Religión Digital

Maduro y Chávez

TV

Chávez, caudillo que encarna la Patria

clipping

Venezuela ¿del totalitarismo a la dictadura?

La segunda fuente del totalitarismo fue la adopción del modelo revolucionario cubano

Pedro Trigo, 27 de mayo de 2017 a las 19:08
La tesis es que en Venezuela hemos pasado de un régimen totalitario a una vulgar dictadura decimonónica, o, si preferimos llamarlo así, a una tiranía
Maduro y Chávez/>

Maduro y Chávez

  • Maduro y Chávez

(Pedro Trigo, teólogo).- Quisiera comenzar diciendo que escribo con mucho dolor, con más dolor que indignación. Ante todo, porque lo que está pasando es muy malo para el país y el país somos todos y por eso nos afecta muy profundamente; pero además porque también son mis hermanos los causantes de esta tragedia y quiero que caigan en cuenta del mal que están causando y vuelvan sobre sí[1].

LAS DOS RAÍCES DEL TOTALITARISMO CHAVISTA

Este régimen comienza siendo totalitario, sobre todo por dos motivos. El primero, que Chávez, el caudillo, tomó la presidencia de la república con una ideología militar según la cual, el Presidente de la República, era para él como el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, en el sentido preciso de que tenía que ser obedecido de modo no deliberante. Esta manera de entender la conducción del país, asimilándola a la de las Fuerzas Armadas, es absolutamente incompatible con la democracia.

Entró a gobernar con esta concepción, pero no la pudo aplicar con toda consecuencia sino a medida que tuvo el control de todos los poderes y, sobre todo, de la opinión. Fue tan obvio para todos que el presidente ejercía la Presidencia de la República como Comandante en Jefe, es decir, que ése era su talante, que lo empezaron a llamar comandante, hasta que en la última década todos los suyos, tanto los funcionarios como la gente popular, terminaron llamándolo así. Y, obviamente, no era un insulto sino un reconocimiento y él lo recibía de ese modo.

Es el bonapartismo, que es el modo como el estudioso de nuestra política, Juan Carlos Rey, caracteriza al régimen chavista [2]. Por eso todo lo que planteó fueron misiones, campañas, batallas. Como el enemigo principal era interno, aunque las ganara todas, siempre perdían venezolanos, en definitiva, siempre perdía Venezuela. Ésta es la tragedia, que él no tuvo en cuenta, porque en una guerra lo imperativo para el que la vive como contendiente es vencer. Pero gobernar no es hacer la guerra ya que el gobernante es mandatario de todos los venezolanos, es decir su representante, que por eso tiene que responder ante ellos, incluso administrativa y penalmente, no el que está sobre ellos mandando no deliberantemente.

Hay que señalar, y es importante hacerlo en esta coyuntura, que esta ideología militarista no viene determinada por ser militar de carrera ya que durante toda la democracia y aun antes ha habido militares que han distinguido el modo de relaciones característico de las Fuerzas Armadas del de la sociedad civil, donde está ubicada la política y en concreto la estructura democrática. También se puede señalar el caso de políticos que se relacionan dentro de su organización de modo caudillista, dificultando o impidiendo la verdadera democracia, aunque subsistan las formas[3].

Decíamos que Chávez fue obrando cautelosamente hasta lograr el control de la opinión. Ese control lo obtuvo por hegemonía, pero no en el sentido democrático sino al modo del líder carismático. Hegemonía significa, en el sentido original aristotélico, que los dirigidos perciban que sus intereses están representados en el interés del que gobierna porque en definitiva es parte de ellos[4]. Además el modo como hace ver esta coincidencia de fondo y que legitima la representación es el diálogo: la propuesta limpia de lo que propone y actúa, y el examen por parte de los representados y la discusión abierta y franca, orientados todos por la honradez con la realidad. Ésa es la hegemonía democrática.

En cambio el líder carismático, según la concepción clásica de Max Weber[5], encanta a las masas de tal manera que en su entusiasmo siguen al líder, abandonándose a él. Así, inconscientemente para ambos[6], el líder se los traga, de manera que él es la patria y que todos son él. Así fue el liderazgo de Chávez. Por eso pudo decir y dijo que él era la patria y por eso cundió el slogan "yo soy Chávez", "todos somos Chávez". Realmente tuvo una capacidad de encantamiento de dimensiones desconocidas en nuestro país y que apenas tendrá paralelos en la historia republicana de Nuestra América[7].

La segunda fuente del totalitarismo fue la adopción del modelo revolucionario cubano. Puede discutirse si ya estaba en su mente desde el comienzo, por sus encuentros sistemáticos con la parte más ortodoxa del Partido Comunista, con la que se reunía sistemáticamente durante la década que duró la conspiración, que incluyó dos intentos de golpe de Estado y que acabaría llevándolo al poder electoralmente, o si fue arrastrado a ese modelo tras el paro patronal, el golpe de Estado y la huelga petrolera. De todos modos, hay que reconocer la responsabilidad de los dueños de los principales medios de comunicación y de los grandes empresarios, obviamente que no todos, en ese corrimiento de la política de Chávez. Aunque en definitiva la última responsabilidad la tuvo él.

Lo cierto es que él llegó a creerse el hijo, el sucesor, de Fidel, en el sentido preciso del que ocuparía su lugar en América Latina[8]. Y también lo es que Fidel alentó esa percepción con la finalidad o al menos con el resultado del apoyo masivo del gobierno chavista al gobierno cubano y de la cubanización del gobierno venezolano.

Para leer el artículo completo, pinche aquí



facebook

Religión Digital Edicom, SL CIF B86611894 - C/ Castuera nº 18 1º A - 28047 Madrid (España) - Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad | sugerencias@religiondigital.com | Copyleft 2000