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El Papa de la ruana

De la ruana a la pluma de Pío IX

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Gestos papales que hablan por sí solos

Los gestos y las historias llegan con mayor facilidad al corazón de la gente

José Manuel Vidal, 08 de septiembre de 2017 a las 10:49
Desde esta catedral primada le pido a la Inmaculada Virgen María que no deje de guiar y cuidar a sus hijos colombianos y que siempre mire con sus ojos misericordiosos
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El Papa y la multitud en Colombia

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La ruana que los chavales regalaron a Francisco

  • El Papa y la multitud en Colombia
  • La ruana que los chavales regalaron a Francisco

(José M. Vidal).- Jesús de Nazaret hablaba con gestos y con pequeñas historias de la vida diaria: las parábolas. La comunicación del Papa Francisco, fiel seguidor del Nazareno, sigue las mismas pautas. Porque los gestos y las historias llegan con mayor facilidad al corazón de la gente. Sobre todo, de los más humildes y sencillos, que no entienden otros lenguajes y que son sus preferidos.

Los gestos elocuentes están marcando, hasta ahora, el primer día y medio de la estancia del Papa en Colombia. El primer regalo que recibe el Papa, nada más poner los pies en el país, a pie de escalerilla del avión, es una paloma de 10 centímetros, entregada por un niño. La paloma de la paz, herida durante 50 años de guerra fratricida, en manos del 'niño de la guerra'. Porque el pequeño Emmanuel es hijo de Clara Rojas, la política secuestrada por las FARC en 2002. Emmanuel nació en la selva, fue apartado de su madre y criado por un campesino, hasta que, en 2008, fue liberada su madre, que, sólo entonces, pudo recuperar a su hijo.

El segundo regalo que recibió el Papa en Colombia fue una ruana (un poncho), que le entregaron los niños de la calle rehabilitados y reinsertados, gracias a la labor del sacerdote que dirige el Instituto para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idipron), fundado por otro sacerdote con fama de santo, Javier de Nicoló. El poncho, de lana de oveja virgen, mide 1,70 y los niños tardaron dos meses y medio en tejerla. Es su símbolo, lo que les quita algo de frío en las largas noches al raso. Su mantita de niños sin infancia o con la infancia robada que, ahora, regalan al Papa que vino a verlos, acariciarlos y decirles, emocionado: "No os dejéis robar la alegría ni la esperanza".

En la visita al Palacio de Nariño, sede de la presidencia del país, el Papa encendió, junto al presidente Santos, un pebetero con una llama perenne y otra paloma de la paz. Mientras, un coro cantaba: "Ya pasamos 100 años de soledad. Es el momento de dar el paso, para volver a soñar. Toma mi mano y caminemos por la paz". Y decenas de niños, vestidos de blanco, se arremolinaron en torno al abuelo-papa, que sonreía complacido.

Sin la ruana, pero arropado por el fervor de la multitud, Francisco realizó otro de sus grandes gestos populares: visitar a la Virgen de Chiquinquirá, patrona de Colombia, que peregrinó, desde su santuario, en Boyacá, hasta la catedral de Bogotá, para que el Papa pudiese rezar a su pies. Como rezan millones de colombianos en su santuario, uno de los más visitados del país. Un cuadro del artista colonial Alonso de Narváez, con el Niño en brazos, pintado en un lienzo de algodón tejido por los indígenas. La herencia española y mestiza. La diversidad que viene del fondo de los siglos.

Ante la patrona de Colombia, el Papa se recoge, en oración, como solo él sabe hacerlo: Concentrado, serio, transportado, en actitud profundamente orante. Como Moisés ante la zarza ardiente. Pidiendo a la Madre de Colombia el más importante de los regalos: la paz, sin la cual todos los demás derechos no existen para sus hijos.

Y para que quede constancia de su paso por la catedral de Bogotá, el Papa firma en el Libro Becerro, un libro que data de 1574, en cuero (de ahí su nombre), donde aparecen los eventos más importantes del templo desde entonces. Allí queda su firma, junto a la estampada por Pablo VI en 1968 y Juan Pablo II, en 1986.

Y para firmar, Francisco utiliza una pluma especial que se conserva en la seo colombiana. Aquella con la que Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, firmó la bula Ineffabilis Deus, proclamando el dogma de la Inmaculada Concepción. Y su dedicatoria: "Desde esta catedral primada le pido a la Inmaculada Virgen María que no deje de guiar y cuidar a sus hijos colombianos y que siempre mire con sus ojos misericordiosos".

Después, a los jóvenes, les lanza consignas y proclamas, en su propio estilo: "Vuelen alto y sueñen grande. Son ustedes la esperanza de Colombia y de la Iglesia". Mientras a los obispos, en un lenguaje más teológico, como hace al caso, les instó a "no ser una casta de funcionarios". Y les dio la bendición, que es un gesto que procede del mismo Dios.



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