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El Papa y el presidente suizo
A los pies de la escalerilla, dos guardias suizos vaticanos con su uniforme de gala, dado que la guardia personal del Papa procede de un cantón suizo

(José M. Vidal).-El Papa Francisco aterriza en el país de Calvino. Con un objetivo claro, como confesó a los periodistas a bordo del avión: "Es una visita hacia la unidad y con deseos de unidad".Tambièn les dijo bromeando sobre la eventual candidatura de una mujer al frente de un dicasterio que estaba "negociando con Christine Lagarde", la presidente del FMI. Tras una reunión privada con el presidente suizo, se dirigió al primer acto ecuménico de su visita.

En el vuelo, el Papa se acercó, como hace siempre, a saludar a los periodistas y les dijo que les agradecía que lo acompañasen en "este viaje hacia la unidad y con deseos de unidad".

A una priodista que le agradecía sus palabras, en la entrevista con la Reuters, sobre la eventualidad de una mujer al frente de un dicasterio, le contestó bromeando: "Sí, ya estamos en negociaciones con Christine Lagarde".

Y aun periodista que asitió recientemente a las elecciones en Venezuela y le comentó al Papa que fueron elecciones totalmente democráticas, Francisco le contesto: "Pues, dígalo, dígalo".

El Papa aterriza en Ginebra. A los pies de la escalerilla, dos guardias suizos vaticanos con su uniforme de gala, dado que la guardia personal del Papa procede de un cantón suizo.

En la alfombra roja le esperan las autoridades helvéticas y el obispo de Ginebra y dos niños, con sendos ramos de flores, a los que el Papa acaricia y les regala rosarios.

Saludos protocolarios del Papa a las autoridades y de las autoridades al séquito papel, mientras de fondo suena el himno suizo.

El Papa se coloca en un pequeño estrado, acompañado del presidente de la Confederación suiza, Alain Berset, mientras un escuadrón le rinde honores militares e interpreta el himno del Vaticano.

A continuación, el Papa se sube a un utilitario, que lo conduce hasta las dependencias aeroportuarias, donde saluda al Presidente de la Federación de Iglesias Evangélicas suizas, Gottfried Locher, para reunirse, después, en un encuentro privado con el presidente de la Federación suiza, que le ofrece dos cuadros de regalo, mientras el Papa le corresponde con el consabido rosario.

Y comienzan a charlar, sentados ante una pequeña mesa, en la que hay dos tazas de café. Tras el encuentro con el presidente suizo se trasladó al Centro Ecuménico World Council of Churches (WCC), para celebrar una oración ecuménica.