• Director: José Manuel Vidal
Mundo
El cardenal Brandmüller celebra una misa
La Iglesia vive según las "formas, estructuras y leyes que le fueron dadas por su Fundador Divino y que ningún hombre, papa o concilio tiene el poder de cambiar"

(Cameron Doody).- Uno de los cardenales de los dubia contra el Papa, Walter Brandmüller, ha vuelto a pasar al ataque. El Presidente emérito del Comité Pontificio de Ciencias Históricas ha proclamado, sin pelos en la lengua, que quien defiende la ordenación de mujeres "cumple las condiciones de herejía, que tiene, como su consecuencia, la exclusión de la Iglesia: la excomunión".

El purpurado ha escrito una tribuna en Die Tagespost en la que lamenta que "con qué insistencia se mantienen con vida ciertos temas en el catolicismo alemán". Temas como "el sacerdocio femenino, el celibato, la intercomunión, el matrimonio después del divorcio", o el reciente "'sí' de la Iglesia a la homosexualidad". Para el cardenal, que se sigan hablando de estas cuestiones no producirá una "primavera católica", como pretenden algunos, sino un largo invierno. Al igual que ha sucedido en la Iglesia evangélica alemana, las innovaciones podrían tener "el efecto de vaciar las iglesias".

El blanco inmediato del ataque del cardenal Brandmüller es Annegret Kramp-Karrenbauer, mano derecha de Angela Merkel. En una entrevista con Die Zeit, la política reclamó una "cuota rosa" en la jerarquía eclesial, y la ordenación de mujeres. Algo imposible, subraya el purpurado alemán, puesto que la Iglesia vive según las "formas, estructuras y leyes que le fueron dadas por su Fundador Divino y que ningún hombre, papa o concilio tiene el poder de cambiar".

Brandmuller asegura que el Papa Juan Pablo II resolvió la cuestión de forma definitiva en su exhortación Ordinatio sacerdotalis. Un dogma "que ha sido evidente durante 2.000 años, pero que ha sido impugnado en tiempos recientes por activistas feministas".

Y como el veto a la ordenación de mujeres es un dogma, añade el cardenal, quienes la defienden "han dejado la base de su fe", y han caído en excomunión. No solo los laicos, sino también "aquellos que ostentan cargos en la Iglesia". Hechos que el purpurado no puede hacer más que lamentar, preguntándose: "¿Cómo es que desde los días de la revolución de 1968 estos temas se discuten una y otra vez, hasta la saciedad, a pesar de que ya se hayan dado respuestas teológicas y magisteriales claras?".