• Director: José Manuel Vidal
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Pilar Huerta Román RD
Respecto al sacerdocio creo que todavía hasta llegar a él, en algunos aspectos respecto a las mujeres, hay muchas cosas por hacer, hay un buen camino que recorrer, yo pondría ahí el énfasis

(Antonio Aradillas).- De verdad de la buena, que Pilar Huerta Román, Carmelita Descalza en el convento de san José, en Toro, provincia de Zamora, hila bien. Pero que muy bien. Lo que académicamente se apostilla "con hilo delgado", que equivale a "proceder con exactitud, minuciosidad o sutileza en sus apreciaciones", "seguramente porque desde el primer día -hace ya 32 años- , que entró en el convento no dejó de tener un contacto profundo y constante con la palabra de Dios".

Profesora de Biblia en la Federación de san José de Castilla, es autora de "El telar de la palabra", que centra su atención en "El libro de la Vida" de Teresa de Jesús, la santa por antonomasia. El nuevo título "Mejor será que hilen", editado por "San Pablo", que justifica esta entrevista, se acerca a "El Camino de perfección" teresiano, tal y como lo salmodian los "ecos bíblicos", en su subtítulo.

Es de intenso y radiante provecho sobrenatural, referir el comentario que la misma Madre Fundadora - "vocera de Dios"-, le hiciera a Diego de Yepes, destacándole en cierta ocasión que "algunos hombres graves dicen que "mi libro -ella llama "librillo"-, "El Camino de perfección, parece Sagrada Escritura".

Teresa tiene la certeza de que el "amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables", doctrina que fundamenta en multitud de citas bíblicas, de cuya antología y manojo da cuenta esmerada, certera y en conformidad sagrada con los más doctos y seguros hermeneutas bíblicos, siempre con la feliz convicción de que "hay más felicidad en dar que en recibir". El análisis que hila e hilvana la monja carmelita de san José, de Toro, posee características asimilables a las de su Fundadora -"Teresa, la de la gran cabeza"-, quien en su "El Camino de perfección" "nos dará a gustar el agua, hablándonos con maestría de sus propiedades como que enfría, limpia y quita la sed".

Es digno de todo agradecimiento poder comprobar que estas, y tantas otras lecciones sapienciales del agua bíblica de "El Camino" teresiano, manen y fluyan de la siguiente conversación -entrevista mantenida recientemente con la madre- hermana Carmelita Descalza, Pilar Huerta Román.

 

 

¿Por qué "hilar" en el título de su último libro?

El Camino de Perfección de Santa Teresa, recoge algunas frases de quienes se oponían a que las mujeres se dedicaran a la oración. Una de ellas es el título de mi libro Mejor será que hilen. Si elegí esta frase es porque considero que con mi trabajo estoy dando respuesta al deseo de tantas mujeres que aún en nuestros días siguen siendo marginadas fuera y dentro de la Iglesia. En mi caso, la acción literaria de hilar y posteriormente tejer, con los hilos de oro de la Sagrada Escritura y de Teresa de Jesús, me ha llevado a descubrir (a propósito de la intuición de la santa sobre el Padrenuestro) que nada ni nadie puede quitar o añadir un ápice a la dignidad femenina. Esta oración es la verdadera «carta de los derechos humanos» presentada al Padre, que por serlo, nos hace a todos iguales, hijos en el Hijo, herederos por igual de ese fantástico título.
Por otra parte, el título de este libro guarda cierta relación con mi libro anterior, El telar de la Palabra. En ambos nos movemos con las metáforas o imágenes de las telas y los hilos, y se mantiene una cierta continuidad al utilizar el mismo género y los mismos materiales. Ya pueden estar contentos aquellos teólogos letrados del tiempo de Teresa que deseaban ver hilar a las mujeres. Su deseo, al cabo del tiempo, se ha visto cumplido... ¡aunque en un sentido muy diferente al que ellos pedían! En este caso he hilado las Sagradas Escrituras con los escritos de Teresa. Y ahí está el resultado...

 

Razones por las que santa Teresa se sigue siendo imprescindible en la historia de la Iglesia.

Porque su mensaje sigue estando vivo. Y como decía Fray Luis de León, Teresa de Jesús sigue viva en sus libros y sus hijas. Ha sido declarada "Doctora de la Iglesia" en nuestros días y su magisterio ha calado en personas de toda condición, raza y género. Ella nos dejó en el libro de su Vida su definición de oración como "un trato de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama". Son muchas las personas que han aprendido a orar bajo su magisterio. Y la oración nos transforma. Por eso es imprescindible leerla, por eso y porque sin ella nos faltaría algo.
Son necesarias voces como las de Teresa que nos sigan recordando y haciendo una llamada a la interioridad en un mundo donde se vive en gran parte desde la superficie.

 

¿Qué le aporta a la Iglesia la vida contemplativa de monjas y monjes?

Pienso que lo mejor que puede aportar a la Iglesia la vida contemplativa es el testimonio de que el único valor absoluto es Dios ya que por Él hombres y mujeres dejamos casa, familia, y logros para gritar en silencio lo que Teresa decía: "Solo Dios Basta". Y esto frente a tantos reclamos que desde el exterior nos oferta nuestro mundo. Por otra parte en una sociedad que valora por encima de todo la eficacia, lo útil, la vida contemplativa enseña otra forma de ver la vida donde lo importante no es el "hacer" sino el "ser": "Que tales habremos de ser" decía Santa Teresa.

 

Tal y como "cantan" las estadísticas ¿tienen hoy futuro los monasterios de clausura?

Las estadísticas son solo números. Creo que uno de los males de las religiones es precisamente quedarse en los números. Jesús sólo necesitó a doce apóstoles para iniciar su labor.
Pero es evidente que ante tantos monasterios envejecidos hay que hacer algo, y obviamente ese algo pasa por reunificar o cerrar monasterios. Pero eso no es signo de desesperanza. Los monasterios tienen o tendrán futuro en la medida que se potencie la vida en ellos.

 

¿Con qué soluciones prácticas afrontaría hoy  el problema vocacional la "doctora" de la Iglesia?

Lo que ella haría no podemos saberlo (su tiempo dista mucho del nuestro) pero por lo que conocemos de su vida y sus escritos sabemos que ella pondría el acento en la autenticidad y el testimonio de la vida de los/las religiosos/as. Ella experimentó a Cristo con tal intensidad y convencimiento que esa vivencia hizo que su testimonio fuera irresistible y eso es lo que nos toca a nosotras vivir y actualizar. Y de aquí nacerán cosas concretas como ofertar nuestros espacios, abrirnos a compartir la oración, enseñar a orar, ser comunidades acogedoras.

 

 

 

¿Qué consejos les impartiría a los obispos  y a los superiores/as de las respectivas Órdenes monásticas?

Quizá el único y mejor consejo podría estar en algo que el Papa Francisco ha repetido en más de una ocasión: retornar a la sencillez del evangelio. El evangelio que pensamos que es algo tan super conocido, en muchos aspectos está por descubrir.

 

¿Cree que, por ejemplo, en última instancia, apostaría  por la concentración de monasterio y aún de Órdenes?

Pienso que podría ser una respuesta valiente. Una forma de afrontar esta situación que estamos viviendo y que se va haciendo por momentos insostenible al haber (o estar) tantos monasterios en situaciones tan precarias.
A Teresa le tocó vivir un momento de abrir conventos, ahora nos toca cerrar: "tiempo de abrir, tiempo de cerrar" que diría el Eclesiastés. Seguramente que Teresa tendría el coraje de intentar una reestructuración, o buscar caminos nuevos, inéditos, por descubrir.


-¿Reclamaría la posibilidad del sacerdocio femenino y de la plena igualdad  de responsabilidades y funciones que los hombres?

Desde luego que reclamaría la plena igualdad de responsabilidades y funciones, de derechos. Y respecto al sacerdocio creo que todavía hasta llegar a él, en algunos aspectos respecto a las mujeres, hay muchas cosas por hacer, hay un buen camino que recorrer, yo pondría ahí el énfasis. Esto por una parte y por otra, sin ser una contradicción con lo que acabo de decir en muchos lugares hay mujeres que están realizando la tarea pastoral que hace el sacerdote.
No puedo menos de recordar a Santa Teresita cuando decía: "Siento en mí la vocación de SACERDOTE. ¡Con qué amor, oh, Jesús, te llevaría en mis manos cuando, al conjuro de mi voz, bajaras del cielo"!... ¡Con qué amor te daría a las almas...!
No olvidemos que todos por el bautismo poseemos el sacerdocio común de los fieles. Si practicáramos este en plenitud quizás las cosas serían distintas.

 

- ¿Cree que hubiera ella hecho uso  repetidamente del término pre-académico  "patriarcofobia- patriarcofilia"?

Ella no podía usar unos términos que ni siquiera existían en su momento, pero sí que de manera velada unas veces, y otras directa, se queja y se rebela ante la situación injusta de su tiempo en la que la mujer no tenía nada que decir y era el hombre la medida de todo. Hay un texto de la primera edición del Camino de Perfección (Edición del Escorial) que algunos autores de hoy piensan que es la apología más bella que jamás se haya escrito sobre el lugar que ocupa la mujer en la Iglesia de Dios y sin embargo no pasó la censura en su momento, fue tachado. No soportó el censor este elogio a las mujeres en una sociedad machista y patriarcal.

Dice así el texto:
"Ni aborrecisteis, Señor de mi alma, cuando andabais por el mundo, las mujeres, antes las favorecisteis siempre con mucha piedad y hallasteis en ellas tanto amor y más fe que en los hombres, pues estaba vuestra sacratísima Madre, en cuyos méritos merecemos, y por tener su hábito, lo que desmerecimos por nuestras culpas... Por vos han dejado lo poco que tenían y quisieran tener más para serviros con ello. Pues no sois vos, criador mío, desagradecido para que piense yo daréis menos de lo que os suplican, sino mucho más...
¿No basta, Señor, que nos tiene el mundo acorraladas e incapaces para que no hagamos cosa que valga nada por vos en público ni osemos hablar algunas verdades que lloramos en secreto, sino que no nos habíais de oír petición tan justa? No lo creo yo, Señor, de vuestra bondad y justicia que sois justo juez y no como los jueces del mundo, que como son hijos de Adán y, en fin, todos varones, no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa. Sí, que algún día se ha de haber, Rey mío, que se conozcan todos. No hablo por mí, que ya tiene conocido el mundo mi ruindad, y yo holgado que sea pública, sino porque veo los tiempos de manera que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres" (CE 4,1).

¡Sin comentarios!

 

- ¿Considera que las monjas, por monjas, están "colonizadas -esclavas por sus capellanes, "padres" y directores espirituales-

¿Esclavas? ¡No! Cierta dependencia puede que se haya dado y aún se dé. Pero a medida que hemos ido formándonos y teniendo criterios propios podemos asentarnos más sobre nuestros propios pies.

 

- ¿De acuerdo con que "la contemplación  no tiene sentido si no lleva  implícito el compromiso de la compasión?

Totalmente de acuerdo. El amor es el valor absoluto. Precisamente yo en mi libro dedico una buena parte a esto. Santa Teresa antes de comenzar a hablar de la oración habla como presupuesto de tres grandes virtudes: el amor, la humildad y el desasimiento.
Al tratar del amor ella explica y da vueltas al tema para expresar como ha de ser este amor. Una de las cosas que dice es esta: "Es bueno y necesario algunas veces mostrar ternura en la voluntad y sentir algunos trabajos y enfermedades de las hermanas, aunque sean pequeños...no os dejéis de compadecer...". Aquí está la clave: la compasión, que yo he relacionado con pasajes evangélicos como el relato del Hijo de la viuda de Naín y las conocidas parábolas del Buen Samaritano y del Hijo pródigo. En estos tres textos aparece la compasión como elemento primordial.
No puede darse la contemplación si no se da el compromiso de la compasión.

 

- ¿Llamaron ya con intensidad a las puertas de los monasterios los gritos a favor de la promoción femenina?

En lo que yo alcanzo a conocer creo que sí, aunque haya muchos monasterios a los que todavía no, porque su situación les ha impedido quizá tener una formación que les abriera a los clamores del mundo...