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El jesuita Gregory O'Kelly, obispo de Port Pirie, tratará de encauzar el escándalo Agencias
Wilson es el eclesiástico de mayor rango en el mundo en ser condenado por encubrimiento en casos de abusos sexuales a menores, una lacra que en Australia también tiene pendiente de juicio al todopoderoso cardenal George Pell

(Jesús Bastante).- Hace unos días, el arzobispo de Adelaida, Philip Wilson, fue condenado por encubrir, durante años, a un cura pederasta. Tras conocer la sentencia (aún no se conoce la pena de prisión que le espera), el prelado anunciaba que se apartaba temporalmente del cargo, aunque no quiso dimitir.

Hoy, el Papa Francisco ha reaccionado, nombrando al obispo de Port Pirie, el jesuita Gregory O'Kelly, administrador apostólico 'Sede Plena' (con plenos poderes) de Adelaida. O'Kelly conoce bien la diócesis, donde nació y ejerció como sacerdote y obispo auxiliar.

Wilson es el eclesiástico de mayor rango en el mundo en ser condenado por encubrimiento en casos de abusos sexuales a menores, una lacra que en Australia también tiene pendiente de juicio al todopoderoso cardenal George Pell.

Tras ser condenado, el todavía obispo legítimo de Adelaida apuntaba lo siguiente en un comunicado: "Si en cualquier momento se presenta como necesario o apropiado dar otros pasos formales más, incluyendo la dimisión del Arzobispado, entonces lo haré". Pero, tras dos semanas, no lo ha hecho, y Bergoglio ha tomado medidas.

 

 

Philip Wilson

 

Cabe resaltar cómo, en algunos casos especiales, la Santa Sede procede al nombramiento de un administrador apostólico plenario en diócesis que todavía tienen su propio obispo legítimo. En estos casos, "el obispo diocesano colabora, en la medida de sus posibilidades, en el pleno, libre y sereno cumplimiento del mandato del administrador apostólico", según se lee en el 'Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Apostolorum successores', nº 73, informa Il Sismógrafo.

La defensa de Wilson, que lleva un marcapasos y al que se le diagnosticó recientemente Alzheimer, sostuvo que el clérigo nunca debió ser procesado por encubrimiento porque en aquella época las ofensas hubieran sido consideradas como "actos indecentes" y no delitos.

Una comisión que investigó la respuesta institucional a la pederastia en Australia encontró que la Iglesia Católica, con fuerte arraigo en el país, recibió quejas de 4.500 personas por presuntos abusos de unos 1.880 hermanos y sacerdotes entre 1980 y 2015.