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Marco Gordillo

Responsable de Campañas de Manos Unidas, ante la agenda 2030 y el cambio climático

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Marco Gordillo: "El clamor de los pobres y el clamor de la creación son un solo grito"

"El Papa es un gran referente, sus mensajes fueron recogidos por los líderes políticos"

Jesús Bastante, 24 de octubre de 2015 a las 11:08

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Necesitaríamos tres planetas para sostener el ritmo de vida de los países ricos
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(Jesús Bastante).- Recién llegado de Naciones Unidas, hoy nos acompaña Marco Gordillo, responsable de Campañas de Manos Unidas. Acaba de volver de Nueva York, de la cumbre sobre el cambio climático, donde se está elaborando la nueva agenda de desarrollo sostenible.

2015 es un año denso de acontecimientos relacionados con el medio ambiente. En diciembre la cumbre de París, el Papa escribe una encíclica en la que habla exclusivamente sobre este tema. ¿Estamos en un momento, como dice el Papa, de casi no llegar a tiempo?

Los sabíamos desde hace tiempo. Llevamos cuatro o cinco años trabajando en diferentes cuestiones que sabemos que son cruciales y que este año 2015 llegan a su culmen. Se suelen mencionar tres momentos importantes:

En julio, en Addis Abeba (Etiopía) hubo una primera cumbre sobre financiación para el desarrollo.

Entre otras cosas se planteó cómo financiar los próximos quince años de nuestra agenda de desarrollo sostenible.

Esta cumbre de Nueva York que acaba de pasar, donde se ha proclamado la agenda de desarrollo sostenible para los próximos quince años.

Y, finalmente, en diciembre, París, la COP 21, donde esperamos que se llegue a un acuerdo sobre el cambio climático.

Estos tres grandes acontecimientos a nivel político, como tú decías, vienen respaldados por las palabras del Papa, sobretodo en su encíclica Laudato Si, que es donde aborda estas cuestiones.

¿Qué tiene que ver una ONG católica como Manos Unidas, con el medio ambiente y el cambio climático?

Trabajamos en cuestiones medioambientales porque entendemos que son fundamentales para luchar contra la pobreza. El Papa en su encíclica "Laudao Si" lo dice de una manera muy sencilla: El clamor de los pobres y el clamor de la creación, son un solo grito. Y esa es la razón.

Manos Unidas es una organización de la Iglesia católica que trabaja por el desarrollo. Su misión fundamental es luchar contra la pobreza. Especialmente contra el hambre que hay en el mundo. Esto lo ha hecho durante casi sesenta años.

Además de nuestro trabajo de apoyar y acompañar a las comunidades mayoritariamente pobres, para poder salir de esta situación, hemos acabado siendo conscientes de que el medio ambiente forma parte de todo aquello que condiciona las posibilidades de que esas comunidades puedan vivir bien o no.

Un ejemplo: De las personas que viven en el mundo en situación de pobreza absoluta, el 70% lo hace en medios rurales. Esto quiere decir que dependen de la salud de sus ecosistemas para sobrevivir. Sus economías son muy primarias, de tal manera que necesitan tener un buen ambiente.

Si hablamos de la cuestión del hambre, que es primordial en Manos Unidas, nuestro sistema a nivel global, de producción de alimentos, es capaz de alimentar a todo el mundo, pero genera casi un tercio de los gases del efecto invernadero, que es el responsable del cambio climático.

Nuestra manera de producir alimentos es insostenible en términos medioambientales. Al final todo está interrelacionado.

¿En qué punto estamos? ¿Hay un punto ya de no retorno, o estamos a tiempo de arreglar mínimamente las condiciones para vivir el planeta?

Estamos es un momento muy delicado. No podemos tomarnos las cosas a la ligera. Hay muchos factores que intervienen.

Por un lado vivimos en un mundo que habitamos siete mil doscientos millones de personas. Se espera que seamos nueve mil millones en 2040. Hay un estudio de unos científicos nórdicos del año 2009 que plantean unos serie de límites planetarios:
Aquéllos sistemas ecológicos que están a punto de romperse por la mano humana y en los que si no actúanos en sentido contrario de manera urgente, tendrán una serie de consecuencias. Entre otros, cita el cambio climático, la biodiversidad, los procesos de desertificación, la ruptura del ciclo del nitrógeno, la agricultura, etc.

Se trata de plantear un modelo en el que al mismo tiempo que nos fortalezcamos económicamente, cuidemos del planeta, y hagamos que la riqueza que generamos llegue a todos.

Este es, justamente, el punto de partida de la agenda del desarrollo sostenible que se ha planteado en Nueva York.

 

 

Parte de un análisis en el año 2012, que plantea una mirada atrás, de unos veinticinco años. Y en esa mirada descubrimos un mundo con una gran capacidad de generar riqueza. Casi de duplicar esa riqueza en un periodo no mayor a veinte años.

Y al mismo tiempo es un mundo mucho más desigual que hace veinticinco o treinta años. Lo cual es una paradoja. Y donde además el crecimiento que tenemos es a costa de la explotación irracional de los recursos naturales y la degradación de la naturaleza.

Este modelo de crecimiento es insostenible. O nos planteamos un modelo que implique que las dimensiones económica, social, y ecológica crezcan de manera integral para todo el mundo, o no tendremos futuro como humanidad.

¿Es una decisión de grandes gobiernos, o también es personal y familiar?

Es ambas cosas. Lo que se ha firmado en Nueva York es una hoja de ruta, un marco de referencia que nos permite tanto a los países como a las personas caminar de una determinada manera.

Esto implica que los países, a nivel individual generen sus propios planes de desarrollo sostenible. No sólo los países pobres. También los ricos deben plantearse cuáles son sus actuales patrones de producción y de consumo y cómo afectan a los países pobres.

A nivel individual, si queremos vivir de una manera justa, solidaria y sostenible, esto lleva implícito un cambio de hábitos.

Te pongo dos ejemplos:

Sabemos por un estudio de la FAO que un tercio de los alimentos que se producen en el mundo, acaban desperdiciados. En España desperdiciamos alrededor de ocho millones de toneladas al año. De ellos, el 60% en el ámbito doméstico.

Esto repercute en la gente más pobre de varias formas... En primer lugar un tercio de alimentos generando gases de efecto invernadero sin ningún sentido. Y en segundo lugar, que toda esta comida comercializada forma parte del sistema de precios y hace que los alimentos sean más caros y menos accesibles para la gente más pobre.

Si yo gestiono bien mis alimentos en casa, estoy contribuyendo a que la gente más pobre pueda tener acceso a los alimentos. Si lo pensamos, vemos como todo está conectado. Lo que yo hago en mi casa, realmente tiene que ver lo que pasa con aquella gente. Con esos ochocientos millones de personas que están pasando hambre en el mundo.

Un segundo ejemplo en este ámbito alimentario es el consumo de carne. El consumo de carne es bueno y necesario. La cuestión, como siempre es el abuso. Producir un kilo de carne, implica el consumo de entre diez y quince kilos aproximadamente de proteína vegetal. A nivel mundial esto se traduce en que una tercera parte de las tierras de cultivo las estemos utilizando para alimentar al ganado.

Y entramos de nuevo en el círculo: eso produce metano que es uno de los peores gases de efecto invernadero, la agricultura dedicada al consumo animal y no al consumo humano está detrás de la persistencia del hambre, etc.

De manera que si aprendemos a vivir de una manera más sostenible y más sencilla, desde lo necesario, sin ese consumismo voraz, seguramente mejorará nuestra calidad de vida y la de nuestros hermanos en todo el mundo.

Marcos, se han dado una serie de pasos, que no sé hasta qué punto son reales o sirven para el optimismo. La encíclica del papa Francisco, el anuncio de EE.UU. de reducir la emisión de gases contaminantes... De cara a esta reunión que habéis tenido y a la cumbre de París. ¿Se puede ser optimista?

Yo soy optimista.

¿Pero la voluntad existe más allá de las grandes palabras?

La agenda se ha puesto en escena en un escenario política. Y eso está imbuido de mucha parafernalia. Eso es verdad. Pero lo interesante es ver su proceso de construcción. Aquí han entrado en juego las opiniones y las voluntades de los países.

Ha sido un proceso a tres años de negociaciones, en el que finalmente se ha llegado por parte de ciento noventa y dos países a un consenso sobre una serie de elementos que yo creo que son cruciales, y pienso que esto es motivo para la esperanza.

En la agenda estamos hablando de diecisiete objetivos de desarrollo para los próximos quince años.

Que sustituyen a los Objetivos de Desarrollo del Milenio

Sí, los sustituyen, aquellos eran ocho y muy localizados en los temas tradicionales de pobreza. La agenda actual es mucho más ambiciosa porque tiene una visión sistémica. Detrás está la claridad conceptual de que en este mundo global todo está conectado. No podemos abordar las situaciones de pobreza y desigualdad que hay en este mundo si al mismo tiempo no abordamos las cuestiones medioambientales.

Esto no existía. Se retoman los objetivos de pobreza, de hambre, de salud y educación, los tradicionales , pero más ambiciosos, porque se plantea su erradicación, en vez de su reducción como hace quince años.

Junto con eso, tenemos unos objetivos vinculados directamente con la cuestión medioambiental. Hablamos de cambio climático, de biodiversidad, de la gestión de mares y océanos, de nuestro patrones de producción y de consumo, etc...

Hay otros objetivos que hacen alusión al desarrollo económico. Y a las instituciones, que al final tienen que estar detrás de un crecimiento realmente sostenible.

Nosotros subrayamos tres cosas que nos parece que son objeto de esperanza:

Es la primera vez que tenemos una agenda internacional donde el desarrollo y medio ambiente forman parte de una misma agenda y es aprobada por los políticos. Es un nuevo escenario.

Es la primera vez que aparece la cuestión de las desigualdades como un objetivo de una agenda política. He de decir que ha habido países que ha luchado para que no apareciese.

Equilibrar la balanza

Efectivamente, esto nos permite hablar en términos de justicia porque estamos hablando de distribución de los recursos, de acceso a los derechos, de calidad de vida. En un mundo que genera riqueza y donde buena parte del problema es la desigualdad y la accesibilidad.

Y un tercer aspecto, que es la cuestión de la universalidad. Por primera vez, una agenda se plantea en términos universales, lo cual quiere decir que no solamente se trata de focalizarnos en los países pobres para conseguir un mundo más justo y más sostenible. Eso solo es posible si al mismo tiempo todos los países con independencia de su nivel de desarrollo e industrialización se plantean abordar estos objetivos de una manera ambiciosa.

Por ejemplo, España no solo tiene que pensar en términos de su política de exteriores, sino que tendrá que pensar también en los mismos términos a nivel nacional. Y de hecho necesitamos en todos los estados estructuras nuevas que respondan a la complejidad de esta nueva agenda, para no seguir trabajando en compartimentos estancos.

Es un proyecto ambicioso y complicado de plasmar en la realidad. Y de encontrar a personas que sean capaces de hacerlo

Esa es la pregunta que está encima de la mesa. Lo hemos comprobado porque hemos tenido la oportunidad de compartir la opinión con muchas organizaciones de otros países: De qué manera y con qué estructura, va a dar respuesta la esfera política, a una agenda que excede con mucho lo que era la cooperación al desarrollo.

Ese es otro de los grandes cambios de esta nueva sociedad. No estamos hablando solamente de cooperación al desarrollo de norte a sur. Los ejes han cambiado. No sé si aún hay ejes, realmente.

El paradigma norte-sur ha desaparecido en esta agenda. La manera de abordarlo ya no puede mantener este esquema donde un norte rico aporta recursos a los pobres para que pueda vivir como nosotros.
Entre otras cosas porque nuestra manera de vivir es insostenible. No es universalizable. Necesitaríamos tres planetas para sostenerlo.

¿Las sociedades ricas están preparadas para "ser menos ricas"?

Yo creo que no. Solamente si conseguimos transmitir esto con mensajes positivos, vinculados con la calidad de vida, podremos conseguir algo. Tenemos que abandonar los mensajes apocalípticos, de destrucción.

Tenemos que aprender, y cito de nuevo al papa Francisco en su encíclica que habla de una espiritualidad ecológica: tenemos que aprender a reconocer dónde está la esencia de lo que significa ser humano, de dónde está la dignidad, de dónde está lo más importante de las relaciones humanas.

Entendernos como responsables y custodios del mundo y de las personas que lo habitan.

Y eso no se juega en el dinero que ganas ni en todo lo que consumes.
Si uno recupera esa esencia del ser humano es comprensible que se puede vivir de otra manera siendo profundamente feliz. Es lo que queremos transmitir ahora. Es uno de nuestro grandes desafíos.

Hablando del Papa, tú estuviste en Naciones Unidas cuando Francisco acudió a dar un discurso, uno de los grandes de su pontificado. ¿Qué ambiente se palpaba en la asamblea?

El ambiente era de nueva York, no de la asamblea. Respecto del Papa. Posiblemente había neoyorquinos que no sabían que se celebraba la Asamblea número setenta de Naciones Unidas. Pero que estaba el Papa, todo el mundo lo sabía y quería verlo y escucharlo.

Era la primera vez que iba al edificio de Naciones Unidas. Había mucha seguridad y debido a esto y a nuestra ignorancia, no teníamos el pase específico para estar allí. No lo vimos en vivo. Estábamos en el piso de abajo, en una sala grande donde habían nos dicho que iban a poner pantallas para poder escucharlo.

Al final estábamos allí casi solos, y no había pantallas. Lo que hicimos fue sacar nuestra tablet y conectarnos a internet para escuchar al Papa, que sabíamos que estaba arriba de nosotros. Fue todo muy emocionante. Podíamos escuchar los aplausos.

Lo más interesante es que su discurso recoge en buena parte de las ideas que plantea la encíclica en relación a las necesidades de trabajar de manera unida en la lucha contra la pobreza y el maltrato del medio ambiente.

Y sus mensajes fueron recogidos por los líderes políticos. Tuvimos la oportunidad, dentro de la sala general de la asamblea de escuchar a varios de ellos, de tomar nota de sus opiniones de cara a la agenda que se está elaborando.

Yo creo que casi un 80% de los líderes que allí hablaron, hicieron alusión a las palabras del papa. En este momento es un gran referente, no solo para los católicos sino para las personas de buena voluntad. Y que el Papa está diciendo palabras que son muy importantes y muy necesarias de cara a este mundo justo y sostenible que tenemos que construir.

Supongo que para una organización como es Manos Unidas que el Papa haya hecho hincapié justo en estos aspectos produce satisfacción y da fuerzas para continuar en el trabajo.

Para nosotros es una maravilla tener a este Papa y los textos que va produciendo. Son un refuerzo para el caminar que va haciendo Manos Unidas.

Hace unos años, cuando comenzamos a trabajar con cambio climático, hubo gente que se enfadó con nosotros, como si estuviéramos desnaturalizando nuestra propia institución.

Nosotros hemos ido aprendiendo. Sabíamos que el cambio climático a quien más afecta es a los más pobres, y este es motivo suficiente para poder estar ahí.

Gracias por lo que nos has contado y por recordarnos que todos somos responsables de lo que suceda en nuestro planeta. Me gustaría despedirme emplazándote para pasada la navidad, y comentar lo que salga de la cumbre de París. Y para analizar cómo empezar a trabajar en esos objetivos y en esta agenda.

Gracias a vosotros por la oportunidad de estar aquí, y poder ir transmitiendo en la medida de lo posible aquellas cosas que nos parecen relevantes para todos. Y entre todos ir construyendo un mundo mejor.

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