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El benedictino Andrew Soper Agencias
La amenaza y la imposición de la violencia eran constantes. No podías evitarla: era completamente habitual

(C.D./RT).- "He intentado muchas veces quitarme la vida porque no puedo soportarlo más. Aún oigo su voz en la cabeza. Aún le puedo ver. Tengo visiones y pesadillas". Este es el testimonio desgarrador de una de las al menos diez víctimas de Andrew Soper, el antiguo director del colegio de San Benedicto de Londres, quien se convirtió días antes de Navidad en el sacerdote católico de mayor rango condenado hasta el momento por pedofilia en el país.

Tras la condena a 18 años de cárcel de Soper, el pasado día 21 de diciembre, otro hombre que de niño sufrió abusos en el colegio se ha pronunciado, en declaraciones al periódico británico The Guardian, sobre la "cultura de la violencia" existente en esa institución.

"La amenaza y la imposición de la violencia eran constantes. No podías evitarla: era completamente habitual", testificó la víctima ante un tribunal londinense contra el sacerdote, conocido como padre Laurence, quien llegó tras su paso por el colegio de San Benedicto a convertirse en el abad de Ealing.

"No había ni un solo día en el que no hubiera una cola de chicos frente al despacho [de Soper] esperando ser castigados con la vara", recordó.

Abusaba de niños "todo lo que podía"

Peter, según se presentó el testigo, hijo de una pareja de devotos católicos, ganó una plaza con cuota en San Benedicto en 1979, cuando contaba con 11 años. En su declaración, calificó de "choque cultural" la situación a la que se enfrentó al llegar desde "una escuela primaria normal y tranquila".

En los dos años que pasó como alumno en la escuela católica, el padre Laurence le "abusaba todo lo que podía". A menudo lo enviaban al despacho del sacerdote para que lo castigase con la vara. Después de cada golpe, Soper abusaba sexualmente a Peter, afirma el diario, mientras que él "no podía creer que un cura pudiera hacer eso".

Estas prácticas abusivas se reflejaron en el comportamiento de Peter, que entró en una "espiral descendiente" y hasta que le pidieron abandonar la escuela a los dos años de entrar. Para él fue un alivio volver a un colegio estatal, donde nadie le pegaba.

El cura fugitivo

El hombre no presentó su denuncia contra Soper hasta 2010, seis años después de que surgieran las primeras acusaciones contra el sacerdote. Para aquel entonces, el padre Laurence ya se había retirado de la abadía de Ealing y estaba trabajando en la sede central de la orden benedictina en Roma.

En el 2011, antes su cuarta cita para un interrogatorio policial, sacó 182.000 libras de cuentas del Vaticano y se dio a la fuga, escondiéndose en Kosovo. Cinco años después, fue extraditado para comparecer ante la Justicia británica.

Durante años, Peter pensaba que nadie iba a confiar en su palabra contra la de un cura. El abuso "era aceptado, era una norma, una rutina". En un momento derminado, se dio cuenta de que lo que sufría "le había ocurrido a una multitud de chicos antes que a él y le ocurriría después a muchos otros chicos". El hombre dice ahora que le es imposible evaluar el impacto que esa época tuvo sobre su vida posterior.