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Mundo
El Vaticano denuncia los millones de niños "atrapados en situaciones vulnerables"
Un pueblo que no cuida a sus ancianos, a sus niños y a su juventud no tiene futuro, porque maltrata tanto la memoria como la promesa

(C. Doody/Aica).- Conflictos armados, crisis locales, desastres naturales... en 2017, 535 millones de niños se vieron afectados por desastres humanitarios en el mundo. Una cruel estadística que preocupa al Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU en Ginebra, Ivan Jurkovič, quien ha recordado que "todos los ciudadanos de este mundo tienen la responsabilidad de cuidar la seguridad y la salud física y emocional de niños, que constituyen el futuro de nuestra sociedad".

Con miras al 70° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que tiene lugar este año, el prelado exhortó a la comunidad internacional, a los gobiernos y a la sociedad civil a colaborar sin poner condiciones en la protección de la infancia con la conciencia de que "el futuro está en las manos de los niños".

"Un pueblo que no cuida a sus ancianos, a sus niños y a su juventud no tiene futuro, porque maltrata tanto la memoria como la promesa", afirmó el Observador Permanente ante la ONU en Ginebra citando las palabras del Papa Francisco en el discurso a los participantes en la Semana Social de los católicos italianos en el 2013.

En efecto, mencionando el Informe del Alto Comisionado sobre la protección de los derechos del niño en situaciones humanitarias, el prelado evidencia que aunque "se ha avanzado en este sentido", es preocupante constatar que en 2017 alrededor de "535 millones de niños se vieron afectados por desastres humanitarios"; "conflictos armados, crisis locales y desastres naturales debidos al cambio climático que están creando oleadas de refugiados, migrantes y desplazados internos y personas que sufren todos los días".

Monseñor Jurkovič describe la situación de muchos niños inocentes "atrapados en situaciones vulnerables sólo porque viven en las partes más pobres del mundo, pertenecen a minorías étnicas o religiosas, son refugiados o migrantes, a veces no acompañados o sufren discapacidades". La mayor parte de ellos, enfatizó, "corren el riesgo de ser víctimas de individuos u organizaciones sin escrúpulos, sufren abusos, contrabando, tráfico sexual o esclavitud laboral, o extracción de órganos, o incluso reclutamiento como soldados".

El arzobispo señaló asimismo que "los derechos humanos a la educación y la salud conforman el futuro de cada niño. Sin embargo los niños no pueden beneficiarse de estos y otros derechos humanos a menos que estén registrados al nacer. Si no se reanuda un camino adecuado de educación y desarrollo, estos niños corren el riesgo de convertirse en una generación perdida". Para evitar esto, el Observador Permanente ante la ONU indica la "prevención" como la mejor medicina, posible "con el acceso a la ciudadanía, a la salud, a la educación y promoviendo una cultura de respeto de los derechos humanos y la dignidad humana de cada niño".

"El marco legal para proteger a los niños está ya definido, y sólo necesita ser aplicado", aseguró Jurkovič.

Finalmente, el prelado exhortó a rechazar la cultura del descarte "que plaga nuestro mundo y alimenta las tendencias hacia la avaricia, la corrupción, la violencia, la guerra y la degradación ambiental".