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El abrazo histórico entre Kirill y Francisco en La Habana en 2016 L'Osservatore
En este momento se está desarrollando una intensa labor para que otra reunión entre Francisco y Kirill pueda realizarse en un futuro próximo

(C. Doody/AsiaNews).- "Excepcionalmente positivo". Así es cómo se muestra el Papa Francisco acerca de una posible visita a Bielorrusia quizás tan pronto como este septiembre, momento en el que ya tiene confirmado un viaje a las vecinas Letonia, Lituania y Estonia, según ha revelado el nuncio en Minsk, Gabor Pinter.

Es más, el pontífice podría aprovechar dicha evntual visita, para encontrarse de nuevo con el patriarca de Moscú, Kirill, dos años después de su histórica reunión en La Habana.

Tal como sucedió el 12 de febrero de 2016, cuando Papa y patriarca entrecruzaron sus respectivos itinerarios de visita a las Américas, también ahora se perfila una oportunidad otoñal, viendo la cercanía de los viajes de Francisco por los países bálticos (del 22 al 25 de septiembre) y de Kirill a Bielorrusia, programada para el próximo 13 de octubre.

De la posible visita del Papa a Bielorrusia ya había hablado, recientemente, el arzobispo de Minsk, Tadeusz Kondrusiewicz, al recibir en la capital bielorrusa a fines de septiembre a los presidentes de la CCEE (Consejo de Conferencias Episcopales de Europa) que estaban reunidos para su sesión plenaria anual.

En dicha ocasión, el presidente del país, Aleksandr Lukašenko, también se había expresado a favor de una visita papal, e incluso a la posibilidad de un nuevo encuentro bajo su égida, entre el Papa y el Patriarca de Moscú. En Minsk, en efecto, se firmaron los únicos acuerdos entre dos países en conflicto, Rusia y Ucrania, que no han hecho más que mitigar los enfrentamientos de la guerra, que desde entonces pasó a denominarse "de baja intensidad" o "híbrida".

La Rusia Blanca siempre ha sido un terreno de mediación entre las otras dos mayores estirpes de los eslavos orientales, la Grande y la Pequeña Rusia (Ucrania). El mismo Lukašenko está en el poder desde 1994, apenas después del comunismo, y cinco años antes del mismísimo Putin; sus "súbditos" lo llaman bat'ka, "padrino", y no despreciaría la ocasión de sellar el cuarto de siglo en el poder con una gran iniciativa de paz entre pueblos y religiones.

  

En los últimos días, la noticia de la visita otoñal de Kirill ha hecho que se difundiera la sugestiva hipótesis del encuentro entre los dos líderes en esta tierra, donde católicos y ortodoxos se confrontan y sostienen mutuamente de un modo mucho más positivo que en otra parte. En efecto, Bielorrusia nace de la historia de la Polonia latina y de la Rusia bizantina, e incluso hoy, de los 10 millones de personas que constituye su población, la minoría católica cuenta con 3 millones de fieles; la capital, Minsk, una metrópoli de 3 millones de habitantes, es uno de los lugares más "mixtos", donde conviven las dos principales confesiones cristianas.

Incluso el metropolita de Minsk, Pavel (Ponomarev), Exarca de la Iglesia ortodoxa bielorrusa en comunión con Moscú, ha declarado estar interesado en la hipótesis de la visita papal; haciendo, además, una profesión de humildad: "En lo que respecta a la visita del Pontífice a Bielorrusia, se trata de una cuestión que deben evaluar el jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa y el de la Católica. No es algo que competa a nuestro nivel, ni siquiera al nivel de las relaciones inter-confesionales, sino que atañe a un nivel puramente eclesial. Apenas el Papa de Roma discuta la posibilidad de efectuar una visita con el patriarca, nos harán saber a qué nivel debemos colocarnos nosotros".

El nuncio en Bielorrusia, el arzobispo húngaro Gabor Pinter, ha declarado ante la prensa que aunque el Papa se ha mostrado entusiasmado por la posibilidad de una visita a Minsk, por el momento no hay fechas ni programas precisos. De todas maneras, el diplomático ha precisado que "en este momento se está desarrollando una intensa labor para que tal evento pueda realizarse en un futuro próximo".

La visita del Papa incluso podría celebrar una forma de "concordato" entre la Iglesia católica y la República de Bielorrusia, que está en una etapa de discusión entre las dos partes. Los católicos locales buscan obtener los mismos derechos que la Iglesia Ortodoxa, cuyo acuerdo oficial con el Estado fue el modelo de aquél que actualmente es objeto de tratativas.

En el mismo se reconocería el histórico rol del catolicismo en la cultura y en la formación de las tradiciones del país, que, históricamente ha sido la frontera entre Occidente y Oriente. Además de afirmar los derechos de agregación y de formación de las estructuras eclesiásticas propias, a los católicos se les daría plena libertad para desarrollar actividades sociales, educativas y caritativas a todo nivel, en armonía con los mismos ortodoxos.

En síntesis, Bielorrusia podría funcionar como modelo de relaciones ecuménicas, sobre todo en una región que siempre ha estado atravesada por fuertes tensiones y conflictos étnico-religiosos.