Religión Digital

José Fernández Vega

Autor de "Francisco y Benedicto. El Vaticano ante la crisis global"

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José Rodríguez Vega: "Trump y Francisco están destinados a confrontar, son dos respuestas distintas a la globalización"

"Francisco produjo una revolución en la imagen de la Iglesia que sorprendió por lo súbita e impactante que fue"

Jesús Bastante, 02 de abril de 2017 a las 19:47
La renuncia de Benedicto abrió un espacio de transformación, porque su caída arrastró, también, muchos factores que impedían la renovación
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Francisco y Benedicto con los nuevos cardenales

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El Papa Francisco, con el Papa emérito Benedicto XVI

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Benedicto, Francisco, y los nuevos cardenales

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  • Francisco y Benedicto con los nuevos cardenales
  • El Papa Francisco, con el Papa emérito Benedicto XVI
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(Jesús Bastante).- Hemos vivido dos acontecimientos interesantes. Dos escenarios que se produjeron hace cuatro años; la histórica renuncia de Benedicto XVI y la elección del papa Francisco. Este 13 de marzo se han cumplido 4 años de su elección.

 

Por ello, nada mejor que hablar de un libro que analiza a los dos papas ante el escenario, también, de un mundo global. Esto es lo que ha hecho José Fernández Vega en "Francisco y Benedicto. El Vaticano ante la crisis global". José, ¿por qué abordar los dos papas desde esta perspectiva?

Porque me parece que son dos respuestas muy distintas a la crisis global. Una crisis que involucra también a la Iglesia misma. No solo las respuestas que la Iglesia da a la crisis, sino el impacto de la crisis dentro de la Iglesia.

Son dos direcciones: cuál es la respuesta de la Iglesia ante la crisis que sufre el mundo, y cómo afecta esta crisis a la Iglesia, que probablemente sea la gran institución global.

Exactamente. Es la gran institución global. La más antigua de Occidente y la más extendida.

Creo que Benedicto tenía una estrategia para la Iglesia que no prosperó. Y Francisco vino a implantar una muy distinta.

¿Cuál es la de uno y la del otro?

Tengo la impresión, y eso es lo que analizo en el libro, que la estrategia de Benedicto era de repliegue y de hacerse fuerte ante la descomposición de la modernidad. Y consolidar a la Iglesia como un puerto seguro, como un lugar donde los desheredados de la modernidad podían buscar refugio en un futuro. Es decir, no hacer concesiones a la modernidad, no disolverse.

Y esperar a que la propia modernidad se estrellase, para volver a los valores de siempre.

Justo. Ésa, es una estrategia que por razones múltiples, entre ellas la mala gestión de lo que Benedicto, en un último libro que se titula "Últimas conversaciones con Peter Seewald", denominó "su incapacidad para el gobierno práctico". No prosperó, no pudo consolidarse, y terminó arrasada por la crisis interna y por el desprestigio que tuvo la Iglesia frente a la opinión pública.

Abusos sexuales, problemas financieros...

Exacto. Una larga lista. Y, en cambio, Francisco produjo una revolución en la imagen de la Iglesia que sorprendió a todo el mundo por lo súbita y lo impactante que fue.

Pensar, que los propios cardenales que han mantenido un modelo fracasado, de alguna manera, se hacen el harakiri y eligen a alguien para una cosa completamente distinta.

Francisco tenía algunos puntos a favor. Por un lado su origen, por otro su calidad de un hombre de la Iglesia, de un hombre seguro para los cardenales. Y pareciera, que en el contexto era el único que pudo delinear una estrategia de salida que era muy básica.

En el discurso que dio ante los cardenales, aparentemente, hay unas notas de Francisco.

Que publicó el cardenal de La Habana.

Era, básicamente, de una Iglesia misionera. En salida. De, basta de una Iglesia eclesiocéntrica.

Y autorreferencial.

Y la idea era la de volver a ciertos orígenes. Propagar un mensaje. Ir al encuentro de la modernidad en lugar de esperar a que la modernidad expulsara, en su explosión, voluntades. Y para que gente desorientada, buscara un puerto firme en la Iglesia.

 

 

 

¿Hasta qué punto esa estrategia es tal? Cuando hablamos de Iglesia, y del Papa y su elección, los creyentes tenemos cierta vinculación con la actuación del Espíritu. Esto casa muy mal con las estrategias humanas, aunque los cardenales no dejan de ser hombres.

Sí. Yo no podría hablar de cuánto influyó el Espíritu. Para Francisco, influyó mucho. Pero no es la perspectiva desde la cual trato de analizarlo.

Lo que trato de ver es, cómo una institución completamente en crisis (compartida con otras muchas instituciones y con un panorama político realmente desbastado en Occidente, una crisis de legitimidad) puede, hasta cierto punto, reconstruirse desde arriba con un liderazgo fuerte, muy carismático y con una orientación muy clara.

Un liderazgo fuerte y desde arriba, como comentas, pero que tiene, en la base de su pontificado, ese deseo que dijo ante los periodistas en la primera audiencia: "una Iglesia pobre para los pobres". Es, como si los dos polos apretaran para disminuir las diferencias. O para contar con el pueblo como motor de reconstrucción.

Creo que, más allá de lo que se piense de Francisco (de su pasado y de su política actual), hay algo muy importante en su pontificado, y es el poner como centro de gravedad de su discurso el problema de la desigualdad. Que actualmente es un problema acuciante, cada vez más grave.

Es uno de los frutos de esa crisis global.

Pienso que, un gris cardenal de Buenos Aires, se convirtió, súbitamente, en un líder global. Porque dio con la palabra justa, "pobreza", que podemos traducir en términos de desigualdad. Con la polarización social que se vive en todo Occidente. Y por otro lado, está su discurso ecológico.

Tenemos ahí dos mensajes que impactan, y que lo convirtieron de la noche a la mañana en un líder global. En el líder que otros líderes buscaban, para absorber algo de su carisma.

Probablemente, el único líder global en un mundo globalizado que no tiene grandes figuras. Hay que remontarse bastante en el tiempo para encontrarlas: Kennedy, Luther King, Gandhi, Fidel Castro , Yasir Arafat.. Había personajes de talla mundial, y ahora parece que solo Francisco puede llevar ese título, o es uno de los pocos.

Sí, y además con un discurso significativo, que no es retórico y que lo proyecta como una persona en contacto con sus bases. Esto es algo extraordinario en el mundo actual. Es un líder indiscutido.

Incluso en Italia, que era el país donde tenían el partido comunista más fuerte de Occidente, se convirtió en la figura de la izquierda, referencial. Esto es algo muy notable, teniendo en cuenta la trayectoria pasada de Francisco.

No sé si lo llegas a analizar, pero, ¿a qué se debe ese cambio? Bergoglio no era como es Francisco. Para los que hemos tenido la suerte de conocerlo, antes y después, no parece la misma persona. Aunque él utiliza mucho su experiencia. Pero era una persona más seria...

Más gris, sí.

Bueno, supongo que los creyentes hablarán nuevamente del Espíritu, de una transfiguración: hay un cambio de nombre, de Bergoglio a Francisco.

Hay una serie de lecturas que pueden hacerse de esa mutación. Y se pueden hacer desde el punto de vista teológico, de la historia política y de la sociología.

Desde el punto de vista teológico, está en el catecismo: hay una transfiguración de la persona del Papa.

Desde el punto de vista histórico, está esta idea de los dos cuerpos del rey. El cuerpo humano, que sería el cuerpo de Begoglio, y un cuerpo distinto, casi divino, que es el cuerpo del Papa.

Y desde el punto de sociológico, está el carisma de la posición, del rol que ocupa.

Hay, entonces, un conjunto de explicaciones posibles, pero no satisfacen por completo y no deja de sorprender el hecho mismo.

Tenemos a Benedicto, todavía vivo. Y tenemos a Francisco, muy vivo. Dos estrategias muy diferentes y, sin embargo, dos personas que no sé si están condenadas a entenderse, o que se entienden bastante bien.

Sí. Benedicto, aparentemente, dio un paso al costado con seriedad alemana.

Sin ese paso, hubiera sido imposible.

Eso es un aspecto que toco en el libro y que es muy importante; de qué manera la renuncia de Benedicto abrió un espacio de transformación, porque su caída arrastró, también, muchos factores que impedían la renovación.

Y es cuando se descubrieron una serie de escándalos. De malas hierbas que Francisco tiene la misión de limpiar.

Tiene esa misión, con toda las resistencias que encuentra y que son muy visibles, en muchos casos: este cardenal norteamericano que parece el líder de toda la operación contra el Papa.

Da la impresión de que son bastantes menos de lo que parecen porque hacen mucho ruido, y lo hacen bien. Da la sensación de que este Papa tiene detrás los dos lados de la pirámide.

Sí, hay una cuestión muy importante, y es que hay una apelación típicamente política, del líder a las bases, que deja en una situación muy desequilibrada a los factores de poder que impiden la transformación.

A los mandos, a la curia.

Exactamente. Hay como un puente, y eso se vio desde el primer minuto de su pontificado.

Otra cosa es, qué efectos religiosos, específicamente, puede generar este pontificado. Qué pasa hoy, a cuatro años de haberse iniciado, con su mensaje y con su política.

Probablemente, esté perdiendo un poco de fuelle, de inercia y de fuerza. Y también, puede que la visibilización de estos factores de poder contrarios a la política de Francisco, se deba también este nuevo contexto.

Y la segunda cuestión es, qué pasa realmente en las iglesias, qué pasa con la fe de la gente. Esto es algo que yo no toco en el libro.

Lo que trato de hacer es un análisis político-filosófico de ambos papas. Pero la curiosidad, nos llevaría también a preguntarnos si el Papa, siendo una figura mundial que tuvo un éxito extraordinario como predicador y como mensajero, conduce a que la gente vuelva a la Iglesia, o no.

Aparentemente, su efecto en la base es un efecto de simpatía, entre los católicos y los no católicos. Pero un regreso a la fe, parece todavía muy lento.

 

 

Sobretodo, porque solemos ver los pontificados desde una perspectiva demasiado europea. Es la primera vez en la historia, en 2000 años, que viene un Papa llegado del fin del mundo. Hemos tenido papas africanos, pero en la época en la que eran considerados romanos.

Eso, también debe imprimir carácter a la hora de establecer una estrategia y de funcionar de cara al mundo, porque el centro cambia. Ya no está en Europa o en Roma. El centro se ha globalizado mucho más. Europa ya no es el centro de la cristiandad, me atrevería a decir, por fortuna.

Sí. Hay una pérdida de vocaciones y de interés. Una ruptura con la fe. Europa, evidentemente, no ofrece grandes perspectivas de crecimiento para la Iglesia. Posiblemente, este sea un Papa de transición. Una transición, que quizá no se detenga en Latinoamérica, sino que vaya hacia Asia o hacia África, en el futuro.

No sería de extrañar que los siguiente papas vengan de estos continentes, donde pareciera que es donde el futuro del cristianismo pudiera ofrecer un horizonte más amplio.

¿Es, o puede ser Francisco el enemigo de lo que personifica Donald Trump? ¿O esa visión no es acertada?

A mí me tocó estar en Nueva York en el momento que Francisco dijo que no era de cristianos levantar muros e impedir la inmigración. Donald Trump contestó bastante bien. De hecho, se pasó defendiéndose, diciendo que él no tenía por qué dar explicaciones sobre sus creencias.

Y que ya le vendría el Papa a pedir ayuda, si los yihadistas atacaban el Vaticano.

También.

Un tabloide de Nueva York publicó una caricatura muy interesante. Eran dos populistas, el Papa y Trump, haciendo un duelo de populistas, boxeando en un ring.

Es interesante, porque nos pone en el centro de un debate político internacional sobre qué es el populismo y qué significa todo esto políticamente.

Lo que vemos son dos líderes opuestos enfrentados, aparentemente, pero que responden a la misma denominación. El populismo.

¿Están condenados a entenderse? Porque probablemente se vean en mayo.

Eso dicen, que Trump puede visitar a Francisco en mayo. Yo no sé, me parece que cada uno tiene apelaciones singulares. Son dos programas dispares. Dos posiciones distintas en situaciones muy diferentes.

Probablemente, se entiendan sin palabras, por así decirlo. Se entiendan con cierta indiferencia el uno por el otro. Sus discursos están, un poco, condenados a rozarse. A confrontar. Son dos respuestas distintas a la globalización.

Una pregunta, para la cual no sé si tienes respuesta, porque estamos cumpliendo cuatro años de un pontificado que no sabemos lo que durará. Pero, ¿cuál crees que es el legado sociopolítico, de estrategia, que puede dejar Francisco a la Iglesia, y también a este mundo global?

Es una cuestión importante. La pregunta es, si la Iglesia está en condiciones de recoger ese legado. O simplemente se va perder, como legados anteriores que no prosperaron.

Probablemente para la Iglesia, esta nueva brisa deje algunas consecuencias. Pero yo no puedo calcular cuáles serán.

Yo pensé, al comienzo, que el discurso de Francisco iba a generar alguna réplica, en el sentido de replicación, de imitación de tendencia, y lo que vemos es que no prendió de la manera que se suponía iba a hacerlo.

La situación es bastante incierta. Yo no me animaría a calcular qué puede pasar con esta herencia que, de momento, se presenta tan interesante en un ambiente desértico, como decíamos antes, sin líderes, sin política, con una crisis mundial que dura hace ya una década y no tiene perspectiva de mejorar.

Y mucho menos de que haya un crecimiento igualitario.

Y la crisis climática, también. Que es otro de los puntos fuertes de Francisco.

 



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