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Monseñor John McAreavey Irish Times
El obispo McAreavey se ha convertido en el sexto miembro de la jerarquía norirlandesa en presentar su dimisión en los últimos años

(Cameron Doody).- Un obispo norirlandés ha renunciado, tras recibir un aluvión de críticas por su gestión de un escándalo de abusos. Monseñor John McAreavey, obispo de Dromore, dimitió de su puesto, después de que saliera a la luz que había concelebrado una Misa con un sacerdote que había sido apartado de su cargo por agresiones sexuales, físicas y emocionales a doce personas al menos. 

Tal y como recoge la BBC, en un comunicado que hizo público la semana pasada, el obispo McAreavey declaró: "Tras las informaciones publicadas en los medios que han perturbado y entristecido a muchas personas en la diócesis y más allá, he decidido renunciar con carácter inmediato".

La decisión del prelado se produce tras semanas de protestas por parte de los laicos de Dromore que culminaron en un reportaje televisivo a finales del mes pasado que detalló no solo cómo McAreavey había participado en una eucaristía pública con el cura pederasta Malachy Finnegan -y eso después de que éste fuera mandado a tratamiento por los abusos que cometió- sino también cómo el prelado decidió no hacer público los detalles de la investigación de Finnegan, que su predecesor como obispo de Dromore había iniciado.

Las protestas de laicos contra McAreavey habían llegado a tal punto que muchos padres dijeron que no querían que el obispo presidiera en las ceremonias de confirmación de sus hijos, o que no pisarían nunca más la casa parroquial en Hilltown donde e cometieron los abusos.

Aunque el padre Finnegan nunca fue llevado ante la justicia antes de morir en 2002, sí fue investigado por el Consejo Nacional por la Protección de Menores: un organismo católico cuyas conclusiones deberían haber sido utilizadas más eficazmente por el obispo McAreavey, según los detractores de éste.

En años recientes, la Iglesia irlandesa ha sido sacudida por una multitud de acusaciones de abusos cometidos por sacerdotes y de negligencia por parte de los obispos que los encubrieron. El obispo McAreavey se ha convertido en el sexto miembro de la jerarquía en presentar su dimisión ante la presión de fieles cada vez más determinados a lograr justicia para las víctimas de agresiones perpetradas por el clero.