Tenía poca pinta de monseñor y bastante de hijo del hombre que no ha venido a ser servido sino a servir
(José Carlos Rodríguez).- "Bonjour, monseigneur!" Cuando el cura centroafricano que tengo enfrente responde a la llamada telefónica con tono de Paternóster y saluda con tanto respeto a su interlocutor me viene a la mente preguntarle si le llaman de algún dicasterio del Vaticano. Pero no, no es ningún cardenal, ni siquiera el obispo de su diócesis, sino el vicario general de la misma, un cura joven y simpático al que saludé hace dos días en la pista de aterrizaje donde paramos siempre a repostar. Viéndole encima del remolque, con su impermeable, abriendo los bidones de combustible para ajustar la manguera, tenía poca pinta de monseñor y bastante de hijo del hombre que no ha venido a ser servido sino a servir.
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