• Director: José Manuel Vidal
Libros
María Victoria Gómez
Más de 500 páginas, en el que señalaba a renombrados dirigentes de la Iglesia católica, que frenaban, neutralizaban y castigaban a cristianos, de categoría y condición teológica sobre todo, como herejes, desobedientes, falseadores del mensaje de Jesús

(Benjamín Forcano, teólogo).- Tuve la oportunidad de conocer y tratar a María Victoria. Lo que no puedo asegurar es que haya captado la radicalidad de su vivencia cristiana y lo que ella supondría, si la aplicáramos, a nuestra sociedad.

Me siento interpelado, de verdad, al repasar ahora su vida, con ocasión de este libro. Se me presenta como referente de sabiduría y energía para lograr esa nueva sociedad con la que soñamos.

Interpelado, digo, porque es tal la distancia y el desdén entre el proyecto de los señores de este mundo y el proyecto (Reino de Dios) del liberador de Nazaret, que puede sonar a quimérico el propósito de relacionarlos. Pero es que me refiero a eso precisamente: María Victoria nos mostró válida la singular revolución del proyecto de Jesús.

María Victoria, una mujer corriente, de salud muy frágil, sin títulos de ninguna clase, monja de clausura por muchos años, adaptada si no atada a costumbres, ritos y leyes de una vida alejada de la vida social, disponía de alternativas que podían dar la vuelta a esta sociedad, tan desigual, tan competitiva y tan polarizada en ricos y pobres, o mejor, en empobrecedores y empobrecidos. ¿O no es verdad que, aunque avanzamos y sumamos logros lentamente, necesitamos dar el salto que rompa tanta incomprensión y hostilidad, y nos haga relacionarnos los unos con los otros como hermanos y no como lobos?

Pero, vamos por partes.

En el año 2007, a un año de su salida del convento, María Victoria reconoce que en la comunidad que dejó, se fue fraguando la gran aventura del Encuentro con el amor. Y de haber creído que el sendero de su vida estaba cerrado y era el momento de guarecerse en la silenciosa oscuridad, pasó enseguida a ver que la voluntad del Señor sobre su vida, no estaba acabada, sino que continuaba y se sentía más plena:

"Asentada, dice, en mi vida contemplativa, hoy sin ataduras, libre, rodeada de amistades nuevas, de contactos diarios con los más marginados de la sociedad , vagabundos, drogadictos, indigentes, sin techo, he hecho mío el vivir de Jesús en su entrega al Padre y los hombres y mujeres de su tiempo. Puedo deciros que me siento entregada totalmente al amor gratuito del Padre, del que intento ser día a día, su gozo, su alegría en la que Él pueda reposar su mirada con verdadero descanso y sosiego".

Y continúa: "Todos vosotros, amigos y amigas, sois UNO para mí. La búsqueda intensa de toda la humanidad de todos los siglos me quema el corazón y las entrañas, cada día descubro caminos nuevos, insospechados, ni soñados por muchos pero que aparecen sin cesar en mi corazón para crear un mundo nuevo" (Pg. 19).

No hay improvisación en la vida de María Victoria, ni llegada casual hasta aquí, sino continuidad renovadora: "El mundo viejo lo dejé atrás. Dejó en mí semillas de deseos no logrados y ahora los busco, un mundo nuevo, una tierra nueva, una alegría distinta, una danza todavía no inventada, un mirar nuevo, un ser nuevo, inocente, puro, bello con la belleza de Dios, con su Rostro Esencial, pero a la vez con una entrega incondicional al otro, a la Humanidad entera" (Pg, 19). "Me siento libre como el viento y es parte de mi amor la indignación por la injusticia, la envidia, el monopolio de la verdad, la egolatría y la idolatría de formas ya fosilizadas del pasado. Sólo Jesús está vivo y es el único -su Palabra- la que nos va a juzgar" (Pgs. 20-21).

No en vano, un hombre, JESUS DE NAZARET, prototipo de humanidad, plantó su tienda entre nosotros, ganó a millones y millones de corazones en toda la tierra, y lo siguen como Luz, Camino y Vida en este mundo globalizado, desorientado por la niebla del capitalismo neoliberal.

Pues, bien. Aquí está, creo yo, el secreto de la misión luminosa que María Victoria asumió con toda su alma:

"Sigo queriendo con nostalgia infinita dejarme vaciar de mi misma hasta el abismo de mi ser para nacer de nuevo viviendo la misma vida del hijo amado. Ser Jesús para el Padre y para los hermanos. Perderme como un polvillo tenue en la Creación, como el polen de las flores, inundándolo todo de la gracia de la filiación, filializar la creación. Esto será el mundo nuevo. El Padre sólo quiere hacer de mí un manantial escondido que derrame sus aguas limpias, cantando el único cántico del amor por todos mis hermanos. Son mis hijos, nuestros hijos. Padre, heme aquí a mí y a los hijos que tu amor me dio" ((Pg. 30).

Todo esto es cierto, y sigue a la espera de que la humanidad lo entienda y viva realmente. Cierto, pero desconocido o malentendido y, en todo caso, relegado no poco al zaguán de lo inútil y desechado.

¿Qué nos ha pasado? ¿Qué hemos hecho para que una Luz tan intensa y pura se nos haya apagado y se la deseche como luciérnaga inservible?

Este es el problema.

No hay duda de que en el cristianismo histórico han existido siempre personas, movimientos y colectivos que han hecho suya la luz del Libertador de Nazaret. Pero, en muchos lugares y sectores, precisamente de la Iglesias que debían a Él su existencia y debían anunciarlo, la vida y mensaje de este Libertador, quedó tergiversada, prostituida y rechazada. No iban contra Él las críticas, sino contra la imagen de El proyectada por las Iglesias en su relación con los poderes de este mundo.

Una Relación

-De opresión y dominación: "Sabéis que los jefes de las Naciones las tiranizan y que los grandes las oprimen. No será así entre vosotros; al contrario, el que quiera subir, sea servidor vuestro, y el que quiera ser primero sea esclavo vuestro. Igual que este hombre no ha venido a que le sirvan, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos" (Mt. 20, 26-28).

Una relación

-De utilización del nombre de Dios para discriminar, someter y condenar, cuando Jesús de Nazaret denunció todo esto como burla y traición del Dios verdadero: "En la cátedra de Moisés han tomado asiento los letrados y los fariseos. Cuidado con ellos, no imitéis sus obras, porque ellos dicen, pero no hacen; cargan fardos pesados sobre las espaldas de los demás, mientras ellos no quieren empujarlos ni con un dedo; les encantan los primeros puestos en los banquetes, cierran a los hombres el Reino de Dios, descuidan lo más grave: la justicia y la lealtad; por fuera parecen honrados, pero por dentro están repletos de hipocresía (Mt 23 1-36) .

Natural, absolutamente natural, que este gran Profeta, aldeano de Nazaret, provocase el odio de quienes civil y religiosamente tenían en sus manos el poder. Y, confabulados para defender sus intereses e impedir se hiciera realidad su proyecto, le sentenciaron a morir crucificado, como un rebelde político, insumiso al imperio de Roma Cesar y al Sanedrín de Jerusalén.

Mostrar la nueva humanidad, la gran familia humana unida con lazos de hermandad, es la tarea de todo seguidor de Jesús y lo fue de María Victoria.

¡Y vaya si es alternativa a las ansias y ambiciones de tanto especulador y farsante político de hoy! Pero, claro, el mundo religioso, en gran parte con razón, se pervirtió siendo para la convivencia factor de ilusión y enajenación y no piedra angular.

Lo ha sido de hecho, muchas veces, cuando la religión ha sido mal malinterpretada y utilizada para entontecer y someter.

No así, cuando la vida del seguidor de Jesús, procede con libertad y es transparente anuncio del mensaje y comportamiento Jesús.

¿Vds. quien imagina que una monja de clausura, que sale de ella a sus 80 años, puede hacer del mundo su convento, convencida de que en medio de él puede ofrecer a nuestra sociedad la alternativa para un vivir comunitario fundado en la igualdad, la justicia, la fraternidad, la solidaridad y la paz?

¿No son esos los valores que reclama hoy gran parte de nuestra sociedad? ¿Dónde están, pues, los líderes sociales: educadores, filósofos, economistas, políticos, creyentes o ateos, que anuncien y hagan efectivos esos valores?

En esa línea, veo a María Victoria, cuando hizo su denuncia en el diario de El Pais, presentada al Nuncio en persona en informe de más de 500 páginas, en el que señalaba a renombrados dirigentes de la Iglesia católica, que frenaban, neutralizaban y castigaban a cristianos, de categoría y condición teológica sobre todo, como herejes, desobedientes, falseadores del mensaje de Jesús.

Y lo hizo como algo natural, propio de su ser cristiano, libremente, sin miedo, como quien confrontaba con el Evangelio a los inquisidores, seguros ellos de la ortodoxia y de poder custodiarla en exclusiva.

En carta dirigida en 2008 al Arzobispo, Gianfranco A. Gardin, secretario de los Institutos de la Vida Consagrada, dice: "Si salí de mi comunidad religiosa, fue por una llamada interior más fuerte a seguir mi vida en otros campos que en el monasterio tenía vedados y a la vez, para vivir más profundamente, en una mayor soledad, mi espiritualidad contemplativa. Esta llamada, me llegó al atardecer de la vida aunque la había llevado siempre latente en mi corazón y trato de seguirla ahora con todo mi ser a pesar de mi escasa salud, en una paz, serenidad y alegría inmensa y con la aprobación de mi asesor espiritual.

Comprendo que desde un tribunal de Roma es difícil comprender las razones íntimas y profundas que existen en mí. Tengo necesidad de vivir mi consagración totalmente libre de dependencias jurídicas, para poder sentir las palabras de Jesús: "La verdad os hará libres". (Pg. 31).

Acabo recordando al cantautor Mario López Seller. Resulta que en un bar donde dio un concierto, había una mujer en el mostrador que estaba borracha. Mientras el personal se burlaba de ella, el cantautor se abrió paso y la acompañó hasta su casa. Ya en la suya, y en la cama, empezó a tararear lo que vivió. Al día siguiente remató la canción. María Victoria, pudo escucharla conmovida y le pidió la letra. Letra de la canción:

Si le falta la voz,
Si no puede decir lo que ella quisiera,
Si no puede gritar su dolor y sus quejas,
Yo hoy me quedo con ella.
Si le falta el placer,
Si no tiene un amor que por ella muriera,
Si no besos que habiten en boca desierta,
Yo hoy me quedo con ella.
Si en sus ojos no hay luz,
Pero cuando me mira me cubre de estrellas,
Si su sombra ilumina un trocito de tierra,
Yo hoy me quedo con ella.
Si su guerra es la paz,
Si su mundo se llena de cosas pequeñas,
Si parece no estar porque nadie la espera,
Yo hoy, me quedo con ella.


A María Victoria le faltó tiempo, para escribir al cantautor: Mario, mi hermano pequeño. No sabes cuánto te agradezco la canción de ayer. Me parece caliente, pura brasa cuando la creó tu corazón. ¡Que bella y delicada canción! Se me ocurren tantas cosas....