• Director: José Manuel Vidal
Opinión
César Caro, columnista
César Caro, columnista
Y a mí Diosito me apeó del burro, en la caída perdí varios dientes, algunos se pudieron reconstruir, otros me salieron nuevos, y así tiro palante, pero ya siempre con los pies en el suelo

(César Luis Caro).- La primera parte de las vacaciones ha sido un mes de descanso total, tarifa plana de siesta, celular apagado, recuperación corporal con proceso de engorde, conversar con mis padres y mis hermanas, paseos por la playa, algo de lectura y por supuesto trote con mis sobrinos: hacer el burro con barca neumática, tirarnos por los toboganes del parque acuático, ir al pueblo a cenar pizza, jugar al fútbol, etc.

La segunda parte de esta estancia en España transcurre en Mérida y alrededores, y en ella disfruto otros encuentros típicos de las vacaciones de un misionero.

Hay que aprovechar la oportunidad para propiciar contactos con personas que puedan ayudar a mi misión de diferentes maneras. En Madrid visité a D. Anastasio Gil, Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias, el hombre clave de las Misiones en nuestro país. Quería conocerlo además porque es el responsable de la OCSHA, el cauce de la Conferencia Episcopal Española a través del cual estoy en Perú, y él es, junto con los obispos, quien firma los contratos que me vinculan con el Vicariato.

Don Anastasio me recibió muy amablemente, y me dijo que ya me conocía por otras referencias y por mis escritos 😳. Hablamos de muchos temas: del Yavarí, de la situación de las vocaciones y los envíos misioneros en España, del Vicariato y de la selva, de la asignación que recibimos los misioneros para nuestro sostenimiento personal, de la organización de la OCSHA y sus miembros en el Perú, de la formación, de cuidarse la salud... No está mal sentirte apoyado "institucionalmente", que alguien se acuerde de que existes aunque sea para enviarte una tarjeta de Navidad o la revistilla Carta de Casa.

Quería informarme de cómo solicitar apoyo económico para la misión y al toque me presentó al director del Fondo Nueva Evangelización. Me explicaron mecanismos y plazos, me dieron formularios y también algunos consejos para que las peticiones lleguen a buen puerto. La sede de la Conferencia, lugar elegante, silencioso y lleno de clergymans, impresiona un poco, pero me atendieron muy bien y salí contento.

Magníficamente me trataron en Religión Digital, esta web en la que escribo semanalmente desde hace algunos años. Llamé al timbre de la oficina de la calle Asturias, cerca de Plaza de Castilla, y me abrió la puerta el propio José Manuel Vidal, director de la página. Tomamos un café con Jesús Bastante y Cameron Doody comentando cosas que sabemos que luego no escribiremos (al menos en ese tono, jaja), y al ratito ya estábamos Jesús y yo haciendo la entrevista. Como es la segunda vez, me sentía menos nervioso (creo). Ahí hablamos sobre mi misión, la vida allí, la iglesia en salida, el papa Francisco... Me sigo sorprendiendo de que gente de este nivel piense que tengo algo que contar.

Y más todavía me asombran la generosidad y la delicadeza con la que me dedicaron media mañana ¡a mí! Me invitaron a almorzar en el Robin Hood de Bravo Murillo, genial idea del padre Ángel de Mensajeros de la Paz para que las personas sin hogar coman las mismas cosas que comemos los clientes del restaurante. Pidieron un vinito bueno para brindar, charlamos sobre un montón de temas y me animaron a ponerme el chip de periodista, hacer entrevistas y contar más historias. Fue un rato estupendo de verdad, estoy muy agradecido.

En todo momento, como tanta gente, expresaron su admiración hacia los misioneros. Ya dije que las alabanzas y piropos me incomodan porque sé que me vienen grandes (no soy Robin Hood, conozco bien la pasta de que estoy hecho), pero comprendo que no son a mi persona, sino a lo que represento, y así los recibo. A pesar de que pedimos espinacas de primero, durante la comida se me rompió una muela.

Fui al baño y pensé que, a pesar de todo, el cariño y el reconocimiento hacen bien si uno tiene la cabeza en su sitio. Y a mí Diosito me apeó del burro, en la caída perdí varios dientes, algunos se pudieron reconstruir, otros me salieron nuevos, y así tiro palante, pero ya siempre con los pies en el suelo. O en el agua del río.

Para leer otros artículos del autor, pinche aquí.