• Director: José Manuel Vidal
España
Prosigue la 71 Semana Española de Misionología de Burgos OMP
Uno de los grandes desafíos de la misión es hacer visible el enorme trabajo llevado a cabo por tantos misioneros y misioneras, especialmente cuando están presentes en las periferias

(Luis Miguel Modino, misionero en Brasil).- La misión ad gentes se define, o debería definirse, por una presencia en realidades marginales, por un intercambio de relaciones con personas muchas veces olvidadas por una sociedad que las descarta.

Dar visibilidad a esas personas, a sus vivencias cotidianas, ser transmisores de sus ideas y pensamientos es algo que debe ser llevado a cabo, pues la misión es un intercambio de relaciones, un diálogo. El misionero no sólo enseña, sino que sobretodo aprende de la sabiduria que se encierra en la vida de los pueblos y personas a quienes acompaña, un saber que no puede guardarse para si mismo, sino que debe comunicar.

Desde aquí surgen algunas preguntas: ¿Cómo dar visibilidad a las realidades y a las personas presentes en nuestra vida misionera? ¿Cómo ayudar a mostrar y reflexionar sobre lo que sucede en las periferias del mundo? ¿Por qué empeñarnos en guardarnos la riqueza de la somos partícipes? ¿Por qué no utilizar los medios a nuestro alcance para que el trabajo misionero sea más conocido?

Uno de los grandes desafíos de la misión es hacer visible el enorme trabajo llevado a cabo por tantos misioneros y misioneras, especialmente cuando están presentes en las periferias.

A pesar de las dificultades técnicas que muchas veces se experimentan en esos lugares, "las redes dan la posibilidad de ver en vivo y en directo lo que se hace en la misión", como ha señala Bieito Rubido, Director de ABC, en su intervención en la 71 Semana Española de Misionología que se está celebrando en Burgos de 2 a 5 de julio, con el tema "Misión y Redes".

Contar lo que hacen los misioneros, a pesar de muchas veces tenemos que ser conscientes de "lo mal que contamos la labor de los misioneros", en palabras de Rubido, es dar voz y poner cara no sólo a la labor de quien allí ha llegado, sino a la vida que allí se ha encontrado, personas y realidades que en principio no interesan al gran público, pero que cuando se conocen transforman la vida y el corazón de quien se depara con ellas.

En ese sentido, el Director de ABC decía a los misioneros presentes en el auditorio de la Facultad de Teología del Norte de España que "ustedes tienen una de las mejores historias que se pueden contar al mundo occidental", una historia que "debe ser contada en clave de éxito".

 


Bieito Rubido, en su conferencia

 

Vivimos en un mundo en constante cambio, también a la hora de comunicar, y la Iglesia tiene que aprender a comunicar con los nuevos códigos actuales. "Para alguien acostumbrado a Twitter, no es aceptable una homilía de 40 minutos", como afirmaba Monseñor Lucio Adrián, lo que nos debe llevar a descubrir y entrar dentro de los nuevos modos de pensar nacidos de las redes sociales y el mundo digital. En ese sentido, el Secretario del Dicasterio de Comunicación del Vaticano, no dudaba en resaltar que también es misión "saber llevar a la cultura contemporánea la novedad de Dios. También en el areópago moderno, tenemos que ser capaces de ofrecer un mensaje bello, creativo, original y fascinante".

Cada vez tengo menos dudas a la hora de afirmar que vale mucho la pena dedicar tiempo y esfuerzos a comunicar la vida en la misión. Cuando el relato de lo que se vive en la misión nace de quien está en primera línea eso genera confianza. Desde esa lógica, José Francisco Serrano señalaba a los presentes que en la sociedad actual existe "necesidad de los vínculos sociales y de confiar".

En ese sentido, el profesor en la Universidad San Pablo CEU, no dudaba en afirmar que "los misioneros generan esperanza y confianza", pues una comunicación, para ser correcta, debe transformar y construir identidad.

La misión, o el trabajo pastoral, se construye mirando al pasado para, a partir de ella, crear nuevas posibilidades de futuro, idea recogida en las palabras de Ninfa Watt. Todo ello, sabiendo que comunicar hoy el mensaje de Jesús, Camino, Verdad y Vida, supone un choque con la realidad.

 


José Francisco Serrano y Ninfa Watt

 

Vivimos en una sociedad, en palabras de la teresiana, donde el camino es guiado por veletas y sin brújula, lo que tiene como consecuencia un relativismo asumido socialmente, el emotivismo como criterio de valor y una manipulación "de manual" a plena luz del día. La verdad ha sido transmutada en posverdad y multiplicada a golpe de tweet, que pone al sentimiento como criterio de verdad, crea mundos paralelos y lo políticamente correcto genera el silencio de la mayoría. Junto con esto, según la profesora de la Universidad Internacional de la Rioja, la vida se reduce a un narcisismo exhibicionista contado en selfies.

Ante esa situación, su propuesta es la de una integración de contrastes, que lleve a descubrir que nada potencialmente bueno nos es ajeno, que es necesaria la valentía de discrepar, de recuperar la razón y una libertad verdaderamente humana y de vivir entre el realismo y la esperanza, que nos lleve a esperar contra toda esperanza, pues "no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia", que decía Santa Teresa de Avila.

Independientemente de los medios con que cada uno cuenta, en la sociedad del siglo XXI, es necesario tomar conciencia de que las redes y el mundo virtual son lugares de necesaria presencia eclesial, de misión. A pesar de que las redes es un territorio donde uno vive a la intemperie, donde muchas veces soplan vientos contrarios y algunos se ocultan bajo falsos perfiles para insultar a quien escribe o muestra su vida y sus ideas, a quien anuncia el mensaje de Jesucristo, tenemos que estar ahí y mostrar ese nuevo modo de evangelizar y de llegar a quienes tienen una relación más distante con la estructura física eclesial.

Vivir en las redes, habitar el universo virtual, es ser Iglesia en salida, misionera, que a veces se magulla, pero que siempre puede ser testimonio de un Evangelio que supera las fronteras del tiempo y del espacio para llegar a los confines del mundo, también del virtual.