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Reflexiones sobre el III Congreso de la Red Mundial de Eticistas Católicos en Sarajevo RD
La ética ha sido políticamente suspendida hacia finales del siglo XX, y quizás con justas razones si la ética solo puede ser pensada política y teológicamente como elemento de vigilancia, corrección y castigo, al margen de toda situación

(Emilce Cuda, teóloga).- Desde el Vaticano, con fecha 11 de julio de 2018, el Papa Francisco envía un mensaje a los participantes del III Congreso de la Red Mundial de Teólogos Eticistas Católicos (CTEWC), realizado en Sarajevo del 26 y el 29 de agosto. Sin embargo, como diría Marshall McLuhan, el medio es el mensaje. El mensaje es Sarajevo como sym-bolon, como unión sin confusión en las diferencias. Nada más teológico que la fórmula calcedónica y del símbolo niceno-constantinopolitano.

Sin duda es noticia un mensaje pontificio. También es noticia que 500 teólogos de los cinco continentes, con representación de más de 70 países, se reúnan en una ciudad no para hacer disertaciones filosóficas -como se acostumbra en eventos académicos de estas características-, sino para reflexionar, debatir y organizarse en red comprometiéndose y afrontando los temas urgentes del mundo contemporáneo.

La noticia es Sarajevo como ejemplo de que la unión en la diferencia es posible. No solo en el campo cultural de esa ciudad, sino también en el académico de la CTEWC, ya que: ni todos los teólogos tenían el mismo punto de partida -puesto que para algunos es la realidad y para otros la idea-; ni todos los eticistas participantes eran teólogos. En la línea de la Constitución Apostólica Veritates Gaudium, donde el pontífice latinoamericano impulsa un diálogo inter y transdisciplinario en el ámbito de la academia universitaria, la CTEWC convocó también politólogos, sociólogos, historiadores, comunicadores y estetas.

Una prueba de eso fue la exposición de pósters, donde pudo verse una amplia diversidad de temas, corrientes de pensamiento que, siendo distintas, ejecutaron la música de la "cultura del encuentro". Dicha uni-versalidad en lenguaje simbólico expresó: desde demandas por necesidades sociales narradas por artistas populares de los barrios pobres del Gran Buenos Aires como Alto Guiso de Martín Biaggini abonando el campo de la ética social, hasta la defensa de la vida narrada en términos de la ciencia médica abonando el campo de la bioética como Theological Bioethics in the Global World de Andrea Vicini; sin dejar de lado temas como Catholics Social Ethics at the Frontiers de Kristin Heyer, University Ethics de James Keenan, Political Crises de Kenneth Himes, o Climate Crisis de George Kodithottam. Voces sobre Derechos Humanos, Teología de la Liberación, Teología del Pueblo y Diálogo Intereligioso, se hicieron escuchar. No faltaron al encuentro las mujeres; Lisa Cahill, Consuelo Velez, Teresa Forcades, Maria Clara Bingemer, Maria Inés Castro Millen, Cristina Traina, María Teresa Dávila, Tina Beatty -entre otras tantas-, formaron parte de paneles y debates siendo un gran aporte para la ética teológica.

 

 

Si el lenguaje simbólico, capaz de unir lo distinto sin confundirlo con la finalidad de permitir la manifestación de aquello que no puede ser puesto en palabras es tanto el lenguaje de lo teologal como el de la sapiencia de la cultura popular, entonces: por qué no puede ser también el lenguaje de la academia y la política. Los organizadores del congreso de la CTEWC así lo entendieron cuando eligen Sarajevo, la ciudad de los puentes, como lugar de encuentro.

Convengamos que no fue por conveniencia de ubicación debido a que no muchos vuelos llegan a esa ciudad, ni mucho menos por facilidad migratoria ya que se debió tramitar visas para casi la mitad de los participantes. El Papa Francisco vio lo que se cifraba en esa elección y destacó, en su mensaje a los participantes, la importancia simbólica de elegir Sarajevo como sede del III Congreso de la CTEWC, y invita a ser "tomado como advertencia para reconstruir, en un clima de divisiones y de tensiones, nuevos caminos de acercamiento entre pueblos, culturas, religiones, visiones de la vida, orientaciones políticas."

«Puentes y no muros» es la consigna del Santo Padre. También lo fue de esos 500 académicos que, aun hablando distintos idiomas, fueron capaces de entender otros lenguajes, otras culturas, otras necesidades, otras ideas, y saber que ante la necesidad por la vida misma, como última necesidad legítima, la "construcción de puentes en una época crítica" -como dice Francisco en su mensaje a los congresistas-, es la llave que puede sacar de una crisis ecológica, eco social y ecosistémica, que está azotando la casa común con todos nosotros dentro, la cual parece que se ha vuelto resistente al lenguaje parlamentario.

Como Francisco advierte que el problema ecológico "contiene en sí aspectos que pueden causar graves desequilibrios, no solo en el eje de la relación entre el hombre y la naturaleza, sino también sobre las relaciones entre las generaciones y los pueblos", es que enfoca en los eticistas antes que en los economista o los políticos, ya que ese desafío debe ser "el horizonte de comprensión de la ética ecológica y al mismo tiempo de la ética social". Señala que se debe hacer una "reflexión ético-teológica, antes todavía de inspirar actitudes pastorales adecuadas y praxis políticas responsables y conscientes".

Es necesario resaltar esto último porque la ética ha sido políticamente suspendida hacia finales del siglo XX, y quizás con justas razones si la ética solo puede ser pensada política y teológicamente como elemento de vigilancia, corrección y castigo, al margen de toda situación. Pero la ética puede entenderse de dos modos: como instrumento de criminalización o de liberación. De hecho, la calificación de buenos y malos en el ámbito de lo político -en lugar de la de adversarios- contradice el concepto mismo de república en tanto equilibrio entre las partes. Sin embargo, la ética teológica no es una ética a priori de la realidad sino a posteriori de un discernimiento evangélico situado. En este último sentido, una reflexión ético-teológica situada sobre los temas urgentes de la actualidad, tal y como se dio en Sarajevo, reivindica y rehabilita la relación fe-ética-política. El congreso de eticistas de la CTEWC no fue una exposición academicistas sino una visiblización de los conflictos mundiales expresados en idiomas y lenguajes propios de cada cultura por profesionales que hacen investigación-acción, es decir que tiene olor a oveja.

 


James Keenan

 

En esta línea, recibir como eticistas el mensaje de un papa que les dice que "se necesitan personas e instituciones que asuman un liderazgo renovado", y que los impulse a "hacer red entre las personas que, en los cinco continentes, con modalidades y expresiones diferentes, se dedican a la reflexión ética en clave teológica y se esfuerzan por encontrar en ella recursos nuevos y eficaces", es luz verde para una ética teológica en salida. Además, Francisco les dice que la red es un recurso para "conducir análisis apropiados, pero sobre todo movilizar energías para una praxis compasiva y atenta al drama humano para acompañarlo con cuidado misericordioso". Queda claro que, con Francisco, la ética deja de ser un tribunal de juicio y castigo a los culpables de acuerdo a normas históricas preestablecidas, para convertirse en un herramienta de la justicia evangélica de la misericordia.

La red mundial de eticista -creada hace más de 10 años por el teólogo jesuita James Keenan de la Boston College University-, integrada en un principio solo por un grupo de profesores de las universidad católicas romanas, hoy la integran más de 1000 teólogos y es reconocida e impulsada por el mismo pontífice de los pobres, quien les dice que: "Para tejer esta red, en primer lugar es necesario construir puentes entre vosotros, compartir recorrido, acelerar acercamientos. Por supuesto no se trata de uniformar los puntos de vista, sino más bien de buscar con voluntad sincera la convergencia en los intentos, en la apertura dialógica y en el debate sobre las perspectivas".

La red de la CTEWC, según Francisco, "es un puente a la renovación y al relanzamiento de los estudios eclesiásticos", para facilitar el "diálogo a todos los niveles", y señala "la necesidad urgente de «crear redes»", como ya lo había hecho en Veritates Gaudium. El papa latinoamericano dice sin rodeos a los eticistas: "no estáis llamados a emitir juicios, sino a indicar caminos, acompañar caminos, calmar heridas, sostener fragilidades".

Los organizadores de la CTEWC reciben, entienden y aplican el consejo del Santo Padre. En Sarajevo tienden un puente a las nuevas generaciones de teólogos eticistas renovando el liderazgo. Sus fundadores, James Keenan, Linda Hogan y Antonio Autiero, dejan la red a cargo de Andrea Vicini, Kristin Heyer y Shaji George Kochuthara. La red está en marcha. Figuras de primer nivel lo demostraron con su presencia y sus conferencias magistrales como Charles Curran. Los cardenales Peter Turkson, Blase Cupich y Vinko Puljic lo reconocieron con su asistencia y particpación.