Indignados del 15-M marchan frente a la Plaza de Toros de Las Ventas, en Madrid.
EFE
Amor que se hace justicia en situaciones de injusticia. Alegría que produce ver que los excluidos salen de la postración. Amistad que significa mirar a todos desde el corazón de Dios
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(Jesús Espeja).- El movimiento de los indignados es sin duda un signo de nuestro tiempo que de algún modo une distintas voces en un reclamo común. Si existir "hoy" es la esencia misma de la Iglesia como acontecimiento de la Palabra en la historia, este signo plurivalente reclama discernimiento para la buena salud de la comunidad cristiana.
1. Entre las proclamas de algunos indignados cuando pasaban delante de una iglesia, una me hizo pensar: "menos crucifijo y más trabajo fijo". Se la puede tachar con razón de incoherente, pero ahí está y responde a una sensación: la religión cristiana es percibida como un obstáculo para la justicia social. Mientras la manifestación de los indignados ayer tarde pasaba delante de un templo, dentro del mismo se celebraba la eucaristía con escaso número de asistentes, y el presbítero celebrante me decía después que tanto ruido en la calle le impidió hacer la homilía.
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