Religión Digital

Participantes en el I Encuentro Iberoamericano de Teología

Declaración de Boston del I Encuentro Iberoamericano de Teología

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"Al igual que los pastores, los teólogos hemos de oler a pueblo y a calle"

"Los pobres, víctimas de la violencia, han de ser para nosotros lugares teológicos privilegiados"

José Manuel Vidal, 19 de febrero de 2017 a las 19:49
Como teólogas y teólogos ibero-latino-americanos, apoyamos con esperanza y colaboramos con el proceso de reforma de mentalidades y estructuras impulsado por el actual Obispo de Roma
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Una de las primeras ponencias del encuentro

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Misa de inauguración del encuentro

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  • Encuentro en el Boston College
  • Una de las primeras ponencias del encuentro
  • Misa de inauguración del encuentro

Durante varios días, teólogas y teólogos católicos de Ibero-América nos reunimos en Boston, Estados Unidos de América, con espíritu ecuménico, interreligioso, intercultural, integrador y solidario. La vocación eclesial nos lleva a pensar, investigar, aprender, enseñar y comunicar la riqueza de la fe cristiana en la Iglesia y la sociedad. Compartimos la vida, la oración, la Eucaristía, la reflexión y el diálogo para hacer un discernimiento en común de los nuevos signos de los tiempos de nuestra época. Ahora queremos compartir algunos frutos de nuestro trabajo con la comunidad eclesial y el público en general.

Reconocemos, con gozo y alegría, que vivimos un momento favorable en el desarrollo de la teología y, en general, en la vida de la Iglesia. Creemos que vivimos un kairós eclesial a partir de los procesos iniciados por el obispo de Roma, Francisco, primer pontífice proveniente de América Latina. Sus impulsos de renovación evangélica, expresados en la necesidad de una reforma, tanto de las mentalidades como de las estructuras de la institución eclesial, en perspectiva sinodal, nos animan a preguntarnos por dónde pasa Dios hoy en nuestra historia y qué realidades se le oponen.

Nuestro discernimiento nos ha permitido descubrir aquellos rasgos y signos de una historia común, desde donde queremos mirar los desafíos presentes y futuros de esta época global en la que vivimos. Así, enfatizamos la importancia de mirar, desde la Palabra de Dios leída en la Iglesia, la situación socio-política y económica de nuestros países, concibiéndola como un lugar teológico fundamental, en el que la Iglesia está llamada a insertarse para acompañar, como Pueblo Dios, a los pueblos de este mundo.

Por ello, queremos discernir nuestra presencia como creyentes a partir de la cuestión social de esta época, caracterizada, en lo socioeconómico, por la existencia de relaciones y sistemas de exclusión e inequidad, en lo sociocultural, por la necesidad de ir de lo pluricultural a lo intercultural, y, en lo sociopolítico, por la urgencia de consolidar el sistema democrático y las formas emergentes de la sociedad civil que propongan una mirada más humana de este mundo. En este marco reafirmamos nuestra opción por los pobres y excluidos.

América Latina y el Caribe no es la región más pobre en términos económicos, pero sigue siendo la más desigual. La causa no está ni en la renta ni en la herencia, como en Europa o Estados Unidos, sino en una distribución desigual de los ingresos y las oportunidades, incluyendo la inequitativa propiedad privada concentrada de la tierra, que genera riqueza para unos pocos y pobreza para muchos. Urge pues, una teología profética que desacralice falsos dioses.

No podemos dejar de denunciar las causas económicas y culturales de la pobreza, y debemos estar atentos a las mediaciones socio-políticas que se implementen para su superación. Una teología profética inculturada supone preguntarnos desde dónde hacemos teología, y de qué lado social nos ubicamos para comprender la realidad. Para ello, es necesario un discernimiento crítico de los nuevos estilos "de corte neopopulista" (DA 74) que emergen por vía democrática en distintos países de América.

En este sentido, nos hemos preguntado por el servicio que presta la teología pensada, dicha y escrita en castellano o español -en el marco de los idiomas iberoamericanos y de todas las lenguas de América que comunican el Evangelio- a la comunidad eclesial y, especialmente, al magisterio universal, junto con la concepción o el modelo del misterio de la Iglesia que le caracteriza y sustenta. Reconocemos la importancia numérica y socio-cultural del uso del español en el catolicismo mundial actual. Nuestro trabajo conjunto ha confirmado la necesidad de acrecentar los vínculos personales e institucionales entre teólogas y teólogos latinoamericanos de habla española y portuguesa, españoles de lengua castellana y latinos de Norte América. Promovemos una teología teologal e histórica que salga a dialogar con las cuestiones que conciernen al contexto sociocultural y eclesial ibero-latino-americano.

Movidos por el Espíritu que actúa desde los márgenes de la Iglesia y el reverso de la historia, creemos que las periferias son lugares teológicos que obligan a la teología a preguntarse: ¿Cuándo un pueblo es católico: cuando tiene muchos templos o cuando tiene poca pobreza? Como consecuencia, ratificamos nuestro compromiso ineludible con las hermanas y los hermanos en las periferias de la sociedad, azotados por la pobreza y diversas formas de exclusión social, económica, política y eclesial, que llama, con urgencia, a luchar por su mayor inclusión e integración.

Esto exige una mayor fidelidad de la institución eclesiástica a Jesús de Nazaret, Mesías liberador, Señor de la historia e Hijo de Dios. Reconocemos que la pobreza injusta mata porque genera formas de muerte prematura que debemos rechazar. Somos creyentes que apostamos por la puesta en práctica de la misericordia con justicia. Nuestra opción por los pobres se inserta en la memoria de la sangre de los mártires de América, celebrando su vida y recordando que su entrega por el Pueblo de Dios es luz que ilumina nuestro quehacer teológico.

Ante la gravedad de este momento histórico que clama por una presencia más viva en medio de nuestras comunidades, afirmamos la urgencia de colaborar con la pastoral y la teología del papa Francisco. Apoyamos una teología que se hace cargo de los conflictos y transita por las periferias. Al igual que los pastores, los teólogos hemos de oler a pueblo y a calle, por lo que creemos en la necesidad de sanar la deuda pastoral que la teología profesional tiene aún con nuestros pueblos pobres.

En este contexto, la teología debe impregnarse de una misericordia que se nutra en el Evangelio y que promueva una Iglesia pobre y para los pobres, donde ellos sean sujetos de su propia historia, y nunca objetos de manipulaciones ideológicas, de cualquier orden. Los pobres, muchas veces víctimas de la violencia, han de ser para nosotros lugares teológicos privilegiados, por lo que nuestro compromiso no sólo ha de ser el de acompañarles, sino el de dejarnos evangelizar y transformar por ellos, en un proceso continuo de conversión pastoral y misionera.

Reconocemos que los procesos de globalización han permitido una mayor interdependencia e intercambio entre personas y pueblos remotos. Sin embargo, también vemos cómo hoy padecemos sus efectos socioculturales. Por ello, observamos con perplejidad la globalización de la indiferencia y de la indolencia. Dedicamos especial atención a los fenómenos de las migraciones, la precarización del empleo y la falta de oportunidades engendrados por sistemas que no asumen la causa de los pobres, ni los consideran sujetos de sus propios procesos. Hemos entrado en una nueva etapa mundial que algunos denominan como desglobalización caracterizada por la inhabilidad de relacionarnos como sujetos, de tú a tú, en relaciones humanizadoras recíprocas.

Creemos que los migrantes son un gran signo de nuestro tiempo. En ellos, los cristianos estamos llamados a reconocer el rostro y la voz de Jesús (Mt 25,35) y responder desde las siguientes claves: la afirmación de la dignidad de todo ser humano, la promoción de una «cultura del encuentro», la práctica de la fraternidad, la hospitalidad y la compasión. Las migraciones nos invitan a construir procesos de interculturalidad como elemento clave de nuestra reflexión teológica. La presencia de múltiples culturas en nuestros países exige el profundo reconocimiento de la alteridad, abrazando con amor las riquezas que nos regalan nuestras diferencias y ampliando permanentemente el horizonte de nuestras teologías. Esto supone un aprendizaje recíproco en las experiencias diarias y exige la disponibilidad constante al cambio de mentalidad a partir de nuestra inserción en el mundo de vida de los pobres.

Nuestras prácticas no pueden seguir reproduciendo formas de dominación, como aquellas marcadas por el clericalismo que no respeta a laicos y laicas. Las rigideces institucionales no ofrecen la imagen misericordiosa del Dios de Jesús y frenan los procesos necesarios de conversión pastoral de la iglesia. A este respecto corresponde destacar el valor de las nuevas teologías contextuales, como las hechas por mujeres, indígenas y afroamericanos, entre otras, que muestran sujetos que han sido marginados de la vida social y eclesial. Su compromiso por la liberación de nuestros hermanos, víctimas de marginación, ha puesto particular énfasis en las luchas y los sufrimientos que han padecido. Así, destacamos la labor hecha por las teólogas que nos invitan a mirar, con un mayor compromiso, la naturaleza y las causas de la opresión de las mujeres, permitiendo así una concepción más adecuada del tipo de transformaciones que nuestras sociedades requieren para un desarrollo pleno y auténticamente cristiano de todos.

Destacamos las contribuciones de la teología Latina en los Estados Unidos, como una forma de pensar la opción preferencial por los pobres y la defensa de la identidad religiosa y cultural de las comunidades latinas que son discriminadas, muchas veces, no sólo en la sociedad sino también en espacios eclesiales. Recogiendo las contribuciones de la teología latinoamericana, esta teología ha sabido prestar atención a temas claves de la experiencia de latinas y latinos en los Estados Unidos, destacándose el mestizaje, la religiosidad popular, en particular en sus expresiones marianas, y la experiencia de lo cotidiano. Creemos que, sólo reconociendo las raíces socioculturales y religiosas de estas personas en pueblos latinoamericanos, la Iglesia en los Estados Unidos y Canadá, podrá responder pastoralmente a este nuevo desafío. En este sentido, urge una mejor preparación y sensibilidad de los ministros y todos los agentes pastorales.

Estas consideraciones, señalan que la reforma sinodal de toda la Iglesia, en la complejidad de sus diversas instancias, y en fidelidad creativa al espíritu del Concilio Vaticano II, constituye un presupuesto ineludible para concebir la vida, la misión y la teología de las comunidades eclesiales. Como teólogas y teólogos ibero-latino-americanos, apoyamos con esperanza y colaboramos con el proceso de reforma de mentalidades y estructuras impulsado por el actual Obispo de Roma.

El Pueblo de Dios es una comunidad de discípulos misioneros llamado, en una dinámica de salida y donación, a testimoniar y anunciar el Evangelio bajo la guía del Espíritu Santo. Sólo una institución espiritualmente más evangélica, teológicamente más consistente y pastoralmente más abierta a la diversidad sociocultural y religiosa, podrá responder al desafío de trabajar por la justicia, la paz y el cuidado de la casa común, desde una genuina atención a los más pobres y excluidos de nuestra época.

María, sobre todo en la imagen y el nombre de la Virgen de Guadalupe, Patrona de América, acompaña nuestro caminar.


Primer Encuentro Iberoamericano de Teología
Realizado del 6 al 10 de febrero de 2017 en el Boston College
Boston, Massachusetts


Coordinadores:

Rafael Luciani (Venezuela)
Carlos María Galli (Argentina)
Juan Carlos Scannone SJ (Argentina)
Félix Palazzi (Venezuela)


Firmantes:

Omar César Albado
Virginia Raquel Azcuy
Luis Aranguren Gonzalo
Phillip Berryman
Agenor Brighenti
José Carlos Caamaño
Víctor Codina SJ
Harvey Cox (invitado)
Emilce Cuda
Allan Figueroa-Deck SJ
Mario Ángel Flores
Carlos María Galli
Roberto S. Goizueta
José Ignacio González Faus SJ
Gustavo Gutiérrez OP
Michael E. Lee
María Clara Lucchetti Bingemer
Rafael Luciani
Carmen Márquez Beunza
Carlos Mendoza-Álvarez OP
Patricio Merino
Félix Palazzi
Nancy Pineda-Madrid
Luis Guillermo Sarasa SJ
Juan Carlos Scannone SJ
Carlos Schickendantz
María del Pilar Silveira
Pedro Trigo SJ
Ahída Pilarski
Gilles Routhier
Jon Sobrino SJ
Roberto Tomichá OFM-Conv
Gabino Uríbarri SJ
Ernesto Valiente
Olga Consuelo Velez
Gonzalo Zarazaga SJ


Primeiro Encontro Ibero-americano de Teologia
Declaração de Boston

Durante vários dias, teólogas e teólogos católicos de Ibero-América nos reunimos em Boston, Estados Unidos da América, com espírito ecuménico, inter-religioso, intercultural, integrador e solidário. A vocação eclesial nos leva a pensar, pesquisar, aprender, ensinar e a comunicar a riqueza da fé cristã, na Igreja e na sociedade. Partilhamos a vida, a oração, a Eucaristia, a reflexão e o diálogo, para fazer um discernimento, em comum, dos novos sinais dos tempos de nossa época global. Agora, queremos partilhar alguns frutos do nosso trabalho, com a comunidade eclesial e o público em geral.

Reconhecemos, com júbilo e alegria, que vivemos um momento favorável no desenvolvimento da teologia e na vida da Igreja, em geral. Cremos que vivemos um kairós eclesial a partir dos processos iniciados pelo Bispo de Roma, Francisco, primeiro pontífice proveniente da América Latina. Seus impulsos de renovação evangélica, expressos na necessidade de uma reforma, tanto das mentalidades como das estruturas da instituição eclesial em perspectiva sinodal, nos animam a nos perguntar por onde passa Deus em nossa história e que realidades se opõem a Ele. Nosso discernimento nos permitiu descobrir traços e sinais de uma história comum, a partir dos quais queremos olhar os desafios presentes e futuros desta época global em que vivemos. Assim, enfatizamos a importância de ver, a partir da Palavra de Deus proclamada na Igreja, a situação sócio-política e econômica de nossos países, como um lugar teológico fundamental, na qual a Igreja está chamada a inserir-se para acompanhar, como Pueblo Deus, os povos deste mundo.

Por isso, queremos discernir nossa presença como pessoas de fé, a partir da questão social desta época, caracterizada, no campo socioeconômico, pela existência de relações e sistemas de exclusão e inequidade; no campo sociocultural, pela necessidade de ir do pluricultural ao intercultural; y, no âmbito sociopolítico, pela urgência de consolidar o sistema democrático republicano e as formas emergentes da sociedade civil, que proponham um olhar mais humano deste mundo. Neste contexto, reafirmamos nossa opção pelos pobres e excluídos.

América Latina e o Caribe não é a região mais pobre em termos econômicos, mas continua sendo a mais desigual. A causa não está na renda nem na herança como na Europa e nos Estados Unidos, mas numa distribuição desigual dos recursos e das oportunidades, incluindo a concentração da propriedade da terra, que gera riqueza para uns poucos e pobreza para muitos. Urge, pois, uma teologia profética, que dessacralize os falsos deuses. Não podemos deixar de denunciar as causas econômicas e culturais da pobreza e devemos estar atentos às mediações sócio-políticas que se implementem para sua superação. Uma teologia profética inculturada supõe nos perguntarmos a partir de onde fazemos teologia e de que lado social nos situamos para compreender a realidade. Por isso, é necessário o discernimento crítico dos novos estilos "de corte neopopulistas" (DAp 74) que emergem por via democrática, nos distintos países da América.

Neste sentido, nos preguntamos pelo serviço que a teologia pensada, dita e escrita presta, em castelhano ou espanhol -no marco dos idiomas ibero-americanos e de todas as línguas da América que comunicam o Evangelho- à comunidade eclesial e, especialmente, ao magistério universal, juntamente com a concepção ou o modelo do mistério da Igreja, que o caracteriza e sustenta. Reconhecemos a importância numérica e sociocultural do uso do espanhol no catolicismo mundial. Nosso trabalho conjunto tem confirmado a necessidade de estreitar os vínculos pessoais e institucionais entre teólogas e teólogos latino-americanos de língua espanhola e portuguesa, espanhóis de língua castelhana e latinos da América do Norte. Promovemos uma teologia teologal e histórica, que saia a dialogar com as questões que concernem ao contexto sociocultural e eclesial ibero-latino-americano.

Movidos pelo Espírito que atua a partir das margens da Igreja e do reverso da história, cremos que as periferias são lugares teológicos que obrigam a teologia se perguntar: quando um povo é católico? Quando possui muitos templos ou quando tem pouca pobreza? Como consequência, ratificamos nosso compromisso iniludível com as irmãs e os irmãos nas periferias da sociedade, açoitados pela pobreza e por diversas formas de exclusão social, econômica, política e eclesial, que clamam, com urgência, a lutar por uma maior inclusão e integração. Isto exige uma fidelidade maior da instituição eclesial a Jesus de Nazaré, Messias libertador, Senhor da história e Filho de Deus. Reconhecemos que a pobreza injusta mata, porque gera formas de morte prematura que devemos combater. Somos gente de fé e que apostamos na prática da misericórdia com justiça. Nossa opção pelos pobres se insere na memória do sangue dos mártires da América, celebrando sua vida e recordando, que sua entrega pelo Povo de Deus, é luz que ilumina nosso labor teológico.

Diante da gravidade deste momento histórico, que clama por uma presença mais viva no seio de nossas comunidades, afirmamos a urgência de colaborar com a pastoral e a teologia do Papa Francisco. Apoiamos uma teologia que assume os conflitos e se move nas periferias. Da mesma forma que os pastores, os teólogos temos que ter cheiro de povo e de rua, por isso, cremos na necessidade de saldar a dívida pastoral que a teologia profissional ainda tem com nossos povos pobres. Neste contexto, a teologia precisa se impregnar de uma misericórdia que se nutra no Evangelho e que promova uma Igreja pobre e para os pobres, onde eles sejam sujeitos de sua própria história e nunca objeto de manipulações ideológicas, de ordem seja. Os pobres, muitas vezes vítimas da violência, precisam ser para nós lugares teológicos privilegiados, de modo que nosso compromisso não seja só de acompanhá-los, mas também de nos deixar evangelizar e transformar por eles, em um processo contínuo de conversão pastoral e missionária.

Reconhecemos que os processos de globalização têm permitido uma maior interdependência e intercâmbio entre pessoas e povos remotos. Entretanto, também vemos como hoje padecemos seus efeitos socioculturais. Por isso, observamos com perplexidade a globalização da indiferença e da indolência. Dedicamos especial atenção ao fenômeno das migrações, à precarização do emprego e à falta de oportunidades, engendrados por sistemas que não assumem a causa dos pobres e nem os consideram sujeitos de seus próprios processos. Entramos em uma nova etapa mundial, que alguns denominam como desglobalização, caracterizada pela inabilidade de nos relacionar como sujeitos, de tu a tu, em relações humanizadoras recíprocas.

Cremos que os migrantes são um grande sinal de nosso tempo. Neles, nós os cristãos estamos chamados a reconhecer o rosto e a voz de Jesus (Mt 25,35) e a responder desde as seguintes claves: a afirmação da dignidade de todo ser humano, a promoção de uma «cultura do encontro», a prática da fraternidade, a hospitalidade e a compaixão. As migrações nos convidam a construir processos de interculturalidade como elemento chave de nossa reflexão teológica. A presença de múltiplas culturas em nossos países exige o reconhecimento profundo da alteridade, abraçando com amor as riquezas que nos presenteiam nossas diferenças e ampliando permanentemente o horizonte de nossas teologias. Isto supõe um aprendizado recíproco nas experiências diárias e exige a disponibilidade constante à mudança de mentalidade, a partir de nossa inserção no mundo da vida dos pobres.

Nossas práticas não podem continuar reproduzindo formas de dominação, como aquelas marcadas pelo clericalismo, que não respeita as leigas e os leigos. A rigidez institucional opaca a imagem misericordiosa do Deus de Jesus e freia os processos necessários de conversão pastoral da Igreja. A este respeito cabe destacar o valor de nossas teologias contextuais, como aquelas feitas por mulheres, indígenas e afro-americanas, entre outras, sujeitos que têm sido marginalizados da vida social e eclesial. Seu compromisso pela libertação de nossos irmãos, vítimas da marginalização, tem dado particular ênfase às lutas e sofrimentos que têm padecido. Assim, destacamos o labor feito pelas teólogas, que nos convidam a olhar, com um maior compromisso, a natureza e as causas da opressão das mulheres, permitindo assim uma concepção mais adequada do tipo de transformações que nossas sociedades requerem, para um desenvolvimento pleno e autenticamente cristão de todos.

Destacamos as contribuições da teologia latina nos Estados Unidos, como uma forma de pensar a opção preferencial pelos pobres e a defesa da identidade religiosa e cultural das comunidades latinas que são discriminadas, muitas vezes, não só na sociedade como também nos espaços eclesiais. Recolhendo as contribuições da teologia latino-americana, esta teologia tem sabido prestar atenção a temas chaves da experiência de latinas e latinos nos Estados Unidos, destacando-se a mestiçagem, a religiosidade popular, em particular em suas expressões marianas, e a experiência do cotidiano. Cremos que, somente reconhecendo as raízes socioculturais e religiosas destas pessoas em povos latino-americanos, a Igreja nos Estados Unidos e Canadá poderá responder pastoralmente a este novo desafio. Neste sentido, urge uma melhor preparação e sensibilidade dos ministros e todos os agentes de pastoral.

Estas considerações assinalam que a reforma sinodal de toda a Igreja, na complexidade de suas diversas instâncias e na fidelidade criativa ao espírito do Concilio Vaticano II, constitui um pressuposto iniludível para conceber a vida, a missão e a teologia das comunidades eclesiais. Como teólogas e teólogos ibero-latino-americanos, apoiamos com esperança e colaboramos com o processo de reforma de mentalidades e de estruturas, impulsionado pelo atual Bispo de Roma.

O Povo de Deus é uma comunidade de discípulos missionários chamado, em uma dinâmica de saída e entrega, a testemunhar e a anunciar o Evangelho, guiado pelo Espírito Santo. Somente uma instituição espiritualmente mais evangélica, teologicamente mais consistente e pastoralmente mais aberta à diversidade sociocultural e religiosa, poderá responder ao desafio de trabalhar pela justiça, a paz e o cuidado da casa comum, a partir de uma genuína atenção aos mais pobres e excluídos de nossa época.

Maria, particularmente a imagem e o nome da Virgem de Guadalupe, Padroeira da América, acompanha nossa caminhada.

Primer Encuentro Iberoamericano de Teología
Fevereiro 06-10 2017, Boston College
Boston, Massachusetts

First Ibero-American Meeting of Theology

Boston Declaration


For several days, Catholic theologians from Ibero-America met in the city of Boston, United States, guided by a spirit of interculturality, ecumenism, and solidarity. Our ecclesial vocation inspired us to examine, learn, teach, and communicate the richness of the Christian faith in the church and society. We shared our experiences, reflections, prayers, and the Eucharist to commonly discern the signs of the times in this new global era. In this declaration, we share some of the fruits of our work with both the church community and the public in general.

We recognize, with happiness and joy, that we live at an auspicious time for the development of theology and in the life of the church. We live in an ecclesial kairos moment, evident in the new processes initiated by Francis, the bishop of Rome and the first Latin-American pope. His efforts towards evangelical renewal, expressed in the need for a reform of both our limited ways of thinking and our ecclesial structures, encourage us to consider the presence of God in history and to examine the realities that reject God therein. Our deliberations uncovered shared features and signs of a common history, and it is from them that we want to examine the present and future challenges of this global era. Hence, we stress the importance of examining, from the perspective of the Word of God proclaimed in the church, the socio-political and economic situation of our nations, which is an essential locus theologicus for the church. It is in this situation, in this place, that the church is called to incarnate itself in order to accompany, as the people of God, the peoples of this world.

We want to discern our experience as believers from the perspective of the key social questions of this time. Socioeconomically, this experience is characterized by the presence of social systems and relationships of exclusion and inequality. The socio-cultural sphere points to the need to move from the pluri-cultural to the intercultural. The socio-political calls for the urgent need to consolidate representative democratic systems and foster those expressions of civil society that propose a more humane vision of the world. In this context, we confirm our preferential option for those who are poor and excluded.

Latin America and the Caribbean is not the poorest region in economic terms, but continue to be the most unequal. The cause for this is not a question of inheritances or the rent of land, as it is in Europe or the United States of America, but in the unequal distribution of income and opportunities, including the unequal distribution of concentrated private land, which generates wealth for a few and poverty for the many. We urgently need a prophetic theology able to desacralize false gods. We cannot stop denouncing the economic and cultural causes for poverty, and must be attentive to the different socio-political mediations that seek to overcome it. An inculturated prophetic theology presumes the whence of our theology and the social place where we choose to stand to understand reality. Thus, it is necessary a critical discernment of the new styles of "neo-populist type" (Document of Aparecida 74), which have begun to emerge through Democratic ways in various Countries of the Americas.

In the context of all the Ibero-American languages that mediate the Gospel, we have reflected upon the service that a theology articulated in Spanish or Castilian offers to the church community, and especially to the universal magisterium. We are mindful of the widespread and the socio-cultural importance of the Spanish language in the Catholic world. Our work has confirmed the need to increase the personal and institutional relationship between Spanish and Portuguese speaking Latin-American theologians, Spanish theologians, and U.S. Latino/a theologians. We propose a historical and theologal theology ready to engage those issues that affect the Ibero-Latin-American cultural and ecclesial context.

Encouraged by the Spirit who moves from the margins of the church and the underside of history, we believe that the peripheries are theological places that force theology to ask: When is a people authentically Christian? When it has many churches, or when it rejects poverty? Thus, we ratify our inescapable commitment to our brothers and sisters from the peripheries of society, scourged by poverty and so many forms of social, economic, political, and ecclesial exclusion that call for our urgent struggle on behalf of greater integration and inclusion. It also demands a greater fidelity from our ecclesial institutions to Jesus of Nazareth, the liberating Messiah, Lord of history and Son of God. We recognize that unjust poverty kills because it generates forms of premature death that we must reject. We are believers who wager on the praxis of mercy with justice. Our option for the poor is rooted in the memory of our martyrs' blood, in celebrating their lives, and in remembering their self-offering for the people of God, which is the light that illuminates our theological task.

In light of the gravity of this historical moment, which calls for the deeper commitment of our communities, we insist on the urgent need to collaborate with the theology and pastoral plan of Pope Francis. We support a theology that attends to the reality of social conflicts and makes its way through the peripheries. Just like the shepherds who live with the smell of sheep, theologians must smell like their people and their streets; thus, the need to pay back the pastoral debt that professional theology still has with our poor people. Within this context, theology must be saturated by an evangelical mercy that promotes a church of the poor and for the poor-a church where the poor become the subjects of their own history and not the object of ideological manipulations. The poor, many times victims of violence, are privileged theological places, our commitment is not only to walk with them, but also to let ourselves be evangelized and transformed by them in an ongoing process of pastoral and missionary conversion.

We recognize that current globalization processes have allowed a greater interdependence and exchange between distant people. Nonetheless, we also endure its sociocultural outcomes. Thus, we note, with some perplexity, the globalization of indifference, of indolence. We pay special attention to the complex phenomenon of migration, the precarious nature of employment, and the lack of opportunities generated by systems that do not assume the cause of the poor or consider them authentic subjects of their own processes. We have entered a new world stage that some call "de-globalilzation," and that seems to be characterized by our inability to relate as mutual subjects engaged in reciprocal humanizing relationships.

We believe that migrants are a great sign of our times. In them, Christians are called to recognize the face and the voice of Jesus (Mt. 25:35) and respond to the following insights: the affirmation of the dignity of every human being, the promotion of a "culture of encounter," and the praxis of fraternity, hospitality, and compassion. The reality of migration invites us to build processes of interculturality as a key element in our theological reflection. The presence of multiple cultures in our countries calls for a deepening of our recognition of alterity, a welcoming embrace to the richness given to us by our differences, and the permanent expansion of the horizon of our theological reflections. All of this assumes the reciprocal learning from our daily experiences, and demands the constant openness to changing our thinking based on our encounter with the life of the poor.

Our practices cannot continue producing forms of domination, like those marked by the clericalism that disrespects lay people. Institutional rigidities fail to mediate the merciful images of the God of Jesus and hinder the much-needed process of pastoral conversion in the church. In this regard, it is important to emphasize the value of the new contextual theologies, like those practiced by indigenous and Afro-American women, which highlight the experiences of subjects who have been marginalized in their social and ecclesial life. Their commitment to the liberation of victims of exclusion has emphasized their struggles and the difficulties they have endured. In a similar manner, we note the work produced by women theologians who invite us to make a greater commitment toward nature and against the causes of women's oppression. They articulate a more adequate conception of the type of transformation that our societies must follow for a fuller and more authentically Christian development.

We also highlight the contributions of U.S. Latino/a theology as an effective way to reflect upon the preferential option for the poor, and the defense of the cultural and religious identity of Latino/a communities that are all too often discriminated against in society and within the church. This theology has focused its attention on key themes of the Latino/a experience in the United States like mestizaje and popular religion with its particular Marian expressions and lo cotidiano. We believe that only through the recognition of the socio-cultural and religious roots of the Latino/a population will the churches of the United States and Canada be able to offer an effective pastoral response to the increased transformation of these churches. In this sense, a better preparation and sensitivity of the ministers and all the pastoral agents is urged.

These considerations point out that the synodical reform of the whole Church, in the complexity of its various instances and in creative fidelity to the spirit of the Second Vatican Council, constitutes an inescapable presupposition for the conception of life, mission, and theology of the ecclesial communities. As Ibero-Latin-American theologians, we support with great hope the process of reform that the current Bishop of Rome has called for in the mentalities and structures of the church.

The people of God is a community of missionary disciples called, in a dynamic of departure and donation, to witness the Gospel under the guidance of the Holy Spirit. Only an institution that is spiritually more evangelical, theologically more consistent, and pastorally more open to sociocultural and religious diversity will be able to respond to the challenges of working for justice, peace, and the care of our common home, from a stance of genuine attention to the most poor and the excluded of our age.

Mary, especially in the image and the name of the Virgin of Guadalupe, Patroness of America, accompanies our walk.

Primer Encuentro Iberoamericano de Teología
Realizado del 6 al 10 de febrero de 2017 en el Boston College
Boston, Massachusetts



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