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Jairo del Agua

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¿Por qué se hizo hombre?

"La ofensa cometida por un hombre, debía ser reparada por un hombre"

Jairo del Agua, 19 de marzo de 2017 a las 12:01
Los "motivadores de la falta de fe" son aquéllos que tienen la sagrada misión de difundirla y mantenerla. ¡Qué cruel paradoja!

(Jairo del Agua).- "En nuestra época cada vez más personas manifiestan que encuentran en Dios mismo (o mejor dicho en la manera con la cual Dios les es presentado), el motivo de su falta de fe".

Totalmente de acuerdo con el Profesor Cambón. Tanto, que diría que ese "dios mal presentado e imaginado" se ha convertido en la obsesión de derribo de este pobre escritor católico y laico.

¿Y quiénes nos hacen una pésima presentación del Dios verdadero? Pues los Jerarcas de las Iglesias cristianas, empezando por la Católica, con sus enmohecidas e inamovibles doctrinas, con sus interpretaciones erróneas y con su testimonio incoherente.

Es decir, los "motivadores de la falta de fe" son aquéllos que tienen la sagrada misión de difundirla y mantenerla. ¡Qué cruel paradoja!

Los Jerarcas judíos "in illo témpore" despreciaron, persiguieron y no pararon hasta matar -y en muerte de cruz- al que esperaban y debieron reconocer. Los Jerarcas cristianos, que debieron y deben "reconocer" al Abba de Jesús y predicarlo, resulta que lo están matando "hoy mismo" e impidiendo que muchos puedan creer.

Es de una gravedad inusitada, que nuestros "sabios y entendidos" no quieren o no saben diagnosticar. Los laicos, el Pueblo caminante, incluso los religiosos rasos, somos como niños en nuestra Iglesia, porque no tenemos "ni voz, ni voto". Solo nos queda llorar y protestar, aunque no quieran ni vernos, ni oírnos. Por tanto vuelvo a la carga con mis anuncios y denuncias. ¡Es un deber de conciencia!

Durante siglos nos han enseñado que el pecado del hombre causó una ofensa infinita a Dios. Siendo el hombre un ser finito, no podía reparar esa ofensa infinita. Era preciso alguien infinito para satisfacer el honor de Dios.

Por otro lado, al haber sido cometida la ofensa por el hombre, tenía que ser reparada por un hombre. Eso explica que Jesús (Dios y hombre) se encarne, muera y merezca con su muerte (sacrificio con valor infinito por tratarse de un ser infinito) la reconciliación con Dios. Al quedar pagado el justiprecio por todos nuestros pecados, quedamos redimidos y los cielos abiertos.

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