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Libros
La monja pintora y la escritora Magdalena Lasala presentan 'Los colores de la luz' (Esfera de los Libros) RD
Ambas hablan sobre el arte, la ciencia, la espiritualidad, la existencia de Dios o el papel de la mujer en la sociedad, y en la Iglesia

(Jesús Bastante).- "Hay ciertas parroquias en Madrid y en otros sitios, ciertos púlpitos en los que, aún hoy, se dice que quienes no conocen a Jesús no son hijos de Dios". La pintora cisterciense Isabel Guerra lanzó esta denuncia anoche, durante la presentación de 'Los colores de la luz' (Esfera de los Libros), un libro de conversaciones con la escritora Magdalena Lasala.

Un "experimento", como lo definió Lasala, en el que dos mujeres, cada una desde su óptica (de fe, Isabel Guerra; de alejamiento, Magdalena), realizan conjuntamente una búsqueda de la belleza, a través de las distintas tonalidades de la vida, de la diversidad. También en el ámbito de lo religioso: "Debemos avanzar: la religión católica en el mundo es minoritaria, y parece que nos da igual", apuntó la religiosa.

La pintora, y la escritora, conversan en un libro que "nos reconcilia con nosotros mismos", según apuntó la subdirectora de la editorial, Carmen Fernández de Blas. "En este libro nos descubrimos como dos creadoras con claves comunes, de búsqueda a través del arte, con preguntas y necesidad de respuestas". Una narración, añadió Isabel Guerra, que surgió "de forma natural", y en el que ambas hablan sobre el arte, la ciencia, la espiritualidad, la existencia de Dios o el papel de la mujer en la sociedad, y en la Iglesia.

"Hemos encontrado una armonía que no estaba prevista, pero que es un signo de los tiempos. Porque está cambiando el mundo, y se necesitan caminos de cambio, vías alternativas de comunicación en las diferencias", explicó Magdalena Lasala.

 

Magdalena Lasala, Isabel Guerra y Carmen Fernández de Blas

 

La pintora, por su parte, destacó la importancia del feminismo o la posición de la mujer en la Iglesia, y lamentó cómo "a veces nos falta atrevernos a profundizar en esos temas". "Si nos volvemos comodones, no vamos a seguir esa llamada, que en mi caso viene de la fe", apuntó la religiosa, quien añadió cómo "me estremece pensar que haya gente católica, que se considera muy buena y piensa que es imposible que alguien que no haya oído hablar de Jesús, no sea hijo de Dios... ¡claro que lo es! Tanto como yo. Incluso quien no haya oído hablar de Dios es hijo de Dios".

"El número de misioneros va disminuyendo cada año. Ser misionero es anunciar a Jesucristo donde su nombre no haya sido pronunciado", explicó sor Isabel, quien hizo suyas las palabras de Francisco para instar a los creyentes a "salir a las periferias del mundo, a decirles a todos que somos hijos de Dios".

También, en las sociedades occidentales, como España, donde "hemos descuidado la evangelización por comodidad... y cuando los chavales salen a la calle les importa un pimiento Jesucristo, porque lo único que nos convence es el ejemplo de vida".

Un mensaje que Isabel Guerra también intenta plasmar en sus pinturas. "Un mensaje de serenidad, paz y esperanza a una sociedad tan crispada como la nuestra, donde es importante que no escuchemos", porque "si nos paramos a reflexionar, y a no ser ogros los unos con los otros, podemos tener un espacio de belleza que nos hace falta a todos".

"Mis imágenes no son violentas, ¿para qué meter más violencia en el mundo? No, mis imágenes quieren ser una obra bellamente realizada, que parta de la armonía, de la luz y la esperanza... sobre todo parte del amor. Si una obra no nace del amor, difícilmente va a llegar a nadie", explicó la religiosa, quien coincidió con Lasala en lamentar que "sentimos vergüenza de hablar de lo bello. El arte está llamado a hacer más habitable nuestro mundo". Como en la pintura, como en la vida, como en este libro, culminó la religiosa, "el claroscuro es imprescindible para hablar de la luz. La oscuridad como contraste de la luz".

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