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El cardenal Willem Eijk de Utrecht Agencias
El Santo Padre debería haber dado a la delegación de la Conferencia Episcopal Alemana directivas claras, basadas en la clara doctrina y práctica de la Iglesia

(Cameron Doody).- La postura del Papa sobre la intercomunión de los protestantes es una señal de los tiempos del Anticristo. Esa es la opinión del cardenal Willem Jacobus Eijk, quien ha arremetido contra el pontífice por la respuesta "completamente incomprensible" a los obispos alemanes que propusieron esta medida.

En un artículo en el National Catholic Register, el arzobispo de Utrecht reflexiona sobre la reciente reunión de prelados germanos en el Vaticano, en la que Francisco emplazó a los obispos alemanes a "encontrar, en un espíritu de comunión eclesial, un resultado unánime" sobre si las parejas protestantes de fieles católicos pueden comulgar o no.

Una respuesta "completamente incomprensible" para Eijk, porque "la práctica de la Iglesia católica se basa en su fe y no está determinada por los votos de la mayoría de una Conferencia Episcopal, aunque sean unánimes, ni cambia de manera estadística con esos votos".

"El Santo Padre debería haber dado a la delegación de la Conferencia Episcopal Alemana directivas claras, basadas en la clara doctrina y práctica de la Iglesia", prosigue el purpurado holandés. Cita como base para su argumento el canon 844 del Código de Derecho Canónico, que establece que la única "necesidad grave" que legitima que los protestantes comulguen es la de peligro de muerte, y no la "angustia espiritual seria" que alegaron los obispos alemanes.

"Al observar que los obispos y, sobre todo, el Sucesor de Pedro, no logran mantener y transmitir fielmente y en la unidad el depósito de la fe contenido en la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura no puedo evitar pensar en el Artículo 675 del Catecismo de la Iglesia Católica", lamenta Eijk.

Dicho artículo (en su artículo) reza así:

El último juicio de la Iglesia

Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el "misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad.

Aunque el cardenal acaba aquí la cita, el párrafo prosigue: "La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Ts 2, 4-12; 1 Ts 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22)".

O, lo que es lo mismo: un sonoro bofetón a un Papa que no ha hecho más que propiciar el diálogo sobre una propuesta que fue aprobada por los obispos alemanes con una mayoría de tres cuartos. Y un significativo cambio de actitud de Eijk, quien hace escasos meses sostenía que "Francisco nunca ha dicho nada que sea contrario a la doctrina de la Iglesia".