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¿La Iglesia puede 'bendecir' a las criptodivisas como bitcoin? RD
Ciertamente no hay nada fundamental a la doctrina eclesial que sugiera que el dinero deba vincularse siempre a un sistema bancario, así que esto no debe ser una preocupación en sí mismo

(Cameron Doody).- Desde San Pablo hasta el Papa Francisco, el dinero ha ocupado un lugar central en el pensamiento de la Iglesia. "El amor al dinero es la raíz de todos los males", dice el apóstol en su primera Carta a Timoteo. "El dinero tiene que servir, no reinar", dice Bergoglio. Pero, ¿cómo entiende el dinero la teología? Y ¿cuál debe ser la postura de la Iglesia ante las criptomonedas, el dinero del siglo XXI?

Para el economista inglés Philip Booth, no hay ninguna razón por la que la Iglesia deba oponerse a las monedas electrónicas como Bitcoin o Ethereum. En términos sencillos, estas monedas ni se acuñan ni se imprimen como monedas tradicionales -ni están controladas por autoridades centrales- sino que la gente las genera solucionando problemas matemáticos con algoritmos informáticos. Aunque por su descentralización y archivos cifrados las criptodivisas han cosechado ya cierta fama como refugio de estafadores, narcotraficantes y blanqueadores de dinero, Booth dice que "ésta no es ninguna razón para oponerse a las criptomonedas en sí".

Bitcoin, Ethereum y los demás criptoactivos cumplen, según el economista, con los requisitos básicos para considerarse como moneda. Es un bien que se puede usar para adquirir otros bienes. También se acepta ya en muchos entornos, o al menos online.

Una dificultad con las criptomonedas surge, no obstante, porque a diferencia del oro, por ejemplo, no es una reserva de valor intrínseco. Pero tampoco lo son ya los dólares o los euros -habiéndose apartado estas monedas del patrón oro desde la década de los 70- con lo que, para Booth, "si la Iglesia condena a las criptomonedas por esta razón, debe ser consistente y pedir que se vuelva a monedas respaldadas por el oro".

Otro problema con las criptomonedas, explica el economista, viene porque "nos hemos acostumbrado a que el dinero sea proporcionado por bancos supervisados por un Banco Central gubernamental", una institución que no se da en la nueva tecnología. Aún así, observa, no siempre ha sido así en la historia humana, con la gente, en diferentes tiempos y lugares, prefiriendo usar otros medios de pago en el intercambio de bienes. Y es más, y como comenta Booth: "Un sistema monetario único, coordinado globalmente y basado en los bancos centrales es inherentemente frágil y pone demasiada fe en la naturaleza humana". Es por esta razón, dice, que "ciertamente no hay nada fundamental a la doctrina eclesial que sugiera que el dinero deba vincularse siempre a un sistema bancario, así que esto no debe ser una preocupación en sí mismo".

La especulación es otro dilema para los inversores en criptomonedas, ya que el precio de un bitcoin ha subido de 1.500 dólares estadounidenses hace un año hasta más de 7.000 actualmente. Y he aquí, según Booth, el escollo más grande para que la Iglesia bendiga a las criptodivisas.

"El problema básico con el bitcoin", explica el economista, "es que, si más gente elige usar o retenerlo, el mecanismo diseñado para prevenir la sobreoferta y la inflación impida que la oferta de bitcoin suba para cubrir la demanda". "Como tal", prosigue, "su precio sube o baja de acuerdo con la demanda, y esto promueve la especulación". Un fenómeno que, si bien tolerado o hasta promovido por los economistas, ha sido condenado por la Iglesia en repetidas ocasiones. Pero como observa Booth, "futuras criptomonedas pueden solucionar este problema al dejar que la oferta responda a la demanda", con lo que es posible que, en un futuro cercano, la Iglesia les da su aprobación.

Y quién sabe... puede que dentro de muy poco tu Iglesia local tiene su propio criptocepillo, para que puedas donar a su obra con bitcoins o cualquier otra divisa electrónica. Al igual que donamos ahora con efectivo, las tarjetas de crédito o hasta con nuestros móviles.