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El Papa, en el campo de refugiados de Bangui

"Que puedan vivir en paz, cualquier sea la etnia, la cultura, la religión"

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El Papa en un campo de refugiados de Bangui: "Porque todos somos hermanos, necesitamos la paz"

"La paz sin amor, sin amistad, sin tolerancia, sin perdón no es posible, no es posible"

José Manuel Vidal, 29 de noviembre de 2015 a las 11:48
Para esta gente, tocar al Papa vestido de blanco es como tocar a Dios
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El Papa saluda a una mujer en el campo de refugiados

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Francisco en Bangui, rodeado de cascos azules

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El Bangui que visita el Papa

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El Papa, en la RCA

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Papa, en un campo refugiados de Bangui

  • El Papa saluda a una mujer en el campo de refugiados
  • Francisco en Bangui, rodeado de cascos azules
  • El Bangui que visita el Papa
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  • Papa, en un campo refugiados de Bangui

(José M. Vidal).- Ya está en La República Centroafricana el Papa Francisco. En la etapa más arriesgada y más querida para él. El pastor al lado de sus ovejas más heridas. Y una de sus primeras visitas fue al campo de refugiados de San Salvador de Bangui. Allí, el Papa les deseó la paz, "la gran paz", porque "todos somos hermanos", independientemente de "la etnia, la cultura o la religión". Y para lograr la paz es necesaria "la amistad, la tolerancia y el perdón", les dijo.

Hasta en el campo de refugiados, el Papa rompe el protocolo y se acerca a la gente más que nunca, ante el nerviosismo de su servicio de seguridad.

La gente le canta, le habla, le abraza y el Papa se deja querer. Y también él les toca, les abraza, les sonríe y les lleva consuelo y sanación.

Tras saludar especialmente a niños y mutilados, una mujer le da la bienvenida. "Santidad, tráiganos la paz".

Y el Papa coge un micrófono e improvisa unas palabras que alguien traduce a la lengua local: "He leído lo que los niños han escrito: paz, amor, unidad. Nosotros tenemos que trabajar y rezar y hacer todo lo posible por la paz. La paz sin amor, sin amistad, sin tolerancia, sin perdón no es posible, no es posible".

"Cada uno de nosotros debe hacer algo. Les deseo la paz, la gran paz de Dios. Una gran paz para ustedes. Que puedan vivir en paz, cualquier sea la etnia, la cultura, la religión. A todos la paz, porque somos todos hermanos".

"Aquí estamos todos juntos y todos somos hermanos. Que todos digamos juntos, que todos somos hermanos. Otra vez. Una vez más"

"Os doy la bendición del Señor"

"Rezad por mí, rezad por mí

Y, tras rezar, el Papa vuelve a saludar a toda la fila de gente que está al borde del camino. COn todo el tiempo del mundo. Parándose con todos y cada uno. Y sus saludoss e convierten en la mejor palabra.

Y todos, niños y adultos, celebran que les ha tocado el Papa. Y lo hacen con su típico ulular y con chillidos emocionados. Tocar al Papa vestido de blanco es como tocar a Dios.

Antes, la primera actividad pública del Papa Francisco a su llegada a la República Centroafricana fue su encuentro con la clase dirigente y el cuerpo diplomático, tras la visita de cortesía a la Jefa del Estado de Transición, la Sra. Catherine Samba-Panza.

El Obispo de Roma afrontó tres temas principales, a saber: una casa común, una fase nueva y el empeño de la Iglesia.

Una casa común de todos los centroafricanos

El Papa Bergoglio comenzó su discurso hablando de la "casa común de todos los centroafricanos" y desarrolló su alocución en torno al concepto de unidad nacional. También aludió al segundo tema, hilo conductor de su intervención, refiriéndose a las diversas Misiones de las Organizaciones Internacionales y a su papel de solidaridad y cooperación entre los pueblos y las naciones. De ahí que el Pontífice los haya animado "vivamente a proseguir cada vez más por el camino de la solidaridad, deseando que su obra, junto a la acción de las Autoridades centroafricanas, ayude al país a progresar, especialmente en el ámbito de la reconciliación, el desarme, la consolidación de la paz, la asistencia sanitaria y la cultura de una sana administración en todos los niveles".

Una fase nueva

El Santo Padre manifestó su deseo de que "las diversas consultas nacionales que se mantendrán dentro de pocas semanas, permitan que el país emprenda serenamente una nueva fase de su historia". Una fase que pueda llevarse a cabo basada en los valores de la unidad, de la dignidad y del trabajo, que constituyen el lema de la República Centroafricana.

Unidad

"Se ha de vivir y construir teniendo en cuenta la maravillosa diversidad del mundo circundante - dijo el Papa - evitando la tentación de tener miedo de los demás, del que no nos es familiar, del que no pertenece a nuestro grupo étnico, a nuestras opciones políticas o a nuestra religión. La unidad requiere, por el contrario, crear y promover una síntesis de la riqueza que cada uno lleva consigo. La unidad en la diversidad es un desafío constante que reclama creatividad, generosidad, abnegación y respeto por los demás".

Dignidad

"Hay que hacer todo lo que sea posible para salvaguardar la condición y dignidad de la persona humana". Un empeño que - como dijo el Papa - se debe concretar en el "acceso a la educación y a la sanidad, la lucha contra la desnutrición y el esfuerzo por asegurar a todos una vivienda digna".

Y esto - añadió Francisco - debería estar en primer lugar para un desarrollo atento a la dignidad humana.

Trabajo

Además, el Papa dijo que el trabajo sirve para mejorar las condiciones de vida de las familias y para mejorar una tierra bendecida con abundantes recursos. Hablando de los recursos el Santo Padre también señaló la responsabilidad de los actores internacionales en África, por lo que afirmó:

"En este sentido, y remitiéndome a la Encíclica Laudato si', me gustaría llamar la atención de todos, ciudadanos, autoridades del país, socios internacionales y empresas multinacionales, acerca de la grave responsabilidad que les corresponde en la explotación de los recursos medioambientales, en las opciones y proyectos de desarrollo, que de una u otra manera afectan a todo el planeta. La construcción de una sociedad próspera debe ser una obra solidaria".

El empeño de la Iglesia

Por último, el Papa subrayó que la historia de la evangelización de esta tierra y la historia socio-política atestigüen el empeño de la Iglesia por la unidad, la dignidad y el trabajo.

"Recordando a los pioneros de la evangelización de la República Centroafricana, saludo a mis hermanos obispos, responsables de continuarla en la actualidad. Junto a ellos, renuevo el propósito de esta Iglesia particular de contribuir cada vez más a la promoción del bien común, especialmente a través de la búsqueda de la paz y la reconciliación".

Y añadió que no tiene dudas en que las autoridades centroafricanas, actuales y futuras, se esforzarán sin descanso para garantizar a la Iglesia condiciones favorables para el cumplimiento de su misión espiritual a fin de contribuir más aún a "promover a todos los hombres y a todo el hombre", como se lee en la Populorum progressio, utilizando la feliz expresión de su predecesor, el beato Pablo VI, que hace casi 50 años fue el primer Papa de los últimos tiempos que visitó África, para alentarla y confirmarla en el bien, en el alba de un nuevo amanecer.

Texto íntegro del discurso del Santo Padre durante el Encuentro con las autoridades y el Cuerpo diplomático en Bangui:

Excelentísima Jefa del Estado de Transición, Distinguidas autoridades, Miembros del Cuerpo Diplomático, Representantes de Organizaciones internacionales,Queridos hermanos Obispos, Señoras y señores:

Lleno de alegría por encontrarme con ustedes, quiero en primer lugar expresar mi profundo agradecimiento por la afectuosa acogida que me han dispensado y agradezco a la excelentísima Jefa del Estado de Transición por su amable discurso de bienvenida. Desde este lugar, que de alguna manera es la casa de todos los centroafricanos, y a través de usted y de las demás autoridades del país aquí presentes, me complace manifestar mi simpatía y cercanía espiritual a todos sus conciudadanos. Saludo también a los miembros del Cuerpo Diplomático y a los representantes de las organizaciones internacionales, cuyo trabajo evoca el ideal de solidaridad y de cooperación que se ha de promover entre los pueblos y las naciones.

En este momento en que la República Centroafricana se encamina, poco a poco y a pesar de las dificultades, hacia la normalización de su vida social y política, piso por primera vez esta tierra, siguiendo los pasos de mi predecesor san Juan Pablo II. Vengo como peregrino de la paz, y me presento como apóstol de la esperanza. Por este motivo, felicito a las diversas autoridades nacionales e internacionales, con la Jefa del Estado de Transición a la cabeza, por los esfuerzos que han realizado para dirigir el país en esta etapa. Deseo ardientemente que las diferentes consultas nacionales, que se celebrarán en las próximas semanas, permitan al país entrar con serenidad en una nueva etapa de su historia.

El lema de la República Centroafricana, que resume la esperanza de los pioneros y el sueño de los padres fundadores, es como una luz para el camino: «Unidad - Dignidad - Trabajo». Hoy más que nunca, esta trilogía expresa las aspiraciones de todos los centroafricanos y, por tanto, es una brújula segura para las autoridades que han de guiar los destinos del país. Unidad, dignidad, trabajo. Tres palabras cargadas de significado, cada una de las cuales representa más una obra por hacer que un programa acabado, una tarea que llevar a cabo sin cesar.

En primer lugar, la unidad. Como todos saben, éste es un valor fundamental para la armonía de los pueblos. Se ha de vivir y construir teniendo en cuenta la maravillosa diversidad del mundo circundante, evitando la tentación de tener miedo de los demás, del que no nos es familiar, del que no pertenece a nuestro grupo étnico, a nuestras opciones políticas o a nuestra religión. La unidad requiere, por el contrario, crear y promover una síntesis de la riqueza que cada uno lleva consigo. La unidad en la diversidad es un desafío constante que reclama creatividad, generosidad, abnegación y respeto por los demás.


Después, la dignidad. Este valor moral, sinónimo de honestidad, lealtad, bondad y honor, es el que caracteriza a los hombres y mujeres conscientes de sus derechos y de sus deberes, y que lleva al respeto mutuo. Cada persona tiene una dignidad. He escuchado con agrado que la República Centroafricana es el país «Zo Kwe zo», el país donde cada uno es una persona. Hay que hacer lo que sea para salvaguardar la condición y dignidad de la persona humana. Y el que tiene los medios para vivir una vida digna, en lugar de preocuparse por sus privilegios, debe tratar de ayudar a los pobres para que puedan acceder también a una condición de vida acorde con la dignidad humana, mediante el desarrollo de su potencial humano, cultural, económico y social. Por lo tanto, el acceso a la educación y a la sanidad, la lucha contra la desnutrición y el esfuerzo por asegurar a todos una vivienda digna, ha de tener un puesto principal en un plan de desarrollo que se preocupe de la dignidad humana. En última instancia, la grandeza del ser humano consiste en trabajar por la dignidad de sus semejantes.

La tercera, el trabajo. A través del trabajo ustedes pueden mejorar la vida de sus familias. San Pablo dijo: «No corresponde a los hijos ahorrar para los padres, sino a los padres para los hijos» (2 Co 12,14). El esfuerzo de los padres pone de manifiesto su amor por los hijos. Ustedes, centroafricanos, pueden mejorar esta maravillosa tierra, usando con responsabilidad sus múltiples recursos. Su país se encuentra en una zona que, debido a su excepcional riqueza en biodiversidad, está considerada como uno de los dos pulmones de la humanidad. En este sentido, y remitiéndome a la Encíclica Laudato si', me gustaría llamar la atención de todos, ciudadanos, autoridades del país, socios internacionales y empresas multinacionales, acerca de la grave responsabilidad que les corresponde en la explotación de los recursos medioambientales, en las opciones y proyectos de desarrollo, que de una u otra manera afectan a todo el planeta. La construcción de una sociedad próspera debe ser una obra solidaria. La sabiduría de sus gentes ha comprendido siempre esta verdad y la ha expresado en este refrán: «Aunque pequeñas, las hormigas son muchas y por eso almacenan un gran botín en su nido».

Sin duda resulta superfluo hacer hincapié en la importancia crucial que tiene la conducta y la gestión de las autoridades públicas. Ellas deben ser las primeras que han de encarnar en sus vidas con coherencia los valores de la unidad, la dignidad y el trabajo, y ser un ejemplo para sus compatriotas.

La historia de la evangelización de esta tierra y la historia socio-política del país dan fe del compromiso de la Iglesia con los valores de la unidad, la dignidad y el trabajo. Recordando a los pioneros de la evangelización de la República Centroafricana, saludo a mis hermanos obispos, responsables de continuarla en la actualidad. Junto a ellos, renuevo el propósito de esta Iglesia particular de contribuir cada vez más a la promoción del bien común, especialmente a través de la búsqueda de la paz y la reconciliación. No me cabe duda de que las autoridades centroafricanas, actuales y futuras, se esforzarán sin descanso para garantizar a la Iglesia unas condiciones favorables para el cumplimiento de su misión espiritual. Así podrá contribuir todavía más a «promover a todos los hombres y a todo el hombre» (Populorum progressio, 14), por usar la feliz expresión de mi predecesor, el beato Papa Pablo VI, que hace casi 50 años fue el primer Papa de los últimos tiempos que vino a África, para alentarla y confirmarla en el bien, en el alba de un nuevo amanecer.

Por mi parte, deseo ahora reconocer los esfuerzos realizados por la Comunidad internacional, aquí representada por el Cuerpo diplomático y los miembros de varias Misiones de las organizaciones internacionales. Les animo fervientemente a que sigan avanzando todavía más en el camino de la solidaridad, con la esperanza de que su compromiso, unido al de las Autoridades centroafricanas, sirva para que el país progrese, sobre todo en la reconciliación, el desarme, la preservación de la paz, la asistencia sanitaria y la cultura de una buena gestión en todos los ámbitos.

Por último, me gustaría expresar de nuevo mi alegría por visitar este hermoso país, que situado en el corazón de África está habitado por un pueblo profundamente religioso y con un rico patrimonio natural y cultural. Veo que es un país bendecido por Dios. Que el pueblo de Centroáfrica, así como sus líderes e interlocutores, aprecien el verdadero valor de estos dones, trabajando sin cesar por la unidad, la dignidad humana y la paz basada en la justicia. Que Dios los bendiga a todos. Gracias.

 



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