• Director: José Manuel Vidal
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Sembradores de esperanza Ciudad Nueva
En la catequesis -nuestras catequesis- familiar, escolar, parroquial, y más en la de adultos, como la prematrimonial y, por supuesto, la funeraria, apenas si la esperanza cristiana se hacía efectivamente presente y activa

(A. Aradillas).- "Llamados a sembrar esperanza" es el título nuevo de la colección "Razones de la fe", editado por "Ciudad Nueva -CN", y que en esta felicísima ocasión lo firma nada menos que "Francisco, papa".

El subtítulo -"Catequesis sobre la esperanza cristiana"- explicita sus contenidos e intenciones desde el convencimiento profundo y evangelizador de que el verbo griego del que procede el término "catequesis", entraña la idea de "instruir", así como que este ministerio y actividad es, y comporta, la ineludible "enseñanza de principìos y dogmas pertenecientes a la religión".

Pastoralmente, los tiempos catequísticos han cambiado, en este caso, para bien, en todo orden de cosas, y, más que por lo que respecta a los procedimientos y métodos, por las verdades que difunde como propias y características de la enseñanza cristiana, identificada de modo eminente con la esperanza. Es algo más -bastante más- por lo que tenemos que agradecerle al papa Francisco.

En la catequesis -nuestras catequesis- familiar, escolar, parroquial, y más en la de adultos, como la prematrimonial y, por supuesto, la funeraria, apenas si la esperanza cristiana se hacía efectivamente presente y activa. Todo -casi todo- era castigo, obediencia ciega, infierno, pecado mortal o venial, pero pecado, tristeza infinita, desolación, finiquito y liquidación.

En las 38 sesiones catequísticas que en este libro nos ofrece el papa Francisco y que responden con exactitud a otras tantas alocuciones, encuentros, homilías, audiencias públicas o privadas, desde el 7 de diciembre del 2016 al 25 de octubre del año siguiente, resplandece con toda luminosidad, alegría y evangelio, la doctrina -su doctrina-, con referencias seguras a frases y episodios bíblicos tanto del Antiguo, como del Nuevo Testamento, que le confieren seguridad y felicidad en esta vida y también en la otra.

 

 

En el comentario que, por ejemplo, le dedica al texto de san Mateo (18,20) -"Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo", ó "la promesa que confiere esperanza", destaca la idea de que "Jesús en persona caminará con nosotros, dado que en tales palabras comunican fehacientemente el misterio de Dios, cuyo nombre e identidad es "estar-con". Nuestro Dios no es un Dios aislado, es un Dios en particular "con-nosotros", es decir, con la creatura humana. Nuestro Dios no es un Dios ausente, secuestrado en un cielo muy alejado; es más bien un Dios apasionado por el hombre, tan tiernamente amante, que es incapaz de separarse de él. Los seres humanos somos proclives a acortar vínculos y `puentes. Pero Él no. Si nuestro corazón se enfría, el suyo permanece siempre incandescente".

¿Hay que dé más y enseñe con mayor y más actualizada autoridad? Un catecismo ortodoxamente cristiano, sin necesidad de censura eclesiástica, sempiternamente abierto a la alegría, a la religión y a la esperanza, que a muchos les ayudará a borrar de sus mentes y de sus corazones otras "enseñanzas oficiales", tétricas, desesperanzadoras y anti-cristianas.

"El santo pueblo de Dios es gente que está en pie -"homo viator"-,pero en pie -"erectus", y con esperanza".

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