• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Mario Iceta, en Compostela
En el País Vasco existe en este momento una serenidad y un mirar al futuro con ilusión una vez se ha superado aquella época tan difícil y terrible del terrorismo y de la violencia. Hay un deseo de construir la paz y la reconciliación

(José Manuel Vidal).- Hablamos con Mario Iceta, obispo de Bibao, durante el encuentro nacional de laicos de parroquia que organizó la Acción Católica General este verano en Santiago de Compostela. Preocupado por el tema catalán, el prelado vasco pide unidad con el término más eclesiástico de comunión.

También comenta la importancia de ponerse al día de la Iglesia respecto a las necesidades actuales de la sociedad. De cómo, bebiendo de la encíclica "Evangelii gaudium" de Francisco, "una fuente que no se agota", se nos abre un nuevo camino de pastoral de presentar el Evangelio.

¿A qué ha venido a Santiago?

A acompañar, impulsar y colaborar con la Acción Católica. Pienso que el proyecto que presentan de renovación de las parroquias muy interesante y responde a las necesidades de hoy. Es un buen material. Y también, para ver a personas de tantas diócesis empeñados en esta renovación de la pastoral.

¿Puede cuajar? ¿Esta vez va en serio?

Yo pienso que sí. En primer lugar, ya el Papa desde la “Evangelii gaudium” nos ha hablado de una renovación del leguaje y de un nuevo impulso pastoral del modo de presentar el mensaje evangélico. Y creo que, tanto las personas, a las que se ve ilusionadas, como los materiales son muy realistas.

¿Materiales de formación?

Sí. De formación. Esto que han sacado ahora sobre las parroquias; que es realista, ilusionante y que abre caminos para esta renovación pastoral que necesitamos.

¿Para empistar también en la “primavera de Francisco”, por llamarla de alguna manera?

Está sobre ese camino. Cuando por vez primera llegó el texto de “Evangelii gaudium”, pensé que verdaderamente se trataba de una renovación profunda de abordar la pastoral. Que se ha tomado en serio.

Es verdad que este tipo de renovaciones llevan su tiempo. Creo estos proyectos que están poniendo fundamento, ideas y, por tanto, creo que va a dar mucho fruto.

Para que cuaje, es inevitable que los obispos colaboren y que las parroquias y los curas lo tomen como algo esencial en cada una de las parroquias.

Se va haciendo camino. Como bien sabes, yo desarrollo mi ministerio en Córdoba. En aquél momento, la Acción Católica había muy poquita, pero Asenjo la impulsó. En Bilbao ha habido una gran tradición de Acción Católica. Tiene movimientos especializados. Asisto a las asambleas y, cuando me reúno con los responsables, veo que hay gente nueva, joven, con ganas de trabajar y de dar testimonio del Evangelio. De implicarse. Y también veo por parte de los sacerdotes una ilusión de recibir un modo nuevo de llevar adelante la pastoral y renovarla.

Y, sin embargo, aquí hay una especie de clamor contra el clericalismo de los curas.

Sí. A mí me ayuda mucho volver a “Evangelii gaudium”, me parece una fuente que no se agota. Luego, ha habido más documentos; “Laudato si” y “Amoris Laetitia” en el que estoy metido ahora.

Pero, pienso que Evangelii Gaudium fue un gran aldabonazo, como dice el Papa de una “Iglesia en salida”, y de una renovación profunda de personas, estructuras y del modo de abordar la pastoral. Como digo, creo que estas cosas cuajan. Pero los procesos siempre llevan su tiempo y su maduración.

Sí veo que está empistado, y que hay una respuesta y una apertura positiva para trabajar en esta línea.

¿La corresponsabilidad, al final va a ser real?

A mí, me parece que esto nace del propio bautismo. Quizá hemos tenido esa mentalidad de servicios, una visión muy individualista de la fe.

Previamente, la Acción Católica como laicado asociado, nos dice que la misión es una tarea coral: cada uno siendo consciente de la nitidez de su propia vocación. Y justamente, el clericalismo es confundir las cosas; clericalizar al laico o descontextualizar el presbítero. Pienso que, en cada uno con su propia identidad, el evangelio es una tarea absolutamente coral desde el propio bautismo.

A mí me gusta mucho la opción que da el Papa, clave en “Aparecida”, que es un documento muy importante donde los obispos de aquel continente decían que somos discípulos y misioneros. Que no va una cosa antes que la otra, sino que se da de manera simultánea.

La identidad cristianan es ser discípulo misionero: despertar esta conciencia de que el discipulado conlleva de modo intrínseco la propia misión, es importante.

La aportación de Bilbao es significativa: viene usted a una mesa redonda, Andoin está en otra...

Sí, en Bilbao el tema del laicado es algo que se vine trabajando desde hace mucho tiempo. Cuando llegué a la diócesis, hace ya nueve años, he visto que ya había un movimiento grande de promoción y de formación del laicado. Y luego, también una Acción Católica vigorosa, tanto la general como la de movimientos especializados. Es una fecundidad que da su fruto y no es ajena a la Acción Católica, sino que tiene una profunda raíz y un vigor importante.

¿Le puedo hacer una pregunta un poco más comprometida?

Por supuesto.

Estamos en Santiago, patrón de España, y en Cataluña pasa lo que pasa. ¿Cómo ve el problema catalán?

Eso hay que dejárselo a los obispos catalanes.

Pero, usted tiene el mismo problema, aunque de otra manera, a lo mejor.

Yo pienso que el don grande, siempre, es el don de la comunión. Y la Iglesia es comunión siempre. Una Iglesia que derriba fronteras y que nos hace hermanos y corresponsables de un futuro mejor, de los hijos para los nietos. Es la clave de la comunión: buscar siempre el bien de los demás. Es muy importante.

De hecho, el pronunciamiento del Papa sobre este tema parece que va en esa línea: que no es bueno desgajar algo que ha estado unido tanto tiempo...

Hace ya tiempo, el Papa decía que estas cuestiones siempre hay que verlas con gran responsabilidad y con gran prudencia. Y como digo, la Iglesia es ministerio de comunión y este ministerio es lo que tenemos que llevar a nuestra sociedad y a todos los estamentos que trabajan en cualquier ámbito.

¿Le duele lo que está pasando?

Se ve con preocupación, porque la catalana es una situación delicada. Por tanto, pido y rezo por aquellas diócesis y por sus pastores. Para que el Señor les infunda ese espíritu de sabiduría y los responsables de todos los ámbitos encuentren las mejores soluciones para llegar a una comunión.

En el País Vasco parece que, por el momento, se va viviendo un poco más en esa clave de comunión.

En el País Vasco existe en este momento una serenidad y un mirar al futuro con ilusión una vez se ha superado aquella época tan difícil y terrible del terrorismo y de la violencia. Hay un deseo de construir la paz y la reconciliación. De construir solidaridad y futuro con esperanza. En ese aspecto, pienso que el camino ético que se ha desarrollado en el País Vasco es uno de esos frutos de querer una serenidad en la sociedad y un mirar juntos el futuro, construyendo esa paz y esa sociedad reconciliada.

La Iglesia se ha implicado a fondo en ese camino.

Hay tantísimos agentes que se han implicado. La Iglesia como institución y también muchísimas personas que son cristianas y que están metidas en los ámbitos más dispares; ámbitos sociales, políticos, en muchas organizaciones empeñados en que la reconciliación y la concordia sea una realidad entre nosotros.

¿Ha leído “Patria”, de Aramburu?

La tengo en el Ipad, en lista de espera.

Entonces, todavía no puede opinar. Está siendo como un fenómeno, ¿no?

Me han dicho que lleva ya 13 ediciones. Dos vicarios míos la leyeron. Yo, tenía una serie de textos que trabajar y ahora espero que en el verano, cuando acabe este congreso, pueda tener un poco de tranquilidad y leerla.

¿Se va de vacaciones al sur o se queda en el norte?

Voy a ir unos días al sur.

Al calorcillo.

A sudar la gota gorda. Pero, como bien sabe, fui catorce años sacerdote en Córdoba y lo bonito es que los amigos siguen presentes en el corazón y en la memoria. Los pocos días que tenga de descanso los dedicaré a los amigos y a reposar y desconectar.

Por cierto, ¿le molesta que, recurrentemente, la catedral-mezquita esté en el candelero?

Sí. Yo fui canónigo de esta catedral y desde Fernando III el santo, el culto católico ha sido allí ininterrumpido, y el cuidado del edificio que ha llevado adelante la Iglesia, exquisito. Pienso que esa síntesis de diversas arquitecturas, es lo que hace grande el edificio. Y, por otro lado, que la mayoría de los cordobeses lo ve normal como su catedral, donde han entregado su fe durante tantos siglos.

Muchísimas gracias, don Mario.

Encantado.

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