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Julio L. Martínez sj., Carlos Osoro, Pedro Miguel Lamet, Henar Pizarro y Carmen Fernández de Blas RD
Julio L. Martínez, sj: "En tiempo de desolación y de crisis, aprovechan todos los que pueden para llevar el ascua a sus sardinas. No descartaría que lo que pasa con los nacionalismos tengan que ver con las crisis que estamos viviendo a distintos niveles"

(Jesús Bastante).- Fue ermitaño, franciscano, confesor de la Reina, Inquisidor General, Regente de España.... Lo tuvo todo y, sin embargo, todavía hoy, cinco siglos después de su muerte, el cardenal Cisneros sigue siendo un gran desconocido. A diferencia de la de Richelieu en Francia, su figura ha caído en un olvido para el gran público. Un olvido al que trata de poner luz Pedro Miguel Lamet con "El Tercer Rey" (Esfera de los Libros), novela que ayer presentaron, en Comillas, el cardenal Osoro y el rector, Julio J. Martínez, sj.

"Cisneros es un personaje que suscita toda suerte de tópicos, pero fue un hombre íntegro", recalcó Pedro Miguel Lamet, calificó al cardenal complutense de "personaje cautivador, que provoca fascinación y rechazo. Es, en sí mismo, un personaje de novela, incansable trabajador, apenas comía y apenas dormía".

El jesuita admitió que su protagonista "era raro, rarito, le tocó vivir en tiempos recios" y que, después de estudiar todo lo que se ha escrito sobre él, "sigo sin conocerlo. Era un hombre muy misterioso. Y eso, en un político, es muy importante, porque puedes ser más libre".

 


Sí destacó Lamet el carácter de estadista de Cisneros, que entendía "el Estado como servicio público por encima de intereses y partidos". Y es que, "cinco siglos después de Cisneros, hemos aprendido muy poco sobre los fines de la política. La corrupción, la ruptura nacionalista, la violencia... prevalecen sobre el espíritu del bien común".

"La estrechez de miras de los dueños actuales del mundo parecen destruir el ideal del concepto de Estado, y provocan una absolutización de lo inmediato, con un déficit de ética y espiritualidad", denunció el escritor, quien culminó apuntando que, "una vez más, mirar hacia atrás en la Historia nos puede ayudar. Y, en ese sentido, Cisneros ilumina la función del político actual".

Una argumentación, la de Lamet, que fue compartida por el rector de Comillas, Julio L. Martínez, sj., quien lamentó que "somos un país acostumbrado a olvidar a sus figuras. Espero que esto no ocurra con el cardenal Cisneros". El rector, como Lamet, estableció un paralelismo entre la época que vivió el "tercer rey", entre la Edad Media y el Renacimiento, para insistir en que "la Historia de nuestro país está siendo complicada, porque también lo está siendo para el mundo".

"En tiempo de desolación y de crisis, aprovechan todos los que pueden para llevar el ascua a sus sardinas. No descartaría que las cosas que están pasando con los nacionalismos tengan que ver con las crisis que estamos viviendo a distintos niveles", culminó.

Para el cardenal Osoro, que confesó haber "devorado, con delicia, la novela", uno de los principales valores de Cisneros fue el de saber qué hacer en cada momento que le tocó vivir, ya fuera como sacerdote, confesor de la Reina, Inquisidor o Regente, antes de fallecer sin llegar a conocer a Carlos V. Y su visión de la educación (fue el fundador de la Universidad de Alcalá). Y es que, para el cardenal de Madrid, "la verdadera revolución del pueblo comienza en la educación".

El purpurado destacó especialmente el comienzo de la novela, que presenta a Cisneros como "un hombre anciano y enfermo, pero lleno de sabiduría, que ya está de vuelta de muchas cosas". "Un hombre en búsqueda, con altura de miras e íntegro, a pesar de las intrigas" de unas cortes, las de Castilla y Aragón, donde el poder valía más que el servicio.

El arzobispo de Madrid recalcó cómo Lamet aborda la conversión de Cisneros: "Abandona los criterios que habían guiado anteriormente para entregarse a Nuestro Señor Jesucristo. Este tiempo de su vida es clave para entender el servicio que hará posteriormente a España", culminó.