Secreto, misterio, silencio y sensualidad.
PD
Leyendo a Santiago en la carta de este domingo, rechaza el favoritismo que, a veces se introduce en el mismo templo
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(Juan Jáuregui).- Nos toca corregir nuestra propia sordera y mudez y ayudar a otros a oír, a escuchar las voces, las llamadas que brotan de distintos lugares. Es decir, a todos nos corresponde ser capaces de hablar, de expresar nuestras inquietudes. Sucede en ocasiones que derrochamos palabrería y nos enteramos (oímos) de todos los chismes. Sin embargo, en lo que importa actuamos como si fuéramos sordos y mudos.
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