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Xabier Pikaza

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Corpus: Al atardecer nace la Vida

"La forma primordial de la oración humana"

Xabier Pikaza Ibarrondo, 18 de junio de 2017 a las 17:27

Pikaza, columnista

Pikaza, columnista

Al atardecer de su entrega por el Reino, desde el borde del fracaso, confiando en el Dios de la Vida, Jesús ofreció a los suyos su señal de vida: el pan y el vino, su mismo Cuerpo de amor y de entrega por todos. Buena fiesta de Corpus
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Pan y vino

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(Xabier Pikaza).- Jesús no ha sido profeta de ayunos, sino de pan y vino compartido con los marginados de su pueblo, de pan y de peces ofrecidos en el campo abierto a todos los que van y vienen, como han destacado los evangelios en los diversos relatos de las "multiplicaciones", que debemos entender como comidas mesiánicas de Jesús, a cielo abierto, con todos los que vienen (cf. Mc 6,30-44; (, 1-10 par).

En ese fondo se sitúa su manera de asumir la muerte, conforme a la tradición antigua de la iglesia. Sintiéndose amenazado, Jesús quiso beber con sus amigos el vino de fiesta final, prometiendo que la próxima vez lo bebería con ellos en el Reino. De esa forma quiso despedirse de amigos y de amigas, con el fino de la promesa del Reino en la mano.

Por eso, es normal que las iglesias de Jerusalén y Antioquía (representadas por los textos de la institución eucarística) y luego todas las iglesias hayan recreado litúrgicamente las palabras de la última cena sobre el pan y el vino como expresión radical de la entrega y esperanza de Jesús (uniéndolas a la palabra sobre el pan), como seguiremos indicando.

Al atardecer de su entrega por el Reino, desde el borde del fracaso, confiando en el Dios de la Vida, Jesús ofreció a los suyos su señal de vida: el pan y el vino, su mismo Cuerpo de amor y de entrega por todos. Buena fiesta de Corpus.


Elementos eucarísticos

a. Mc 14, 25a par. Voto de abstinencia: «En verdad os digo, que ya no volveré a beber del fruto de la vid...». Este pasaje vincula dos elementos:

(1) Voto de renuncia: Jesús recompromete a no tomar más vino mientras siga existiendo el mundo actual.

(2) Promesa de abundancia: Jesús anuncia a sus amigos el vino del Reino.

El texto comienza de un modo elevado (en verdad os digo...), y sigue con una triple negación (no, no, no: ouketi ou mê...), que debe interpretarse como juramento o voto sagrado, en el que el mismo Dios actúa como testigo, en fórmula que podría traducirse: «así me haga Dios en el caso de que...». En el momento más solemne de su vida, rodeado por sus discípulos, tomando con ellos la última copa, Jesús se compromete a no beber más hasta que llegue en plenitud el Reino que él ha prometido e iniciado (cf. Mc 9, 1; 13, 30). Este juramento puede interpretarse como voto de abstinencia escatológica, de tal manera que, de ahora en adelante, Jesús puede presentarse como nazareo del reino, renunciando al vino. Lógicamente, al acercarse el momento decisivo, Jesús proclama que ya no beberá más vino en este mundo viejo, en este orden de cosas, pero añade que llega (se está acercando de inmediato) el reino.

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