Religión Digital

Aprender con los sentidos

Consuelo Santamaría, en PPC

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'Pedagogía de los sentidos. Educar para ser más felices'

"Un libro que habrá de estar presente en los anaqueles-librería de todas las familias"

Antonio Aradillas, 13 de julio de 2017 a las 18:17
Buenas dosis de esperanza, de alegría y de confortable convivencia
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Pedagogía de los sentidos

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(Antonio Aradillas).- El libro Pedagogía de los sentidos. Educar para ser más felices, es uno más de los que hace tan solo un breve puñado de años hubiera sido impensable recabar para él el "Nihil Obstat" canónico, tanto por parte de la editorial PPC, como por la de autora, Consuelo Santamaría.

Los tiempos van cambiando, y han de cambiar aún más, y gracias a ello, y al impulso inspirado por el Papa Francisco, un libro de carácter-formación-información ético moral como este, habrá de estar presente en los anaqueles-librería de todas las familias, y más de las que se consideren cristianas. Su autora es doctora en Filosofía y en Ciencias de la Educación y el libro se lo dedica a sus nietos Rodrigo y Álvaro "para que el despertar de sus sentidos les lleve a descubrir, disfrutar. Amar y agradecer la vida".

Ya de entrada, salta a la vista que lo de "el mundo, el demonio y la carne" (sentidos), como "enemigos del alma", del Catecismo y de la formación "profundamente" religiosa en la que se nos imbuía, resulta más que cuestionable, para algunos, inhumano, y para muchos, poco o nada cristiano.

La felicidad y su disfrute en esta vida, por la ventana y con los medios que proporcionan, dentro de un orden, los sentidos, es meta obligada en todo planteamiento e ideario esencialmente religiosos, por lo que serían, y siguen siendo, muchos los educadores que habrán de entonar el "mea culpa", con el firme propósito de enmienda, de forjarse otros fines y otros medios distintos a los usuales, con bendiciones cercanamente dogmáticas.

A los procesos de la educación integral, con inclusión de la religiosa, les siguen sobrando miedos, temores, "pecados", sensaciones de transgresiones de las leyes divinas y humanas, "Purgatorio", "Infierno", penitencias, tristezas, "mala conciencia", sustos, disciplinas y flagelos... Tan aterrador, inhumano y antievangélico panorama debió y debe ser neutralizado con veracidad y urgencia, con buenas dosis de esperanza, de alegría y de confortable convivencia que se apuntan y subrayan en el libro de esta reseña.

En la "Pedagogía -'esencia o arte de enseñar'- de los sentidos", se desglosan los capítulos-fuentes de la felicidad relativas a la vista, oído, tacto, olfato, gusto, sentido estético, lingüístico, del dolor, sentido común, del humor y de la verdad en general. Tal planteamiento, descripción y juicio a la luz de la experiencia y de la vida, de la historia y de los legítimos y justos deseos y anhelos de la humanidad -de los humanos- , les exigirá a muchos -educadores y educandos- una profunda reconversión en limpio y claro beneficio de la convivencia y de la común-unión, síntesis y esquema perfecto de lo religioso.

A título de ejemplo, cito y subrayo algunas "pautas educativas" que contiene y proclama el libro: "esforzarse por sonreír, cuidar las emociones, quejarse menos y aceptar alegremente la realidad, reírse de uno mismo, trabajar por controlar el perfeccionismo, enseñar a los niños a sonreír más y a 'poner buenas caras', prevenir, hacer algo por los demás, educar para descubrir la bondad y la belleza de la naturaleza y la verdad, pedir ayuda..."

Platón filosofa desde su docta y eterna cátedra universitaria, en relación con el sentido del tacto, de esta manera: "en el tacto del amor, cada uno se convierte en un poeta, buscando lo mejor para el otro y para nosotros mismos", frase que subscribió y sublimó posteriormente Honoré de Balzac destacando que "el amor es la poesía de los sentidos".

Lamentaría que ascéticos y ascetismos "cristianos" no estuvieran de acuerdo con apreciaciones tan sanas, santas, divinas y humanas a la vez, y me recomendaran, y se recomendaran a sí mismos, confesarse cuanto antes. Y es que, "solo se ve bien con el corazón, porque lo esencial es invisible a los ojos", tal y como reza en El Principito Antoine de Saint-Exupéry. Si no de "adoración", el cuerpo -los sentidos-, habrán de ser siempre, en cristiano, objetos y sujetos de respeto sagrado.

Para adquirir el libro, pincha aquí:




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