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José Andrés Murillo (d), con Juan Carlos Cruz y James Hamilton en Roma Agencias

(Cameron Doody).- "No somos una organización de víctimas. Somos un grupo de supervivientes, y también defensores y activistas". Así define José Andrés Murillo la primera red internacional de afectados por los abusos sexuales del clero que ha presentado esta semana en Ginebra.

La ECA: Ending Clerical Abuse: Global Justice Project ("Acabar con los abusos del clero: Proyecto de Justicia Global"), ha reunido a víctimas y defensores de 15 países con el objetivo de presionar para que Roma por fin investigue de forma exhaustiva, y castigue, a obispos negligentes.

Hablando con el National Catholic Reporter, Murillo precisó que la coalición será diferente a las alianzas de víctimas que ya se han puesto en marcha porque buscará "cambios", no solo "justicia". "Queremos ser la voz de aquellos que no tienen voz porque sus voces han sido silenciadas por el trauma, por los abusadores y tantas veces por la Iglesia", explicó el chileno, víctima del sacerdote pederasta Karadima a quien el Papa invitó a la Casa Santa Marta a finales de abril. "Quizás Ginebra es un buen lugar simbólico como para empezar", añadió.

Y efectivamente, los miembros de la ECA han aprovechado para reunirse con oficiales de las Naciones Unidas. Entre otras cosas, para hablar de sendos informes de la ONU de 2014 que criticaron a la Iglesia católica por implementar políticas que conducen "a la continuación del abuso y la impunidad de los perpetradores", por un lado, y por su negativa a imponer "sanciones significativas" a obispos que gestionan mal las denuncias que les llegan.

Pero más que la institución en sí, lo que la ECA pretende combatir es la tendencia al inmovilismo y hermetismo en cuanto a los abusos que se ha manifestado no solo en Roma sino también en tantas iglesias locales. Un cáncer contra el que Murillo y dos de las otras víctimas de Karadima -Juan Carlos Cruz y James Hamilton- ya tienen una receta preparada, que le harán llegar al Papa por carta "en los próximos días".

"En efecto, [la carta al Papa] pondrá por escrito el contenido de las varias conversaciones que tuvimos con [el Papa], con su séquito y entre nosotros", precisó Murillo a La Croix. "Presentaremos unas medidas muy concretas sobre las que hemos reflexionado para luchar contra la pedofilia y trabajar para el cambio en la cultura de la Iglesia", prosiguió, apuntando que entre tales medidas se encuentran las de la abolición de todo plazo de prescripción de abusos contra menores, la obligación de que obispos de todo el mundo denuncien a las autoridades civiles todos los casos de los que tengan conocimiento, y la consideración de encubrimientos de abusos como delicta graviora, la categoría de crimen más grave de la ley canónica.

Todo un plan de acción que, según Murillo, es más urgente que nunca. "Incluso hoy, muchos contextos abusivos aún permanecen en la Iglesia, particularmente en países continúen teniendo mucho poder o donde parece que no ha pasado nada", apuntó el chileno. Su país natal -donde la Iglesia se está desmoronando a causa de los nuevos detalles de abusos y encubrimientos que se publican ya casi a diario- "no es un caso aislado", sino que "es representativo de acontecimientos que se han repetido en muchos países".

"El hecho de que no hay una crisis [de abusos] en un país es también sospechoso", advierte Murillo, quien aconseja que se preste más atención a las Iglesias que parecen haber eludido la tormenta: "Es cierto que hay allí problemas escondidos".