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Religión Digital

Juan Antonio Reig, responsable de la misa de las Familias

La prudencia es más que adorno para los cristianos

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El escándalo ahoga el mensaje

"Rei incita a que lo vapuleen, al presentar sus opiniones como verdades indiscutibles"

Ramón Baltar, 25 de abril de 2012 a las 10:35

(Ramón Baltar).- La homilía pronunciada por el obispo de Alcalá de Henares el día de Viernes Santo levantó gran polvareda mediática por culpa de unos comentarios sobre los homosexuales que estos interpretaron como ofensivos a su condición. Recibió muchas críticas, serenas las menos y las más destempladas.

Tuvo grandísima suerte el polémico prelado de que pocos católicos de fe descarbonizada le reprocharan la ligereza de dedicar a temas profanos el tiempo necesario para ahondar en el sentido de la muerte del Justo. Además, puesto que los oficios se daban por la televisión pública, podían afearle también que no tuviera en consideración que se dirigía no solo a su comunidad sino a una audiencia mezclada, donde abundan los que no comparten la descalificación ética de las conductas homosexuales. La prudencia es más que adorno para los cristianos.

Salta ahora con una carta abierta en la que asegura que no intentó ofender a nadie, faltaría más, sino solo anunciar "la verdad contenida en las Sagradas Escrituras". Pero el caso es que éstas en ningún lugar atribuyen la homosexualidad al influjo de las ideologías, como deslizó el intrépido homileta.

La cosa se quedaría en mera interpretación gratuita, si en puridad no fuera una gansada conceptual: la atracción amorosa hacia el mismo sexo se la encuentra uno dentro de sí y el desarrollo no depende de adoctrinamientos. Ni por pienso.

De predicador efectista fue la mención al infierno que sufren los homosexuales que, para alivio de los arreones de la carne y la soledad consuntiva, recurren a la prostitución: es el mismo que el de los heterosexuales putañeros. Los servicios de amor venal degradan moralmente tanto a la persona que los solicita como a la que los presta, con independencia de sus querencias sexuales.

Tiene derecho monseñor Reig a exponer sus particulares opiniones sobre cualquier asunto que reclame su atención. Pero incita a que lo vapuleen si se empeña en presentarlas como verdades indiscutibles. Algunas suyas son muy erradas.

 


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