• Director: José Manuel Vidal
España
Blázquez, a la salida del consistorio
Enamorado de la transición y del Concilio, y dispuesto a hacer todo lo posible para que no se pierda el espíritu de esa época que tan bien encarnó Tarancón

(José M. Vidal).- Allí estaba, en la parada del autobús de Piazza Carpegna de Roma. Muy cerca del Colegio español. Todo un cardenal y presidente de la CEE al estilo Francisco. Como uno más. Vestido con su clergyman negro, Ricardo Blázquez no pide un taxi ni molesta a nadie para que lo conduzca al Vaticano. "Es que los cardenales somos personas normales y sencillas", dice ante mi extrañeza de encontrarle allí.

La amabilidad en persona, el cardenal se puso a charlar conmigo de una forma totalmente relajada y distendida. Eso sí, cauto y prudente, también me advertía del off the record en los temas más delicados. Le agradezco, Don Ricardo, la confianza y las claves informativas que, como es lógico, guardo para mi coleto.

De lo que se puede contar de la conversación, me llamó la atención la absoluta naturalidad con la que admite ser un "analfabeto digital".Tiene un móvil, pero nunca lo lleva consigo. Y no lo echa de menos. Asegura que lo que pierde en comunicación lo gana en tranquilidad y sosiego, y le libra de la servidumbre de estar continuamente conectado, mandando y recibiendo mensajes.

Sin móvil, dispone de mucho más tiempo para dedicarlo a lo fundamental. Eso sí, su fiel secretario Patricio ("sin él, no podría hacer ni la mitad de lo que hago") sabe en todo momento donde se encuentra y como conectar con él.

Y así sobrevive el bueno de Don Ricardo a la vorágine digital: desconectado de las redes, pero no de la vida. Como los supermodernos que están de vuelta, se borran de las redes sociales y se desconectan.

Eso no obsta para que esté bien informado y a la última en todo. Con criterios claros y precisos. Con hondura en el análisis y con la clave fundamental del diálogo, aplicado tanto a la vida social como eclesial.

Sabía de su equilibrio, preparación y sensatez, me sorprendió su perspicacia y su estar al cabo de la calle tanto en lo esencial como en lo coyuntural.

Me alegro de esta charla de más de media hora con don Ricardo. Primero en el autobús y después al lado de la columnata de Bernini. Me acercó mucho más al prelado que no solo quieren, sino que respetan, todos sus compañeros obispos. El cardenal capaz de tender puentes y limar aristas.

Enamorado de la transición y del Concilio, y dispuesto a hacer todo lo posible para que no se pierda el espíritu de esa época que tan bien encarnó Tarancón. Con la salida de Blázquez (dentro de unos dos años) se van los últimos taranconianos.

¿Hay relevo en el episcopado español para tomar el testigo del espíritu de la transición? Lo sabremos en año y medio, el tiempo que falta para las próximas elecciones a la presidencia de la CEE. Y ya sin el comodín de Blázquez. Gracias por la confianza, monseñor.