• Director: José Manuel Vidal
Opinión
Mandianes
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Cuantas más referencias antiguas se destruyan, más fácilmente las masas adherirán las nuevas. Lo que importa de la historia no son los hechos sino la memoria que de ellos guarda el pueblo

(Manuel Mandianes).- En todo conflicto social suele haber unas multitudes, que por falta de capacidad mental o porque no quieren, no ponen jamás en duda sus certezas, fundadas exclusivamente en creencias, y siguen ciegamente a sus líderes quienes, en vez de hacerlas reflexionar, las azuzan para que entren en pelea; detestan a quienes intentan darles elementos para la reflexión y no perdonan a nadie que no se ponga de su parte.

Son como un tsunami, como un huracán, como un tifón, como el monstruo del Apocalipsis que devora el niño, símbolo de vida y de limpieza, situación puesta en escena al final de ¡Madre! (EEUU 2017) de Aronofsky. Ortega dice en La rebelión de las masas que las masas, al mismo tiempo que piden pan, ponen fuego a los hornos.

Lo que hicieron las fuerzas del orden el día del referéndum para los independentistas es un horror por tratar de impedir el ideal que ellos persiguen; para los que defienden la unidad de España está bien hecho porque va contra un ideal contrario al suyo y que consideran contrario a la Constitución y, por lo tanto, una traición. Una interpretación tan diferente se debe a que los independentistas pretenden alcanzar un ideal, la independencia; el ideal de los antiindependentistas es la unidad de España tal como es hoy.

"Hay que entender que cuando el caos amenaza, el Estado tiene la obligación de imponer la ley", me dice un político de izquierdas. Quien piensa diferente, y aún de manera opuesta a la mía, debe de tener tantas y tan fuertes razones como las mías para pensar lo que piensa.

Los catalanes saben que de momento no pueden ganar por fuerza y por eso tratan de hacerlo por la imagen, la palabra y la astucia (Mas, dixit). Desde hace tiempo vienen creando y reforzando referencias, instituciones y lengua, que hagan inútiles, innecesarias las que recuerden a España. Cuantas más referencias antiguas se destruyan, más fácilmente las masas adherirán las nuevas. Lo que importa de la historia no son los hechos sino la memoria que de ellos guarda el pueblo.

Las masas persiguen una idea como Marlow de El corazón de las tinieblas. La Generalitat confía más en la flaqueza del Estado que en sus propias fuerzas. El Gobierno de España, desoyendo a Maquiavelo: "No se debe permitir jamás que continúe un problema para evitar una guerra porque no se la evita sino que se la retrasa con desventaja propia", está esperando que los líderes catalanes se desmoronen y caigan sobre sus propias ruinas. El Gobierno también sabe que es fácil convencer a una multitud pero es difícil mantenerla convencida.

"Los hombres olvidan primero la muerte de su padre que la perdida de su patrimonio", escribió Maquiavelo. La Generalitat se lanzó a conquistar la independencia sin saber que los hombres, si pueden tomar otro, se apartan del camino en cuanto ven las dificultades reales que tiene el que están siguiendo. La fuga de empresas, con la que la Generalitat, por falta de previsión o porque aquellas la engañaron, no contaba, le ha hecho ver el peligro en su justa dimensión.

Los hombres de la Generalitat tomaron sus deseos por posibilidades; olvidaron que lo mejor casi siempre es enemigo de lo bueno, que es preferible pájaro en mano que ciento volando. "Es tarde para arrepentirse y muy pronto para llegar al final. No sabemos cómo seguir y tampoco cómo volvernos atrás", me dijo. Ahora mismo, están dando largas a la decisión, a la espera de que el Estado les hunda del todo para poder decir: "Hemos hecho lo que hemos podido" y les perdonen la vida. Sus planes, sus sueños y, lo peor, su carrera, se les han ido de las manos.

He escuchado críticas de la izquierda y de la derecha, de independentistas y de unionistas, poniendo a caldo a los curas catalanes que han firmado la carta...

Están más cerca del Abad de Montserrat, símbolo del nacionalismo catalán, que del Papa Francisco. Desde su puesto de autoridad espiritual, tratan de imponer una ideología. La gente no necesita que el cura le venga a decir a quién tiene que votar o por qué tiene que abstenerse. Puesto que están pidiendo el voto para aquellos que piden que las catedrales se conviertan en gimnasios, o algo parecido, nosotros hemos borrado la cruz de la Declaración que indicada que dábamos para la Iglesia. TV3 dice, citando a la policía, que a la manifestación del domingo asistieron 350.000 personas, y que la Falange y la extrema derecha anduvieron por medio de la organización.

Sus dirigentes deben de ser devotos de Mao quien decía que "el enemigo es un tigre de papel". En el fondo, la policía y TV3 "o están ciegos, es posible, o quieren engañar a los suyos" para que sigan entusiasmados pensando que el otro es un don nadie, un Juan sin tierra, un pelanas. Eso puede funcionar cuando el enemigo está en la trinchera de enfrente, pero en este el de enfrente es el otro que piensa diferente y está en casa.

La masa, sin fe ni convicciones sino creencias, es fácil de seducir; sigue antes la naturaleza que la ley, antes la necesidad que los ideales o la virtud; simula lo que no es y disimula lo que es; se desinfla cuando ve que aquel hombre que se había presentado como Mesías, que le había prometido llevarlos al paraíso, ahora no sabe qué hacer.

La masa no sigue al líder sino las ilusiones que éste le crea de mejorar. Ahora, ese ejército desarmado que llena las calles quiere hechos y tal vez condenas y celdas llenas. El líder cree que la tribu le adora cuando le sigue y olvida que él es el rehén de la masa, esa tenebrosa realidad. Los independentistas como sólo ven, sólo escuchan y sólo leen medios radicalizados se creen que son los únicos. La manifestación del domingo ha metido miedo a la Generalitat y sus líderes porque siempre confiaron más en la debilidad de los otros que en sus propias fuerzas. La manifestación les ha puesto de bruces delante de una realidad que ya conocían pero habían logrado mantener amordazada. Los otros parecían pocos porque estaban callados pero son millones y se hacen oír.

"Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuéramos de cera", escribió Pascual Duarte. La objetividad es una actitud artificial, dirigida contra la actitud espontánea que sólo pueden adaptar los seres no humanos.