• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Pastora Mira
La valentía con la que Pastora relató su drama reflejaba paz. Quienes la oímos no podíamos menos que derramar nuestras lágrimas solidarias con ella y con las más de 8 millones de víctimas de este país en sus más de 50 años de guerra

(Luis Guillermo Sarasa sj).- Pastora Mira García, una sencilla mujer de San Carlos (Antioquia), dio un conmovedor testimonio de su trágica historia de vida en Villavicencio, lugar que el Papa escogió para el día de la Gran oración por la reconciliación. Guerrilla y paramilitares le quitaron, en diversos momentos de su triste historia, la vida a su padre, a su esposo y a sus dos hijos.

La valentía con la que Pastora relató su drama reflejaba paz. Quienes la oímos no podíamos menos que derramar nuestras lágrimas solidarias con ella y con las más de 8 millones de víctimas de este país en sus más de 50 años de guerra. El Papa se dirigió a ella diciendo:

"Pastora Mira: tú lo has dicho muy bien: quieres poner todo tu dolor, y el de miles de víctimas, a los pies de Jesús Crucificado, para que se una al de Él y así sea transformado en bendición y capacidad de perdón para romper el ciclo de violencia que ha imperado en Colombia".

El Cristo que presidió la ceremonia fue el Cristo negro mutilado de Bojayá, rescatado de la iglesia en la que, buscando refugio, murieron 80 habitantes de dicho municipio del Chocó, por la barbarie de la guerrilla de las FARC. La masacre, ocurrida el 2 de mayo de 2002, provocó el desplazamiento de más de 5000 mil personas. A ese mismo Cristo, Francisco oró:

"Oh Cristo negro de Bojayá, que nos recuerdas tu pasión y muerte; junto con tus brazos y pies te han arrancado a tus hijos que buscaron refugio en ti. Oh Cristo negro de Bojayá, haz que nos comprometamos a restaurar tu cuerpo. Que seamos tus pies para salir al encuentro del hermano necesitado; tus brazos para abrazar al que ha perdido su dignidad; tus manos para bendecir y consolar al que llora en soledad."

Desde el inicio del emotivo encuentro, el Papa estuvo atento a los testimonios de los representantes de víctimas y victimarios. Unos otorgando perdón, otros recibiéndolo. Francisco insistió en la necesidad que tenemos en Colombia de perdón, de reconciliación para sanar las heridas y construir juntos un futuro mejor para las nuevas generaciones. Del Cristo de Bojayá, también contempló lo que quedó:

"Ver a Cristo así, mutilado y herido, nos interpela. Ya no tiene brazos y su cuerpo ya no está, pero conserva su rostro y con él nos mira y nos ama. Cristo roto y amputado, para nosotros es más Cristo aún, porque nos muestra una vez más que él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para enseñarnos también que el odio no tiene la última palabra."


Un tema que resonó en las palabras de Francisco fue el de la verdad. Y no se trató de una exposición filosófica del asunto. De nuevo, el Papa fue al grano:

"La verdad es una compañera inseparable de la justicia y la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas y se transformen en instrumentos de venganza sobre quien es más débil."

El tema de la verdad en Colombia pasa por el relato certero de lo que pasó:

"Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos."

Por último, se nos invitó a no temer a la verdad y también no tener miedo a pedir perdón y a ofrecerlo. Esta es una tarea pendiente en Colombia. Toda la verdad no se conoce. Tendremos que seguirla exigiendo, como base para una verdadera reconciliación, tarea de varias generaciones.

Luis Guillermo Sarasa G., S.J.
Decano Facultad de Teología
Pontificia Universidad Javeriana
Bogotá-Colombia