Jesús Sanz, ayer, en la celebración del Corpus
La eucaristía ha perdido fuerza como objeto de banquete para convertirse de forma casi exclusiva en objeto de adoración
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(José Manuel Bernal).- La piedad popular ha rodeado la fiesta del Corpus de un brillo especial, de un fervor popular desbordante que ha logrado calar hasta las mismas entrañas de la tradición católica española. Siempre recuerdo aquello de «tres jueves hay en el año que relumbran más que el sol». Uno de los tres es la fiesta del Corpus.
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