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Antonio Aradillas, sacerdote y escritor

RD

Antonio Aradillas presenta 'Francisco, el Papa reformador' (Pigmalión)

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"La Iglesia, en la actualidad, es una institución de cuya veracidad el mismo Jesucristo dudaría mucho"

"Francisco está abriendo el camino de reforma con una capacidad maravillosamente constructiva"

Jesús Bastante, 08 de julio de 2017 a las 17:41
Que la mujer en la Iglesia se sienta marginada, es algo de lo que, algún día, la Iglesia tendrá que arrepentirse
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La reforma de la sonrisa del Papa Francisco

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Reforma de Francisco

  • Antonio Aradillas
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(Jesús Bastante).- "El Papa es siempre noticia y de primera página". Pero más que eso, Francisco es buena noticia, Evangelio, para una Iglesia siempre necesitada de reforma, sobre todo en términos de su organización interna y su apertura al mundo. Esa es la opinión del sacerdote, escritor y bloguero de RD Antonio Aradillas, quien acaba de presentar su libro "Francisco, el Papa reformador"(Pigmalión).

Hoy nos acompaña Antonio Aradillas, parte integrante, plena, de Religión Digital. Es nuestro crítico de libros y uno de nuestros teólogos de cabecera. Un hombre inquieto y un prolífico escritor de libros.

Sí, es es mi oficio.

Hoy, nos vienes a presentar el último libro que has escrito. Mejor, vamos a decir el penúltimo: "Francisco, el Papa reformador", editado por Pigmalión.

¿Por qué este libro? ¿Por qué hablar, hoy, de Francisco como un Papa reformador?


El Papa Francisco es noticia permanente, pero no solo en los medios de comunicación social más o menos religiosos o pararreligiosos, sino en general. El Papa Francisco es siempre noticia y de primera página.

¿Por qué Francisco? Lo primero que yo intento en el libro, es esclarecer el por qué del nombre. Porque el nombre imprime carácter, sobre todo en los tiempos anteriores. Hoy, a cualquier cosa o a cualquier persona, se le pone un nombre, sin más.

Pero en el caso de los Papas, sí que tiene un significado. Siempre lo ha tenido.

A mí, el número cardinal de los Papas no me gusta nada porque es una copia, iba a decir indigente, de los emperadores romanos.



Esto, también es un cambio, porque no es "Francisco I", sino Francisco, a secas.


Precisamente por eso. Y algo a clarificar desde el primer instante: "Francisco" se identifica, necesariamente, con "reforma". Es decir, más que con la identificación que a veces, con cierta ingenuidad, se le presta, de Francisco de Asís y el hermano Sol, la hermana Agua, el hermano lobo, las florecitas, etc... Francisco, es Francisco porque es reformador.

Más bien el de: "Francisco, repara mi Iglesia".

Precisamente: Francisco de Asís reparó la iglesia de San Damián, y cuando el Papa Inocencio III intentó regular que los franciscanos no pudieran ser ni orden religiosa, tuvo un sueño en el cual aparecía la iglesia de San Juan de Letrán derrumbándose. Pero también aparecía un pobrecito, que era el que impedía que se derrumbara del todo. Y él lo identificó con Francisco de Asís, que quería que se fundara una orden en la pobreza.

Que quede bien claro: el concepto y el término de "Francisco" se identifica, fundamentalmente, con la reforma. No sólo con la ecología.

Tu libro, se compone de una serie de breves artículos, casi todos, con unos titulares muy llamativos. Por ejemplo: "El Papa Francisco se divorcia", "Familia y mitos", "Contra los nuevos epíscopos", "Faltan y sobran milagros"...

Este Papa, debe ser, al menos por el tiempo que lleva en su pontificado, el que más santos ha beatificado y canonizado.


El que más santos ha beatificado y canonizado es, sobradamente, Juan Pablo II.

Pero digo en el periodo de tiempo.

En el periodo de tiempo, sí. La identificación del Papa Francisco con reforma es absolutamente imprescindible.

En el libro se explica, también, que hay zonas, las cuales todavía no ha reformado y siquiera se ha prestado a dar algunos pasos.

¿Como nuestra Tierra, por ejemplo?

Sí. Y no solo la geografía, sino, sobre todo, el tema de la mujer: que a estas alturas no haya habido una ruptura de procedimientos y hasta de pseudo-teología respecto a la presencia de la mujer en la Iglesia...

Creo que este paso ya debería haberlo dado: que la mujer sea una igual en la sociedad, en la vida, en todas las profesiones y que, sin embargo, en la Iglesia se sienta marginada, es algo de lo que, algún día, la Iglesia tendrá que arrepentirse públicamente y con bastantes dotes de indulgencia, y hasta de vergüenza.



Pero, ¿cuál es la solución, en ese sentido: que las mujeres hagan las mismas funciones que ahora hacen los hombres, o que cambiemos el concepto de autoridad, servicio...? ¿Se soluciona el tema si las mujeres pueden ser sacerdotes, o tenemos que hablar de una reforma más amplia?

Tenemos que hablar de una reforma más amplia. No me refiero al sacerdocio solamente. El sacerdocio es una función más. Me refiero a la plenitud de responsabilidades. Dios hizo al hombre a imagen y semejanza suya. Y nos hizo hombre y mujer. Es decir: exactamente las mismas prerrogativas, derechos y deberes que tiene el hombre y que lo define como persona. Exactamente las mismas tienen que ser y proclamarse dentro de la Iglesia.

Y dentro de la Iglesia, la mujer, hoy, se siente verdaderamente discriminada. Con una puntualización: que la Iglesia no es solamente una institución de tipo religioso, sino que además es un estado políticamente libre. Y en las dos acepciones está vigente el derecho canónico, que dice, por ejemplo, que para ser sacerdote es imprescindible, esencial constitutivamente, ser varón bautizado. Eso significa que, dentro de la misma constitución, ya hay una discriminación. Y eso es impensable, a estas altura, en la sociedad en la cual nos encontramos.

¿Crees que eso es posible? Porque, ya sabes que cuando volvemos a este debate, siempre se sale con que: Jesús instituyó otra cosa, que los discípulos eran doce... Aunque sabemos perfectamente que entre los seguidores de Jesús, había muchas seguidoras. Y muchas de ellas aparecen, incluso, en estos evangelios sinópticos, que son los que se han dado como oficiales por la institución.

En la teología, no es serio, el que hoy se defina, ni siquiera como aproximadamente dogma de fe, el que la mujer no pueda ser sacerdote. No es serio que se recurra a ningún texto bíblico para demostrar la justificación: aquellas últimas encíclicas, del Papa Benedicto XVI y Juan Pablo II, ya dando por definitivo el que la mujer no podría optar al sacerdocio. Eso, no tiene valor en absoluto.

Sí, pero es la realidad. Y lleva siendo así desde casi siempre, en el sentido de que nadie lo ha cambiado y, como bien dices tú, sin serlo, se ha dado como una verdad de fe.

¿Cómo se cambia esto? ¿Puede, un hombre solo, por muy reformador que sea, cambiarlo sin que se caiga el edificio? Cambiar esto, o muchas de las otras cosas de las que hablas, también, en el libro.


No se trata de un dogma de fe, aunque hay que cambiarlo.

Pero ¿cómo se hace?


Eso no es competencia mía, sino de profetas y de la singularidad del código. Pero hoy, una mujer que se sienta verdaderamente mujer y persona, tiene que estar sustantivamente incómoda dentro del organigrama de la Iglesia. Luego, habrá que cambiar la mentalidad. Porque acudir a que Jesucristo nombró solamente a hombres como apóstoles..., hombre, vamos a ser serios.

Los nombró, siendo judíos y además casados. Podríamos hacer uso de ese mismo argumento para que nos sirva a la hora de que determinadas prescripciones, que hay en el derecho canónico, se nos vengan abajo. El celibato, por ejemplo.



Junto a esos temas, este Papa reformador ha tratado otros muchos en estos años. Hemos visto el tema de la familia, la cuestión de los divorciados vueltos a casar...

Y, sin llegar a reformar muchas cosas, aunque el estilo y el modo de hacer Iglesia sí se ha cambiado, se encuentra con muchísimas oposiciones. En la página 276 hablas de los miedos del Papa Francisco y también de las oposiciones.


Otro de los pasos, que yo creo necesarios para que su reforma tuviera caracteres de verdadero futuro, es el replanteamiento de los Estados Vaticanos. Es decir, no se puede ser Papa y a la vez Jefe del Estado.

Tampoco, que los obispos sean ciudadanos de dos estados.

Por eso. Papa y Jefe de estado, son dos conceptos totalmente distintos.

¿Qué justificación tienen, hoy, los Estados Pontificios? Tienen una, teórica, de proclamar con libertad la palabra de Dios.

Pero, por muy pontificio que sea, hay detrás un organigrama propio del estado; piénsese en los bancos. Los Estados Pontificios deben exigirse, para sí, el mismo grado de libertad que tiene que exigírsele a una persona cualquiera. Con las connotaciones que tiene el estado como Estado, con sus defectos y sus virtudes (que yo pienso que no tiene ninguna). El Estado Pontificio tiene 44 hectáreas y, sin embargo, es un estado más de los 206 que puedan existir hoy en el mapa.

Ni siquiera, el ejemplo que pueda dar como Estado, es un ejemplo que hoy pueda ser válido: se trata de una monarquía absoluta, con plenísimos poderes y además vitalicia. ¿Cómo vamos a recomendar hoy que haya Estados con ese esquema?

Además, y a pesar de que los Papas, en general, han magnificado que los Estados, cuanto más democráticos, estarán mejor al servicio del pueblo, ¿qué democracia hay dentro de la Iglesia?

Insisto: ¿cómo puede hacerse realidad el título de "Francisco" como "Papa reformador"? Porque hay muchas dificultades.

Las soluciones, en la teoría se me hacen plausibles, pero en la práctica me parece muy complicado reformar un armazón tan grande, con tanta historia y teniendo detrás 1.700 millones de fieles.


No sé si tantos millones.

Ponle un tercio, que ya es mucho; es más que la mayoría de los países del mundo.


Recurriendo al Evangelio: la Iglesia, en la actualidad (quizás san Pablo fue bastante deficitario en ese sentido), es una institución de cuya veracidad, hoy, el mismo Jesucristo dudaría mucho. Y, tal vez, descanonizaría a Cristo-Jesús si viniera a la Tierra. Porque, ¿dónde lo colocarías, hoy, en el organigrama de la Iglesia?

Entonces, que esto se llame Iglesia todavía..., pues muy bien. El Papa está clamando, y con palabras hirientes, cuando habla de la estructura del Vaticano y de la estructura de la Curia como "cueva de ladrones".

Lo mismo que dijo Jesús.

La situación hoy, de toda la Curia romana, el sistema que hay, es difícilmente canonizable, y aún más, religiosizable: hay una necesidad de reforma, permanente, en la Iglesia.

Todos sabemos los grandes pasos que está dando el Papa. También sabemos la grandes dificultades que está teniendo. El libro plantea, en este sentido, por ejemplo el nombramiento de los obispos, que son los que dan una imagen de la Iglesia. Son los príncipes, los cardenales. Pablo VI, acortó la longitud de la cola de la capa cardenalicia de 15 metros a cinco. Cómo se le ocurre. Cómo es posible que, a estas alturas, la mayoría de los obispos vivan en palacios.

Hay una crítica muy extendida, sobre esto.


A estas alturas, y aunque sea más incómodo, vivir en un palacio imprime carácter.

Y estar separado del pueblo.

Hay un palacio arzobispal, en Toledo por ejemplo, que tiene un puente interior que va directamente a la catedral sin tener que pisar la calle, para que el obispo no se confunda con el populacho.

Gaudí programó arquitectónicamente, para un amigo suyo, el palacio de Astorga. Pero a quién se le ocurre. Nadie vive ya en aquél palacio. Es un museo.

Es una preciosidad, por cierto.

Pero, con mentalidad palaciega, es imposible que se pueda ser obispo dignamente.

¿Eres optimista con respecto a que este papa pueda ser realmente el "Papa reformador"?

Sí, soy optimista, porque está abriendo caminos y, entre otras cosas, porque no ha descalificado ni impedido el discurrir dentro de la Iglesia en cuestiones de tipo dogmático, disciplinar, etc., como hizo Benedicto XVI siendo teólogo, cardenal y Papa.

El camino está abierto. Lo está abriendo con una magnificencia y una capacidad de ser noticia, es decir evangelio, maravillosamente constructiva. Y además, que el mundo va por esos caminos y eso es irreversible.

A transitar los caminos del mundo como hizo Jesús, que no era exactamente de este mundo, pero llegó a serlo.

Claro que lo fue: se encarnó. La palabra que lo define sustantivamente es "Dios encarnado". Y no porque tenga colores propiamente cardenalicios.

No se purpurizó. Se encarnó.

Antonio Aradillas: "El Papa reformador", editado por Pigmalión.

Enhorabuena y muchas gracias por estas lecciones que nos das a diario con tus artículos y, de vez en cuando, con tus libros.


Gracias.

Otros titulares:

El Papa Francisco es siempre noticia y de primera página

Francisco es "Francisco" porque es reformador

El concepto y el término de "Francisco" se identifica, fundamentalmente, con la reforma. No sólo con la ecología

Que la mujer en la Iglesia se sienta marginada, es algo de lo que, algún día, la Iglesia tendrá que arrepentirse

No es serio, ni siquiera como aproximadamente dogma de fe, el que la mujer no pueda ser sacerdote

Una mujer que se sienta verdaderamente mujer y persona, tiene que estar incómoda dentro del organigrama de la Iglesia

Otro de los pasos necesarios [para una reforma] es el replanteamiento de los Estados Vaticanos. Es decir, no se puede ser Papa y a la vez Jefe del Estado

El Papa está clamando, y con palabras hirientes, cuando habla de la estructura del Vaticano y de la estructura de la Curia como "cueva de ladrones"

La situación hoy, de toda la Curia romana es difícilmente canonizable, y aún más, religiosizable

Hay una necesidad de reforma, permanente, en la Iglesia

Cómo es posible que, a estas alturas, la mayoría de los obispos vivan en palacios

Con mentalidad palaciega, es imposible que se pueda ser obispo dignamente



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