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La tragedia de los cristianos de Gaza Agencias
Para el padre Da Silva, la situación actual "quizás sea la peor" que haya vivido en los seis años que lleva de servicio

"Los pastores de la Iglesia buscan y hallan el tiempo para visitar la grey" de Gaza, lugar donde una grave crisis humanitaria aflige a la población entera, de casi dos millones de personas. Para la pequeña comunidad cristiana, la visita de los líderes cristianos "es una gran gracia", y "una buena esperanza" la de que el compromiso de la Iglesia los ayude a permanecer en Gaza, creando puestos de trabajo. Es lo que cuenta a AsiaNews el sacerdote Mario Da Silva, quien se desempeña hace seis años como párroco de la Franja.

Para el padre Da Silva, la situación actual "quizás sea la peor" que haya vivido en los seis años que lleva de servicio. "La electricidad ya ha sido reducida a sólo tres horas por día. Ya era difícil antes, cuando había ocho horas, pero ahora es incluso peor. No hay agua, porque a veces ésta no llega, y cuando llega, no siempre hay suficiente energía eléctrica para impulsarla hasta los tanques", cuenta el párroco. Otro grave problema es la falta de trabajo y los sueldos, que no llegan: "la Autoridad palestina ha jubilado a aproximadamente 20.000 empleados... el trabajo ya era un problema antes, con cerca de 45% de la población desocupada".

Además, Gaza sigue siendo "una gran prisión" en la cual "no ingresa nada": "El otro día estuve en el cruce de Rafah, donde me han dicho que pasan poquísimos camiones con medicamentos, comida o mercaderías, todas cosas que necesitamos para vivir. Los pasos de frontera están cerrados, todos. En Erez no se puede pasar, y el de Egipto sólo se abre cada dos meses, y sólo por tres días". A fines de febrero, "debían abrirlo por cuatro días, pero lo abrieron un día solamente. Hay 30.000 personas que quieren salir, pero sólo pasarán al otro lado 400 personas".

Un sufrimiento frente al cual los pastores de la Iglesia no son indiferentes. En los últimos dos meses, una treintena de obispos provenientes de "todo el mundo" -"de países africanos, de Francia Inglaterra, Estados Unidos..."- han ido de visita a la Franja de Gaza, para ver con sus propios ojos cuál es la situación, e informar de ello a sus respectivas conferencias episcopales.

La semana pasada, llegó a Gaza el nuevo delegado apostólico de Jerusalén, monseñor Leopoldo Girelli, y también se prevé la visita del patriarca emérito, Michel Sabbah. Después de la misa dominical, los líderes religiosos hacen una reunión con los parroquianos, que relatan los sufrimientos que deben atravesar todos los días. El nuncio también ha ido a visitar a las familias cristianas y musulmanas de los 45 niños minusválidos que están bajo el cuidado de las monjas de la Madre Teresa. "Un trabajo hermosísimo", cuenta el padre Da Silvia, "a favor de familias muy pobres".

El primer grupo de 15 obispos llegó a Gaza el 11 de enero. "Con ellos tuvimos una bellísima reunión con los jóvenes. Estos jóvenes que se están marchando, que buscan un futuro mejor lejos de Gaza. Han hablado de sus problemas, de los motivos que los llevan a marcharse".

Lo mismo se repitió con la visita de una decena de obispos de los Estados Unidos, el 24 de enero.

"La conclusión a la que llegaron es que los jóvenes se marchan porque aquí no vislumbran un futuro, porque no tienen un trabajo fijo. Muchos de ellos son ingenieros, abogados, contadores, médicos, farmaceúticos. Pero aquí no encuentran trabajo. Si no hay futuro, si Gaza no puede ofrecerles nada, se van".

Por esto, los prelados y las instituciones que los han acompañado, se han comprometido a poner en marcha proyectos para generar trabajo: "Para nosotros es una buena esperanza. Es parte de la tarea de la Iglesia, que a través de institutos como el patriarcado, el Pontificial Mission, trata de dar trabajo, principalmente a los jóvenes. Ya son 25 los que trabajan -pagados por la Iglesia- en instituciones cristianas, como la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa, el hospital cristiano, las escuelas del Patriarcado, y las escuelas del Patriarcado latino".

Pero sigue presente el temor de que la comunidad cristiana se desvanezca. "Estoy muy preocupado, porque los números reflejan una situación catastrófica. En 2005, la comunidad cristiana de aquí era de 3.000-3.500 personas, hay quienes incluso refieren 4.000; hoy, estamos hablando de 1.000 cristianos, que suman católicos y ortodoxos. En una década se han marchado 3.000 cristianos".

(RD/AsiaNews)