Jagoba Astiazaran
La música estaba unida al clero y el nacionalismo también en una parte estaba unido a él. Todo eso se mezcló en un nacionalismo musical vasco tardío
El viernes, Jagoba Astiazaran (Zestoa, 1986) recibirá el Premio Orfeón Donostiarra/UPV-EHU a la investigación por 'Vatikanoko II. Kontzilioa eta euskal musika eta instrumentu tradizionalak' (II Concilio Vaticano y música e instrumentos tradicionales vascos), un trabajo que realizó para su trabajo fin de carrera. Lo cuenta Teresa Flaño en Diario Vasco.
-En su trabajo relaciona Concilio Vaticano II con la música vasca. ¿Cómo surgió que su investigación fuera por ese camino?
-Estaba haciendo la carrera de txistu en Musikene. En mi pueblo se canta en todas las fiestas importantes la 'Euskaldunen Meza' de Pedro José Peñagarikano. En clase estábamos viendo el tema del nacionalismo musical y pensé que podía enmarcarse ahí porque está basada en melodías tradicionales vascas. El tema me intrigó y me encontré no con uno, sino con un montón de ejemplos. Estuve un año y medio en Eresbil buscando todo tipo de misas y canciones religiosas que contuvieran esas melodías tradicionales o algunas de sus características. Después, pensando en el trabajo de fin de carrera me centré más en mi instrumento y busqué la relación entre el txistu y la iglesia, para ver qué uso se le daba y se le da ahora. Casi todas las melodías estaban compuestas a partir de 1965. Lo tenía delante pero tardé en darme cuenta, era el Concilio Vaticano II. Entonces vi claras las aportaciones que hizo y que hoy en día algunas se mantienen porque se han convertido en canciones populares que ya nadie se plantea como nacionalistas. En todo eso me ha ayudado mucho la profesora Eli Etxebeste. Al principio unir Iglesia, txistu y nacionalismo vasco me resultaba exótico.
-¿Y cuáles fueron esas aportaciones?
-Por primera vez se permite el uso del euskera, al igual que otras lenguas que no fueran el latín. También se autoriza el uso de instrumentos a parte del órgano. El txistu es el que más se utilizó porque también era el que más institucionalizado estaba, pero he encontrado ejemplos con dulzainas, albokas, o la txalaparta que se usaba para llamar a misa o para los momentos de reflexión. A los bertsolaris muchas veces no se les reconoce como músicos, pero tuvieron mucha presencia, sobre todo a la hora de las plegarias. Además el Concilio Vaticano II reconoce las características diferenciadoras de cada raza y cada pueblo. Aquí el contexto político era el franquismo y dentro de la iglesia se podían utilizar la lengua y los instrumentos que fuera estaban prohibidos.
-¿Puede explicarlo con algún ejemplo concreto?
-Hay una anécdota muy significativa que me contó el padre Barturen. Cuando se estrenó su 'Euskal Meza' en Bilbao organizó el acto de forma que primero fuera la misa, con instrumentos tradicionales de toda Euskal Herria, de las siete provincias con la connotación política que eso tenía, y cada músico iba a interpretar una canción en un concierto. Las autoridades permitieron la misa, pero no el concierto. Las leyes del Concilio Vaticano II no eran super permisivas, pero dejaban un resquicio. De los primeros años me he encontrado muchos permisos para celebrar herri meza, las misas populares. El obispo al principio los daba con carácter excepcional, además exigiendo al bertsolari que comunicara antes qué iba a decir, lo que resultaba un contrasentido.
-¿Y en el aspecto musical?
-Surgió la necesidad de crear un nuevo repertorio. Eso no quiere decir que la música vasca deba mucho al Concilio Vaticano II. Antes de él ya había música nacionalista vasca. Ahí están los cancioneros de Aita Donostia y Resurrección María Azkue o las zarzuelas de Guridi. El contexto político paralizó todo esto. A partir de 1965 se convocaron hasta concursos para que se compusieran piezas para las misas y algunos utilizaron para introducir músicas populares. Podría decirse que fue un pequeño reducto, pero tampoco hubo un gran apogeo de música popular. Es más, estoy seguro de que muchas de las composiciones que he encontrado tuvieron poco eco, otras mucho como aquella misa que me llevó a mí a meterme en esto que se sigue cantando. Yo me he movido en el archivo Eresbil, en el del Obispado y en el de Arantzazu, pero habrá muchas obras en archivos particulares de las que no tenemos conocimiento.
-¿En su investigación se encontró con muchas sorpresas?
-Muchos de los compositores eran anónimos. No eran obras magníficas, sino canciones. Sí es verdad que nunca me iba a casa sin una pequeña perla, algo nuevo. Por ejemplo me encontré a 'Pintto pintto' para hacer una misa navarra, con motivos de jotas. Me ha gustado mucho el trabajo de campo, entrevistarme con las personas que vivieron ese momento y saber qué hizo que se impulsara ese movimiento. He hablado con compositores, txistularis que tocaban en misa...
-¿Cuánto duró este movimiento?
-Unos seis o siete años. El boom sería en 66-67, pero tampoco fue una rebelión. Su importancia es que apareció en un momento en que la gente tenía ganas de utilizar su cultura y se supo introducir lo identitario a la hora de componer. La música estaba unida al clero y el nacionalismo también en una parte estaba unido a él. Todo eso se mezcló en un nacionalismo musical vasco tardío.
-¿Ha encontrado diferencias según las distintas compañías?
-No es algo en lo que me he centrado. Por ejemplo, los franciscanos en Arantzazu ya tenían un cancionero anterior, pero tampoco sé si se usaban para las misas o para las procesiones. También hubo mucho movimiento en la zona de Baiona. Ahí se crearon muchas misas vascas.
-Estudió txistu y ahora composición. ¿Esa vocación viene de familia?
-En mi familia la música siempre ha estado presente, pero a nivel aficionado, en coros o bandas. Yo, por muchos estudios que haya realizado, he acabado en lo mismo. La música popular tiene un valor añadido que hay que reconocer por la pasión que la gente ha puesto.
-Forma parte del dúo Txistu Ketan y ha creado varios espectáculos. El último de ellos ha sido 'Oinazez' con Alurr dantza taldea...
-Son cosas pequeñas que llegan a lugares pequeños. Posiblemente el viernes, en el discurso que tengo que dar meteré mucha caña en ese aspecto. Se habla mucho de lo nuestro, lo nuestro..., pero lo importante es que, venga de donde venga, llegue a la gente. Ahora se hace todo a lo grande, pero a mí lo que me vale es lo pequeño.