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El cuadro del Papa silletero

Llega con sus dos agendas en el bolsillo: la religiosa y la política

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El Papa viaja a Colombia para blindar la paz y promover la geopolítica del diálogo

La vecina Venezuela se asomará a la frontera para oler el perfume de la esperanza

José Manuel Vidal, 06 de septiembre de 2017 a las 08:34
No llega con promesas imposibles ni con la mochila repleta de milagros. Sabe que la violencia es reciente, que no ha habido tiempo para olvidar. Que las heridas supuran y sangran
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Todo listo en Colombia para la llegada del Papa

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Visita del Papa a Colombia

  • Todo listo en Colombia para la llegada del Papa
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  • Visita del Papa a Colombia

(José M. Vidal).- El Papa vuelve a América. Francisco regresa a su Patria Grande. hoy, a eso de las 4 de la tarde hora colombiana (23:00 hora española), aterrizará en Bogotá, para una visita de 5 días a Colombia. Una visita inusualmente larga, que denota la importancia que se le concede en Roma. Con un objetivo clave: blindar la paz y demostrar que la geopolítica papal del diálogo puede conquistar la paz y la reconciliación. De verdad, en la praxis y no sólo en la teoría.

El Papa llega a Colombia con sus dos agendas en el bolsillo: la religiosa y la política. Con la primera, pedirá a los católicos autenticidad y que cumplan el mandato evangélico de 'amar al enemigo'. Con la política, viene a apuntalar, con su presencia, sus palabras y sus gestos, el proceso de paz. Un proceso, apenas comenzado. Porque, en Colombia, se ha dejado de matar, pero no se ha dejado de odiar.

Tras 50 años de guerra, con 300.000 muertos y seis millones de desplazados, Colombia está dando los primeros pasos hacia la paz. Vacilantes y temblorosos, pero pasos, al fin y al cabo. Y Francisco viene para transformarse en un bastón para el país. Viene a anunciar y denunciar que no hay justicia sin perdón. Que justicia y perdón van de la mano, aunque el perdón no sea parte de la justicia, sino un regalo.

Tras tantos años de sangre y de lágrimas, Colombia está en un 'impasse' o a mitad de camino: no está en guerra, pero tampoco en paz. Hay mucha sangre derramada. La propia Iglesia católica ha pagado su cuota: Desde 1984 han sido asesinados dos obispos y 89 sacerdotes y 23 religiosos fueron secuestrados, incluidos cinco prelados, según datos de la Conferencia Episcopal colombiana.

Uno de ellos, el obispo Jaramillo, asesinado por la guerrilla del ELN, fundada por el cura español Manuel Pérez. O el sacerdote Pedro María Ramírez, víctima de los liberales. El Papa beatificará a ambos en su visita al país, para dejar claro que hay víctimas inocentes en todos los bandos.

Para sanar las heridas sangrantes y seguir caminando hacia la paz definitiva, el Papa va a proponer justicia con misericordia. Es decir, huir de la polarización y buscar el equilibrio ente la verdad y la misericordia.

En la geopolítica papal, Colombia es un laboratorio, donde se prueba que es posible pasar de la guerra a la paz a través de un estilo de política para la paz, que pueda conducir a la única salida: la no violencia activa. Y como Francisco no sólo predica, sino que da trigo, no le duelen prendas a la hora de implicarse directamente en el proceso de paz.

Francisco sabe que puede dejarse pelos en la gatera colombiana, pero se moja. Estuvo varias veces en Colombia (la última hace seis años), ha seguido su historia y sabe que el país está partido por la mitad, tras perder un referéndum, con el que se trataba de homologar el proceso de paz.

No llega con promesas imposibles ni con la mochila repleta de milagros. Sabe que la violencia es reciente, que no ha habido tiempo para olvidar. Que las heridas supuran y sangran. Que la entrega de armas se puede negociar, pero que la ruptura de un pueblo consigo mismo es difícil de volver a coser. Y sabe que el uribismo (la corriente política liderada por Álvaro Uribe) no sólo no lo quiere, sino que intentó maniobrar para evitar su visita al país y lo tacha de "hereje" y "comunista", entre otras lindezas.

Cuando visitan un país, los Papas no suelen hablar de otras naciones. Pero, en Cuba, el 20 de septiembre de 2015, en la Plaza de la Revolución de La Habana, Francisco, profundamente preocupado por Colombia, definió su plan para el país:

"En este momento me siento en el deber de dirigir mi pensamiento a la querida tierra de Colombia, consciente de la importancia crucial del momento presente, en el que, con esfuerzo renovado y movidos por la esperanza, sus hijos están buscando construir una sociedad en paz. Que la sangre vertida por miles de inocentes durante tantas décadas de conflicto armado, unida a aquella del Señor Jesucristo en la Cruz, sostenga todos los esfuerzos que se están haciendo, incluso en esta bella Isla, para una definitiva reconciliación. Y así la larga noche de dolor y de violencia, con la voluntad de todos los colombianos, se pueda transformar en un día sin ocaso de concordia, justicia, fraternidad y amor en el respeto de la institucionalidad y del derecho nacional e internacional, para que la paz sea duradera. Por favor, no tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación".


Ésta es la hoja de ruta de Francisco, que se implica a fondo en Colombia, para lanzar, desde allí, un mensaje a toda su Patria Grande, asolada por múltiples conflictos, desde Brasil a Guatemala, pasando por Argentina, Bolivia, México, Honduras, Cuba o Venezuela. Sobre todo, la vecina Venezuela, que vive en ascuas y se asomará a la frontera para oler, aunque sólo sea de lejos, el perfume de la esperanza y la paz.

Convertido en el gran líder mundial, Francisco quiere demostrar, empezando por su Patria Grande, que la paz es el bien supremo, en el que se cimientan los derechos inalienables de la vida, la justicia o la libertad. Sin la paz, ningún otro derecho es posible. Frente a la beligerancia y a la exclusión de Donald Trump, el Papa argentino va a Colombia a decirle a Latinoamérica que no se deje robar la esperanza. Alta política de un Papa político del bien común de las personas y de los pueblos.

En Colombia, a los que transportan mercancías en una especie de silla de madera en la espalda, sujeta con una cinta a la frente, les llaman 'silleteros'. Los presos de Medellín le van a regalar al Papa un cuadro en el que francisco aparece así pintado: el Papa silletero de Colombia.

Una visita, pues, con repercusiones continentales y globales. Una visita con millones de personas en las calles y en las plazas y con 200 millones de televidentes y los ojos del mundo clavados en ella. Todo un bello espectáculo planetario que Francisco quiere transformar en un punto de inflexión, en una visita fructífera, con un antes y un después para Colombia. Y, por contagio, para toda su Patria Grande.



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