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Cardenal Sergio da Rocha

El fortalecimiento de los Consejos Misioneros, uno de los grandes desafíos

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El 4º Congreso Misionero Nacional llama a la Iglesia de Brasil a vivir con alegría y en salida

Mauricio Jardim ha destacado el tema de la sinodalidad y de la comunión eclesial

Luis Miguel Modino, 11 de septiembre de 2017 a las 10:53
P. da Silva: el objetivo de este congreso es "impulsar a la Iglesia de Brasil para entrar en un dinamismo de salida", a partir de una serie de temas que están siendo trabajados y que hacen referencia a la Exhortación del Papa Francisco, Evangelii Gaudium
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(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- La misión es una realidad intrínseca al cristianismo y que tiene que ser elemento prioritario para la Iglesia. Benedicto XVI, en el Mensaje del Día de las Misiones de 2012, afirmaba que "la misión ad gentes debe ser el horizonte constante y el paradigma de toda la actividad eclesial". En la misma perspectiva, el Papa Francisco nos llama reiteradamente a ser "Iglesia en salida". Para llevar a cabo esta tarea es necesario realizarla con alegría, con pasión, como señalaba el Papa Bergoglio, en estos días, en su discurso a los obispos del CELAM en su encuentro en Bogotá.

Coincidiendo con la visita papal al país vecino, la Iglesia de Brasil celebra de 7 a 10 de septiembre, en Recife, sede donde fue obispo uno de las grandes figuras del panorama eclesial brasileño del siglo XX, Helder Cámara, el 4º Congreso Misionero Nacional, con el tema "La alegría del Evangelio para una Iglesia em salida".

Como reconoce el Padre Mauricio da Silva Jardim, Director de las Obras Misionales Pontificias en Brasil, el objetivo de este congreso es "impulsar a la Iglesia de Brasil para entrar en un dinamismo de salida", a partir de una serie de temas que están siendo trabajados y que hacen referencia a la Exhortación del Papa Francisco, Evangelii Gaudium.

Mauricio Jardim ha destacado el tema de la sinodalidad, aspecto que ha aparecido en la ponencia del Cardenal Sergio da Rocha, Arzobispo de Brasilia y Presidente de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, y de la comunión eclesial, tema abordado por la Profesora de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, Lúcia Pedrosa Pádua.

El encuentro, en el que han participado 700 personas, llegadas de todos los rincones del país, además de conferencias, ha contado con oficinas temáticas, encuentros de reflexión, en los que se han compartido experiencias de misión tanto dentro como fuera de Brasil, celebraciones y una caminada de los mártires, en el que se ha recordado la figura de muchos mártires latinoamericanos, como Oscar Romero, Dorothy Stang, Chico Mendes, Enrique Angelelli o João Bosco Burnier, que se ha dirigido desde la sede del evento hasta la famosa Iglesia de las Fronteras, lugar donde vivió durante muchos años Monseñor Helder Cámara, perseguido duramente por la Dictadura Militar brasileña.

 

En este sentido, el director de OMP en Brasil, resaltaba la importancia de ese momento, pues "los mártires son iconos de la vida cristiana, testigos y profetas que inspiran a la Iglesia en salida", entre los que cabe recordar, "no sólo a aquellos que derramaron su sangre, sino también los mártires de lo cotidiano, que entregaron su vida por la misión".

El martirio es una de las consecuencias del testimonio evangélico, aspecto que ha sido resaltado por Monseñor Roque Paloschi, Presidente del Consejo Indigenista Misionero (CIMI), y que se ha hecho presente en la Iglesia brasileña y latinoamericana, concretizándose en la opción por los pobres, por los pueblos indígenas, cuyos derechos son pisados constantemente.

Desde esa perspectiva, el Presidente del CIMI, concienciaba a los presentes en el Congreso, diciendo que "no podemos caer en la tentación de huir de la cruz", pues eso iría contra el espíritu misionero. A esta idea unía una frase de Pedro Casaldáliga, para quien "no se puede ser cristiano y soportar la injusticia con la boca cerrada".

Son realidades que se concretizan en la experiencia misionera cotidiana de algunas personas, como la religiosa Rebeca Spires, quien desde hace tres años, lleva a cabo una misión en la frontera entre Brasil, la Guyana Francesa y Suriname, donde actúa en medio de los pueblos indígenas de la región, olvidados e invisibilizados por el poder público y afectados por la trata de personas y el tráfico de drogas.

Uno de los grandes desafíos, y que puede ser la piedra de toque para el buen hacer de la dimensión misionera de la Iglesia católica en Brasil, es el fortalecimiento de los Consejos Misioneros, como reconocía Monseñor Esmeraldo Barreto de Farias, Presidente de la Comisión Episcopal Pastoral para la Acción Misionera y Cooperación Intereclesial del episcopado brasileño.

En su opinión, "la misión viene de Dios", y se lleva a cabo a partir del testimonio personal y comunitario, teniendo como protagonista al Espíritu Santo, que "nos hace ver y comprender el mundo en que vivimos con los ojos de la fe, oír el grito de dolor y esperanza de los pobres, y sentir al otro para no ser indiferentes a quien vive en las periferias".

La misión se lleva a cabo dentro de la realidad socio política, que es diferente en cada lugar y momento histórico. En ese sentido, este congreso ha sido una nueva oportunidad para reflexionar sobre la situación social y política por la que el mundo y Brasil está pasando. Desde esa perspectiva, Monseñor Antonio Fernando Saburido, Arzobispo de Olinda-Recife, señalaba que "por mucho que estemos viviendo tiempos difíciles en Brasil y en el mundo, en el campo político y social, tenemos que ser testigos de que ese mundo tiene que ser transformado".

Brasil ha sido históricamente un país donde han llegado misioneros, pero poco a poco la misión ad gentes está cada vez más presente. En ese sentido, el javeriano Stefano Raschietti, insistía en una de las conferencias en cómo llevar a cabo esta misión, que conlleva ser enviado a estar presente "en medio de grupos humanos de otros credos y tradiciones religiosas y que incluye la opción preferencial por los pobres", pues como resalta el tema del Congreso, "una Iglesia en salida es una Iglesia misionera, pobre, solidaria y sin miedo, que abre su corazón a los clamores de todos los pueblos y de la Creación que nos interpela".

No olvidemos que la alegría del Evangelio es un elemento indisociable del quehacer misionero, que debe estar presente en la vida cotidiana de la Iglesia, como resaltaba Monseñor José Antonio Peruzzo, Presidente de la Comisión Episcopal Pastoral Bíblico-Catequética de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil.

Sin duda este Congreso puede ser un aldabonazo para que la Iglesia de Brasil continúe en esta línea, pues como ha quedado claro en el lanzamiento de la Campaña Misionera 2017, llevada a cabo en el evento, que ayudará a continuar reflexionando sobre esta temática a lo largo y ancho del país, la alegría del Evangelio necesita ser anunciada por la Iglesia siempre.

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