medicina y el cuidado sanitario".

"Nunca, bajo una supuesta 'modernidad' y en nombre de una falsa y egoísta 'compasión' hemos de ser portadores de muerte a los más débiles de la sociedad: enfermos y ancianos", concluye Casanova.

RD/Agencias