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Antonio Aradillas

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Banco sin indulgencias

"Todas las obras habrán de ser ordenadas por conductas limpias y transparentes"

Antonio Aradillas, 16 de junio de 2017 a las 12:17

Antonio Aradillas, columnista

Antonio Aradillas, columnista

¿Es que son tan torpes, indocumentados o "atrevidos", sus gestores financieros?
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Vista de la fachada de una sucursal de Banco Popular.

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El fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá de Balaguer/>

El fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá de Balaguer

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Ordenaciones del Opus Dei en Roma

  • Banco Popular
  • Vista de la fachada de una sucursal de Banco Popular.
  • Banco Popular.
  • El fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá de Balaguer
  • Ordenaciones del Opus Dei en Roma

(Antonio Aradillas, sacerdote y escritor).- Nos dejamos de monsergas, de chapurreos y de pías y resignadas eubolias, y en un intento penitencial de llamar a las cosas por sus nombres, volvemos a hacernos eco de una de las noticias que recientemente han merecido "el honor de los altares" en los informativos y comentarios de carácter religioso o para-religioso.

En conformidad con las mismas, y sin más análisis, reivindicaciones y compensaciones imposibles, el hecho es que según cálculos veraces, unos 4.500 millones de euros con denominación de origen eclesial, se han esfumado y pasaron ya a forman parte del "sueño de justos o injustos", con rarísimos indicios de que habrán de ser reintegrados algún día a su antiguo redil. Reflexionar sobre el tema, resultará provechoso para cuantos, cautos e incautos, hicieron posible protagonizar estos hechos "en el nombre de Dios".

El término "asunción" -de "asumere" ("asumir o tomar para sí")-, y para evitar confusiones piadosas, con referencias al cielo o a la otra vida, la palabra exacta en el lenguaje bancario es la de "absorción" -"captar o cautivar"-, si bien ambos términos fonéticamente se avecindan en el diccionario con el de "absolver", o "remitir a un penitente sus pecados", en el caso en el que la malicia "que rompe el saco", la impericia o la improvisación hubieran sido los elementos inspiradores del desfalco, de la malversación o de cualquier otra figura incorrecta y hasta delictiva.

El paso del tiempo, los estudios y los análisis de los datos objetivos y documentados, llegarán a poner aproximadamente en su día las cosas en su sitio y se les podrán adscribir las cantidades perdidas a instituciones como el Opus Dei -"obra de Dios"-, a asociaciones próximas a la Conferencia Episcopal, diócesis como Valladolid, órdenes y congregaciones religiosas como Hospitalarios de san Juan de Dios, Agustinos Recoletos, Escolapios, Maristas, Salesianas y otros nombres que aparecen ya con sus cifras en los balances del cierre de cuentas del año 2016.

Por cierto, y como dato curioso y significativo, al responsable último de la sección bancaria "religiosa" de la entidad "popular" se le conocía y trataba como "monseñor", aún siendo seglar y no haber recibido orden religiosa sacramental alguna. "Monseñoreando" por los departamentos del banco "expoliado" -"no indulgenciado"-, era frecuente encontrarse con otro Monseñor, este de verdad, y por más señas, "Vicario Regional del Opus Dei en España".



Merece consideración aparte el hecho de que en el relato de víctimas del fracaso y capitulación registrados en el Banco Popular, la diócesis de Valladolid ocupe "prestigiosos" lugares. Algo similar les aconteció a sus finanzas con lo del "Forum Filatélico" de infeliz recordación, y con operaciones anteriores, como la malhadada Gescartera... ¿Acaso es tan rica, generosa y piadosa esta diócesis, hoy pastoreada por el Presidente de la CEE? ¿Es que son tan torpes, indocumentados o "atrevidos", sus gestores financieros? Un misterio más que desvelarán los expertos y del que, a su tiempo, dará cuenta la prensa.

Personalmente siento profunda desazón que el apellido "Popular", y el antiguo "Pastor", que definía al banco no "indulgenciado", resulte ser referencia obligada de ruina para tantos, con posibilidades nulas, irrelevantes o carísimas, de redención en esta vida y en la otra. Aliento, no obstante, la esperanza de que las operaciones bancarias previstas, además de perfectamente técnicas y legales, sean también justas y ejemplares. La sola y remota posibilidad de que a la Iglesia, o a quienes actuaron y actúan en su nombre, les sea achacadas las graves e irremediables pérdidas que han de padecer personas e instituciones, suscita fuertes y copiosas dosis de dolor, de rabia y de ira.

No será fácil discernir y evaluar los grados de veracidad que tenga, o haya tenido, la definición del Banco Popular como "El banco del Opus". Pero es así como lo cree y lo profesa el pueblo, también el de Dios, a la espera de los definitivos balances.

Identificándose el Opus -"obra de Dios"- con la Iglesia, tal relación no será beneficiosa y evangelizadora, sino todo lo contrario, aunque el buen sentido y la formación catequística, contribuyan a desvelarles, que si bien el Opus es y forma parte de la Iglesia, ni es "la" Iglesia, ni la única ni la mejor Iglesia de Cristo. Clarificar verdades y comportamientos elementalmente cristianos como este, es tarea y ministerio irrenunciables, al dictado de la Teología, de la Pastoral y del Código de Derecho Canónico, y aún de no pocas sugerencias y gestos de los que es portador el Papa Francisco.

Sin entrar en más detalles, el Banco Popular es -era- del Opus y de tal denominación y expolio nos irán llegando informaciones, con las sorpresas propias de todas las obras -con letras mayúsculas o minúsculas-, en las que el misterio -los misterios- y la escasez de procedimientos y sistemas democráticos, sean sus vectores.

Todas las obras, y tanto o más las religiosas, sobrenaturales o divinales, habrán de ser ordenadas y coordinadas por conductas y técnicas democráticas, con limpia y transparente participación del pueblo, incrédulo y alérgico ya, por la gracia de Dios, a terminologías escatológicas o apocalípticas.

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