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"El Reformador por antonomasia"

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Lutero, de cacería con el papa

"Comienzan a entreabrirse las puertas del conocimiento a lo que aconteció"

Antonio Aradillas, 13 de junio de 2017 a las 08:42

Lutero

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Yo te agradezco el haberme revelado a tu amado Hijo Jesucristo, en quien creo y a quien he predicado y confesado
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Efigie de Martín Lutero

  • Antonio Aradillas, columnista
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  • Efigie de Martín Lutero

(Antonio Aradillas).- Les guste a unos, tanto o más que a otros, no solo religiosa sino hasta políticamente, Martín Lutero, el "Reformador" por antonomasia, es uno de los personajes más importantes del año actual. Su recuerdo inspira multitud de estudios, reuniones, conferencias, actos institucionales, devociones personales, controversias, confluencias y antagonismos.

Es significativo destacar que mayoritariamente, por parte de católicos y de protestantes, da la gozosa impresión de que, por fin, al encuentro y al entendimiento religiosos entre ambos, comienzan a entreabrirse las puertas del conocimiento a la realidad de cuanto aconteció, y se conmemora en el Quinto Centenario de haber fijado las famosas 95 tesis a la entrada de la iglesia-castillo de Wittenberg, el 31 de octubre de 1517.

El proceso de "sospechoso de herejía" lo abrió el papa León X, habiéndose ordenado que se le detuviese y encarcelara, "atado de pies y manos", con amenazas de excomunión "latae sententiae", en conformidad con el "Breve pontificio" del 23 de agosto de 1518, en el que se le llamaba "hijo de iniquidad y hereje peligroso", con reiteradas órdenes de "apresar, encarcelar y aherrojarlo".

Ante la actitud de desobediencia mantenida por Lutero, y diversas gestiones de parte de autoridades eclesiásticas y de las políticas germanas, así como de incontables disputas teológicas e imperiales, con fracaso de unas y otras, el teólogo concluyó la redacción de la obra titulada "A la nobleza cristiana de la nación alemana", en agosto de 1520. En la misma, y en sus 27 puntos, presentó "el programa que llevaría a mejorar la situación social, económica, política, eclesiástica y religiosa de Alemania".

Del enunciado de las mismas, destacan las siguientes: "1- Prohibido pagar a Roma anatas, o impuesto eclesiástico correspondiente al primer año de posesión de cualquier beneficio o empleo. 7- Reducción de la servidumbre pontificia, y que esta dependa de los bienes del papa. 9- El papa no tendrá poder alguno sobre el emperador. 10- Los territorios que ha tomado por la fuerza no le pertenecen. 11- Olvidarse de besar más el pie del papa y levantarlo como un ídolo. 12- Abolición de las peregrinaciones a Roma. 14- La libertad de contraer matrimonio de los sacerdotes deberá tratarse en un Concilio.15- Los frailes y las monjas poseerán mayor libertad para elegir confesor. 17- Todas las fiestas, menos los domingos, desaparecerán del calendario litúrgico. 20- Prohibir la canonización de los santos. 22- Regulación de cofradías e indulgencias etc. 23- Expulsión de los legados pontificios de Alemania. 25- Reforma d ela Universidad en todas sus Facultades. 26- Es preciso que los emperadores germánicos sean verdaderamente libres de Roma. 27- Es necesario promover reformas sociales sobre el préstamo y el interés, el consumo de las especias, la comida y la bebida, el vestido y la castidad".

En el nuevo libro "El cautiverio babilónico de la Iglesia", publicado en agosto de 1520, y en otros escritos más, Lutero insistió en el "programa al que había de someterse la Iglesia de Roma para homologarse con la idea que de ella hay clara constancia en los Libros Sagrados de la Biblia". "Al igual que el pueblo de Israel estuvo cautivo en Babilonia, en la actualidad, la Iglesia y el pueblo de Dios han sido reducidos a cautiverio por el papa".

Era de esperar una nueva reacción pontificia y de la Curia romana, que se concretó en la Bula "Exurge Dómine" firmada por León X, -precisamente, y por más señas, "ad maiorem Dei gloriam", es decir, "para mayor gloria de Dios"-, en el transcurso de una de las cacerías señoriales feudales de las que se sentía fervoroso y asiduo devoto, celebrada el 15 de junio de 1520, tal y como refieren con fidelidad y protocolos las crónicas "del octavo año de su pontificado" (con remembranzas por parte de algunos posteriores católicos a otras regias y fastuosas cacerías hispano-germanas que, en su día, habrían de celebrarse en tierras africanas, con majestuosos animales)

Como atestiguan sacerdotes y amigos que acompañaron a Lutero a la hora de su muerte, "Martín Lutero, sobrio y lleno de fe, y a modo de epítome de su vida y de su obra, le dirigió a Dios esta oración: ¡Oh¡, Padre mío celestial, Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Dios de toda consolación¡. Yo te agradezco el haberme revelado a tu amado Hijo Jesucristo, en quien creo y a quien he predicado y confesado, y a quien otros deshonran, persiguen y blasfeman. Te ruego, Señor mío Jesucristo, que mi alma te sea encomendada. ¡Ah, Padre Celestial¡, tengo que dejar ya este cuerpo y partir de esa vida, pero tengo por cierto que contigo permaneceré eternamente y nadie me arrebatará de tus manos"¡

Presentes y ausentes, recordarían después estas otras "provocadoras" palabras del Reformador: "Si hasta ahora habéis tenido que perder tanto dinero y tantos bienes en indulgencias, misas, vigilias, fundaciones, mandas, "cabos de años", frailes mendicantes, cofradías, romerías... y os habéis visto liberados de tales donativos por la gracia de Dios, sería muy conveniente entregar parte de lo que ellos suponían como la mejor inversión en beneficio de las escuelas y de la educación de los niños pobres.... Eclesiásticos hay que no buscan la honra de Dios, sino que Dios les colme de honores, porque el mérito de Cristo se consigue a fuerza de obras nuestras o de nuestros peniques, sino por la fe en la gracias".

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