El cardenal Cañizares, y Carlos Osoro
Desde hace meses, y especialmente tras la salida de Jiménez Losantos de Cope, el cardenal Cañizares -y cualquiera que se atreviera a defenderle- está padeciendo una calculada estrategia de acoso y derribo
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(Jesús Bastante).- He tenido ocasión de compartir conferencia, charla y café con dos personajes de suma importancia en el presente, y el futuro, de la Iglesia española. Uno, el cardenal español con mayor presencia y responsabilidad en la Curia vaticana, amigo del Papa y con una visión de la política y la situación actual de la Iglesia en nuestro país que Benedicto XVI sabe escuchar y apreciar. Otro, el arzobispo de una de las diócesis más importantes y activas de nuestro país, un hombre abierto, preocupado por los demás y con capacidad para estirar el tiempo como si de un chicle se tratara con tal de no dejar de lado a una sola de sus ovejas.
Antonio Cañizares y Carlos Osoro, prefecto de la congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, y arzobispo de Valencia, respectivamente. Grandes amigos y, lo que es más importante, personas que anteponen sus intereses personales -y sus diferentes puntos de vista sobre muchas cosas- buscando soluciones para el futuro de la Iglesia española y su ineludible papel en la conformación de nuestra sociedad en crisis, donde la voz de la institución está atrapada en manos de quienes quieren dejarlo todo bien atado y que no haya más ruidos que los suyos.
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