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Fieles protestan en Kinshasha Agencias
Las autoridades cortaron los servicios de internet y de mensajería de texto para evitar que los católicos, que componen en torno al 40 por ciento de la población, puedan seguir coordinando sus acciones de protesta

La policía y soldados del Ejército de la República Democrática del Congo irrumpieron este domingo en una misa y lanzaron gases lacrimógenos, además de disparar al aire, en un aparente intento por evitar que los feligreses se sumaran a una protesta contra el Gobierno del presidente Joseph Kabila, a la que los sacerdotes habían llamado a plegarse durante el curso de la jornada.

Kinhasa amaneció bajo un fuerte operativo de seguridad, con la instalación de puestos de control en distintos lugares de la capital congoleña. El objetivo de los católicos era sumarse a las marchas "pacíficas" que estaban convocadas justo un año después de la firma del Acuerdo de San Silvestre, que exigía que se celebraran elecciones antes de fines de 2017. Esto no ocurrió y, de hecho, el Gobierno prohibió cualquier protesta de carácter político.

Según los primeros reportes, al menos 12 curas y monaguillos fueron detenidos. Además, las autoridades cortaron los servicios de internet y de mensajería de texto para evitar que los católicos, que componen en torno al 40 por ciento de la población, puedan seguir coordinando sus acciones de protesta. Asimismo, los agentes advirtieron que dispersarán cualquier reunión donde haya más de cinco personas. Otros informes entregados por Human Rights Watch aseguran que cuatro personas murieron tiroteadas por las fuerzas de seguridad.

"Mientras estábamos rezando, los soldados y policías entraron a la iglesia disparando gases lacrimógenos y nos dispersaron", dijo a la agencia EFE un feligrés de la iglesia de San Miguel. "Mucha gente se cayó al piso, los paramédicos trataban de reanimar a señoras mayores que se desmayaron, pero el sacerdote no paró la misa", agregó una mujer identificada como Chantal. Escenas similares se vivieron en la Catedral de Notre-Dame en Gombe, al norte de Kinhasa.

Junto a grupos opositores, los católicos exigen que Kabila dé pie atrás en su intención de reformar la Constitución para volver a presentarse como candidato y, además, presente su inmediata dimisión y libere a todos los presos políticos. El malestar social ha crecido desde que la Comisión Electoral anunció que las elecciones se realizarán recién el 23 de diciembre de 2018, aun cuando debían haberse llevado a cabo en diciembre de 2016.

Kabila se mantiene en el cargo desde la muerte de su padre en 2001 y ya se ha presentado a dos elecciones.

(RD/Agencias)